EL FOTÓGRAFO DE LA BODA DE MIS PADRES, 1960. 26 de febrero de 2026, jueves 23:52. El fotógrafo de la boda de mis padres
Acabo de descubrir quién fue el autor de las fotografías tomadas en la boda de mis padres.
Después de varios meses, incluso me atrevería a decir que “años”, preguntando a los paisanos de Alcorlo relacionados con aquel evento, primeramente con la familia y luego extendiendo el radio, nunca llegué a tener el más mínimo indicio de quien pudo haber realizado esas fotografías. Son un caso inédito y extraño en Alcorlo.
Con el tiempo he llegado a cerrar el círculo, si no completamente sí en cierta manera. Me temía que podía ser algún familiar cercano, pues quién si no estaba invitado a la boda iba a estar presente en aquella celebración del matrimonio, celebrado el 31 de Agosto de 1960, miércoles.
Al no encontrar noticia alguna sobre familiar que pudiera haber sido el autor pensé que quizás mi padre hubiera contratado un posible fotógrafo de Jadraque, ya que en esa localidad (que era de cierta importancia y volumen de habitantes por aquellas fechas) tuviera un estudio de fotografía y ¿por qué no? un fotógrafo que también hiciera trabajos en el exterior del estudio. Es conocido en la comarca que en Jadraque hubo un estudio fotográfico por aquellos años y posteriores.
Esta idea, bastante descabellada por cierto, porque mis padres eran por aquellas fechas “más pobres que las ratas”, ya que no tenían ni oficio ni beneficio más que la subsistencia diaria, estaban ¡cómo para pensar en gastar el dinero en tonterías fotográficas!
Tan pobres (de dinero) eran que los anillos de boda, las arras de la boda, las fabricó un paisano de Alcorlo que no era herrero ni joyero, sencillamente era un gran “manitas”, con un par de monedas, el yunque, un punzón y el martillo consiguió fabricar dos anillos.
El anillo de mi padre, cincuenta años después estaba EXACTAMENTE idéntico al día de la boda pues, supongo quea duras penas lo llevaría el día de la boda y posiblemente no completo, sin embargo el anillo de mi madre, cuando falleció (treinta y cuatro años después), del material original del anillo apenas si le quedaba el treinta por ciento, el resto del material metálico lo fue perdiendo trabajando con el azadón en la vega, con la horca en la era, con la ropa y el jabón en el Rihondo, en el ordeño de las cabras y en mil faenas rutinarias de cada día.
Cuando falleció mi madre su anillo pasó a colgar de mi cuello, primero sujeto por una cadena de oro con los eslabones huecos, luego de que me di cuenta que podía perder aquel talismán por la fragilidad de la cadena_ (cualquier cadena no es más fuerte que el más débil de sus eslabones)_ sustituí la cadena por un buen cordel, de esos que se utilizan para sujetar las gafas en el pecho, como seguridad prefiero un buen cordel que un mal oro.
Para evitar que se siguiera deteriorando por el rozamiento con el cordel le fabriqué una pieza con el torno y con cierta pericia lo introduje en él. Unos años más tarde, quizás quince, decidí unir los dos anillos para que se protegieran del rozamiento, que quieras o no siempre lo hay, y así permanecen los dos anillos colgando de mi cuello unidos hasta el día de hoy
Hace años escribí una historia sobre esos anillos (23 de diciembre de 2013) la titulé “Para siempre”, te animo a que la leas, dice así:
Hace unos días en el trabajo, de repente, sentí como algo “me corría” por el interior de la pierna izquierda hacia el suelo, se paró en el calcetín, supuse que el bolsillo estaba roto y alguna arandela se había colado por él, moví un poco el pie y apareció delante de mí “un anillo dorado y gris” ¡estoy de suerte! es lo primero que pensé…
Este anillo fue parte de las “arras” de la boda de mis padres, concretamente es el anillo que mi madre llevó toda su vida en la mano.
Antiguamente se tenía la costumbre de casarse “para siempre” afortunadamente los tiempos han cambiado, espero que para mejor.
Este anillo es como un talismán o amuleto para mí, para el resto del mundo no vale un céntimo.
Por nada del mundo lo quisiera perder así que en su día, cuando lo heredé, me pasé por la joyería y me gasté una suma importante (para mí) en una cadena de oro, elegí oro porque es un material relativamente duro y no se oxida.
Pasaron no muchos años hasta que un día me pasó lo mismo que conté al principio, me quedé sorprendido ya que la cadena prometía seguridad.
Al examinarla me di cuenta de que no eran eslabones macizos sino huecos ¡cómo nos engañan! y que de tanto roce se habían desgastado tanto que el perder “mi joya” en cualquier momento era solo cuestión de tiempo.
A los eslabones más débiles les hice una reparación de “emergencia” (hasta encontrar una solución) reforzándolos con estaño pero aquello era una gran chapuza y lo que no quería era pasarme otra vez por la caja registradora de la joyería cuando en realidad lo que más me importaba era la seguridad, en el oro ya no confiaba…
Si te fijas bien hay una diferencia importante en el aspecto entre ambos, uno grueso y el otro aunque no se ve demasiado bien es muy fino, hasta el extremo de poderse cortar, sin embargo los dos eran idénticos el día que pasaron por la vicaría.
