La voz del bosque

https://agendacultural.castillalamanc… Los incendios que han afectado a la Sierra Norte han dejado mucho más que un paisaje transformado. Han afectado a personas, familias y comunidades, dejando recuerdos, pérdidas, preocupación e incertidumbre. Pero también han puesto de manifiesto la solidaridad y el compromiso de muchas personas que estuvieron y siguen estando al lado de quienes lo necesitan. Ante esta realidad, desde la Biblioteca queremos ofrecer un espacio de encuentro y expresión colectiva. Porque una biblioteca es también un lugar para escuchar, compartir y conservar la memoria de una comunidad. Así nace DAR VOZ AL BOSQUE, un acto en el que queremos que sean las propias personas y colectivos vinculados a la Sierra Norte quienes expresen, a través de la palabra, lo que el fuego ha significado para ellos. Un espacio de encuentro y expresión colectiva para compartir recuerdos, poemas y la memoria de las comunidades afectadas por los incendios forestales en la Sierra Norte de Guadalajara. Se celebró el viernes 23 de octubre de 2026, de 18:30 a 20:30 h. En el patio central de la Biblioteca Pública del Estado en Guadalajara (Palacio de Dávalos). Dirigido a público adulto y de entrada gratuita. Si necesitas información sobre otras actividades culturales o próximas exposiciones en el Palacio de Dávalos de Guadalajara, www.bibliotecaspublicas.es
MI RELATO, MI APORTACIÓN:

Nací en Alcorlo, a los 14 años dejamos aquel lugar, la presa ya estaba construyéndose, pocos años después llegaría el desalojo.
A pesar de que ya pasó medio siglo desde entonces, y aunque no tengo por allí en propiedad ni un terrón, contemplo aquellos parajes como propios, como si fuera mi territorio privado de caza y de fotografía.
Llevo catorce años de presidente de la Asociación Hijos y Amigos de Alcorlo y ya casi treinta recopilando información de Alcorlo, mi pueblo, compartiéndola en los últimos años tanto en la página web oficial de Alcorlo como en la mía propia, alcorlopantano.com
Aunque de propiedad no tengo en aquellos parajes, hoy convertidos en ceniza, ni un solo metro cuadrado donde pudieran depositar mis cenizas, siento esta desgracia del incendio como cualquiera de los habitantes que aún quedan en aquellos pueblos.

Apoyado en mis sentimientos a la tierra que me vio nacer y en mi afición al vídeo y la fotografía (tanto de eventos diurnos como de astronomía) suelo permanecer muchos días y muchas noches en aquellos parajes, hoy teñidos de luto.

Sobre todo en los últimos quince años, vi por allí muchos primeros rayos de sol y muchas veces brotar la escarcha sobre mis mochilas, mientras se cocinaba una fotografía a la Vía Láctea o a la galaxia de Andrómeda o a cualquier paraje con la iluminación de los pueblos serranos al fondo, empañando el objetivo de la cámara e impidiendo con ello continuar con la sesión fotográfica.

Desde que pude caminar junto a mi padre le acompañé en innumerables jornadas de caza por aquellos montes de Alcorlo, los mismos que hoy se tiñen de negro y muerte. Conocía el nombre de cada paraje, de cada colina y de cada barranco, La Casa del Val, Las casillas de Las Rozas, las dehesas de la Bartola, Las Tiesas y otras mil más, conocía aquellos lugares mejor que las calles del pueblo que hoy habito.

EL INCENDIO: Durante los primeros días del incendio no me encontraba en la provincia de Guadalajara pero en cuanto tuve ocasión de hacerlo allí que me presenté.

Lo hice tres días después de que se originara, aquella noche en la que Argentina y España se jugaban la copa del mundo de fútbol. Sobre las dos y media de la madrugada partía rumbo al incendio.

En las proximidades del incendio había varias carreteras cortadas pero eso no fue impedimento para llegar hasta  un paraje de Alcorlo, un lugar bien conocido por mi persona desde el que sabía que bien podría contemplar las llamas. Aunque las suponía a una distancia superior a 10 km no sería problema para mi equipo de fotografía.

Aquella noche sorteé controles de la guardia civil y por más tiempo de una hora transité caminos agrícolas hasta llegar a Alcorlo. La noche estaba muy cerrada porque la luna ese día se marchó con el sol, amén del humo que con una capa espesa cubría todo el valle del Bornova, desde Jadraque al Alto Rey.

Durante las cuatro horas que permanecí allí tratando de ver la extensión del fuego no conseguí ver más que unas pequeñas llamas cercanas al agua del pantano, (enfrente de la Ermita) y otras distantes 15km, por lo que me surgió la siguiente pregunta: ¿cómo puede haber fuego en dos puntos tan distantes? y entre medias ¿qué? ¿Qué ha pasado? ¿Qué hay?

Volví de allí varias horas después del amanecer, convencido de que Alcorlo se había salvado de la quema pues, aunque era de día se veía menos paisaje que por la noche, el ambiente más parecía un día de invierno con espesa niebla que un día del mes de Julio. Me volví sin poder divisar el terreno en el que vi aquellas pequeñas llamas, la esperanza me decía que por allí no había pasado el fuego y de hacerlo lo habría hecho de puntillas.

Mi gozo se cayó en el pozo cuando ese mismo día por la noche Javier Cantero, alcalde de La Toba, me envió unas fotografías y un vídeo en el que se veía TODAS LAS DEHESAS de Alcorlo, de Zarzuela y de Villares echando humo, humo blanco, como si solo una bomba lo hubiera arrasado todo a la vez.

Miré y remiré cien veces las fotos y vídeos en el móvil porque no me lo podía creer, hasta llegué a pensar que aquello podía ser fruto de IA, pero proviniendo de Javier tenía que ser real.

Por si aquello no era suficiente al día siguiente me enteré de que no solo gran cantidad de las dehesas de Alcorlo habían sido pasto de las llamas, sino también de la repoblación forestal que se hizo ocho años antes entre Veguillas y el pantano, en la que ya había pinos de más de dos metros de altura. Todo quedó hecho trizas.

En aquellos montes, tantas veces pateados desde niño, persiguiendo a las perdices junto a mi padre, ahora no quedaban ni lagartijas.

Contrariamente a lo que pueda pensarse no soy cazador, sino más bien todo lo contrario.

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