Su construcción: Si mis abuelos eran pobres mis padres no eran precisamente ricos así que como no había dinero de sobra mi padre le mandó fabricar al “manitas” del pueblo (en todos los pueblos hay al menos uno) un par de anillos para el evento, de tamaño apropiado para cada dedo, claro está.
El material elegido no lo se muy bien pero sí es cierto por habérselo escuchado a mis padres muchas veces que se trataba de una moneda a la que le habían practicado un orificio y luego a base de martillearla la habían “engordado” hasta darle la forma.
El anillo de mi padre (estoy casi totalmente seguro) permaneció en su mano el día de la boda a mucho tirar pero el de mi madre fue totalmente diferente, permaneció en su dedo toda la vida, como dijo el cura, “hasta que la muerte os separe”.
Toda una vida trabajando el campo hizo que el anillo partícula a partícula se fuera perdiendo por aquellos campos de Alcorlo, pero después en la ciudad tampoco llevó descanso.
Como el anillo estaba ya tan débil era lógico pensar que si lo colgaba en una cadena de metal al final acabaría desgastándose y como yo no quería perder ni una partícula más de ese metal yo mismo fabriqué una pieza a modo de anillo para alojarlo y protegerlo, el problema era meter aquel dentro de la pieza nueva, no quería soldaduras, no quería cortes, no quería si no que pareciera todo de una pieza y más o menos lo conseguí…con un trozo de latón y mi torno fabriqué lo que necesitaba y aquí podéis ver el desgaste de la cadena de oro contra el latón durante 18 años en el cuello, el “como se hizo” lo dejo como incógnita, me comí el coco varios días hasta elegir la manera.
Finalmente la cadena dejó de ser cadena hace un par de años y la guardé en el joyero y en su lugar una cuerda fina y negra (de proteger las gafas) pasó a mi cuello a custodiar mi talismán.
Llámame cutre pero a mi edad las apariencias me sobran. Por más que busqué por los tenderetes de feria este verano nada me ofrecía la seguridad de esto así que le puse un eslabón de la cadena de oro a modo de seguridad, porque aunque sea un talismán no quiero perder mi cabeza en un enganchón. Una cadena no es más fuerte que el más débil de sus eslabones ¿lo sabias?
Todo ello ha funcionado perfectamente hasta estos días en que la ya la “cuerda de gafas” estaba tan débil que dejó caer el anillo al suelo, culpa mía porque no será que no llevaba meses avisándomelo pero…. por no perder un ratito…
Mañana hará veinte años que el anillo se separó para siempre de su dedo.
Esta es la foto/historia de hoy, si llegaste hasta aquí mereció la pena escribirlo. Agustín y sus cosas
SOBRE LA BODA… En la foto familiar de la boda de todo el grupo de participantes aparecen personas bien vestidas, alguna mujer con zapato blanco de fino tacón, quiero decir que con trajes caros para la época, la mayoría de los asistentes ya vivían en la ciudad, muchos de ellos no los reconozco, otros solo de referencia de mis padres o a través de familiares.
Mi abuelo Luis, padre de mi madre, al parecer no estuvo en la ceremonia, ya se encontraba demasiado “viejo para trabajar” y tenía dificultad para caminar, de hecho yo le considero el inventor del tacatá, pues para desplazarse de un lugar para otro utilizaba una silla a modo de andador, cuando ya no podía caminar durante más tiempo se sentaba en la silla a recuperar fuerzas.
Luis fue un tipo muy duro, siempre trabajando, de él se contaba que se pasaba el día “canturreando” como los canarios mientras desarrollaba cualquier labor, incluso el día anterior al entierro de su esposa, cuando le estaba fabricando el ataúd con unas tablas, le encontraron con el serrucho en una mano y con la cantinela en los labios… Luis Esteban Alcorlo le llamaban.
Cuando comencé con esta labor de descubrir quién fue el fotógrafo de bodas de ese día no podía imaginar que la gran mayoría de bodas celebradas en Alcorlo, por aquellas fechas, no tuvieron fotógrafo y consiguientemente no tienen recuerdos de aquel día, por lo que la llama de la incógnita se me avivaba aún más ¿por qué mis padres tenían media docena de fotos y los demás no?
En la fotografía de grupo de la cabecera, tomada en la puerta de la Iglesia de Alcorlo, se cuentan poco más de una treintena de paisanos y siete u ocho niños, supongo que habría más invitados porque algunos familiares cercanos no están en esa foto.
Principalmente a lo largo de los dos últimos años he ido anulando uno a uno todo aquel que pudiera haber sido el fotógrafo.
“El Pepe de la Benita” que trabajaba en la Telefónica, me dijeron varios, finalmente lo deseché porque las fotos que tengo de él tienen el tamaño de una cajita de cerillas o poco más y en el caso que estoy relatando las fotos miden 10.5 x 7.5 cm, o sea, el doble aproximadamente.
“El primo Víctor”, me dijeron otros, pero aunque su padre aparece en las fotografías de la boda el primo Víctor tampoco fue el autor. Aunque no tenemos mucha relación directa entre nosotros cada Navidad nos felicitamos las fiestas y cada año le formulo la misma pregunta de si fue él o supiera de quien y… nada, nada nuevo.
Recientemente vi el vídeo de mi boda y descubrí que él colgaba una cámara réflex, por lo que volví a insistir con la preguntita, por aquello de que la memoria a los 92 años ya se vuelve perezosa, pero nada.
He consultado con hijos de matrimonios celebrados allí en aquellos años y todos me dicen lo mismo “yo no tengo fotos del día de la boda de mis padres”, sin embargo yo sí, ¿qué pasa, que yo soy un privilegiado rico? ¡No puede ser!
LA FOTO DEL CAZADOR. Agotados ya todos los recursos posibles pensé en que el fotógrafo anónimo podía ser alguien que no era familiar directo pero que podía tener algún lazo en común con la familia, especialmente con los novios, y me vino a la cabeza esta fotografía de mi madre conmigo, realizada unos tres años después de la boda.
Por si no era suficiente también está esta otra que nos tomaron a mi hermana y a mí por aquellos años. También esta otra fotografía que entiendo tomada con la misma cámara fotográfica. Obsérvese el desenfoque tan exacto en todas ellas y por la distancia focal sugiere que fueron tomadas con la misma cámara.
Esta fotografía de mi hermana y yo la realizó un cazador de aquellos que acudían a Alcorlo en busca de perdices, a los “ojeos”, en los que participaban un grupo de paisanos de Alcorlo (entre ellos mi padre) ahuyentando las perdices mientras los señoritos las esperaban armados con las escopetas. Grupo de ojeadores, posiblemente año 1962.
Además de esa fotografía tenemos estas otras dos que están tomadas en la zona de lo que hoy es la presa.
Todas estas fotografías (excepto la de los ojeadores) tienen aspecto de haberse tomado con la misma cámara, objetivo 50mm aproximadamente y lente de cierta calidad.
Aunque sea vagamente, recuerdo eldía que nos tomaron a mi hermana y a mí aquella fotografía. Ese día la plaza del pueblo se llenó de coches y de gente con escopetas.
De alguna manera un cazador nos identificó como “los hijos del cazador”, o sea, mi padre, nos mostró unos caramelos a la vez que nos preguntaba si mi padre llevaba a casa perdices, porque ellos tenía contratado el coto de Alcorlo para cazarlas, dejando las otras especies como conejo, liebre o paloma para los cazadores del pueblo.
Mi hermana no abrió la boca, pero yo le contesté que no, que mi padre solo traía conejos; a esa edad ya sabía yo lo que era la responsabilidad y si había que mentir pues se mentía, porque mi padre traía a casa cualquier animalito comestible que se dejará pegar un tiro.
Aunque era muy poco probable, _porque en casa nunca escuché hablar de aquel supuesto amigo fotógrafo/cazador de mi padre_, pensé en él como autor de las fotografías, a la vez que también pensé en que hacerse doscientos kilómetros por aquellas carreteras empedradas para asistir a una boda en mitad de semana ya había que ser muy buen amigo para ello. No olvidemos que estamos hablando del año 1960.
A medida de que todo lo que descubría me iba pareciendo más sorprendente más ganas tenia de descubrir al fotógrafo, pero a la vez más lejos me quedaba, pues ya apenas si me quedaba mecha por quemar, ya no me quedaban recursos que investigar y comencé a perder la batalla, se me cayeron los brazos y con ellos la ilusión, en fin, otra historia más sin conseguir averiguar parte de la historia.
Pero mira por dónde y de la manera más absurda apareció el autor.
Aunque la fotografía hace más de 65 años que fue tomada mantiene bastante calidad. La escaneé con suficiente calidad como para ver hasta la textura del papel.
Examinando con atención cada detalle de ella por si pudiera aportar algún dato orientativo, descubrí que allí, en el centro de la imagen, había un joven treintañero que sostenía en la mano “algo”, en ese momento atravesaba mi mujer la puerta del zulo caminando por el pasillo y la llamé para que me diera su opinión.
Tardó “cero coma” en decirme: “en la mano tiene una cámara de fotos” y no, no era eso exactamente, lo que tenía en la mano era “la funda de la cámara de fotos”.
El joven era el padre de mi mujer, la cámara la guarda mi mujer como una reliquia que, minutos después comprobamos con una posibilidad de acierto casi del cien por ciento de que se trataba de la misma funda de cuero que la de la imagen. Después de varios años de investigación todo quedó resuelto en un minuto.
Qué fácil es comprender el pasado a través de unas fotos o un vídeo y qué difícil o imposible resulta conseguir llegar hasta un poco más atrás en el tiempo, en el que la fotografía no existía.

Enlace a las características de esta cámara: https://viejascamaras.blogspot.com/2021/02/fowell-35-cinefilm-y-sus-variantes.html Fowell 35 (Cinefilm) y sus variantes.
Este aspecto muestra aquella cámara hoy…
Este aspecto muestra los anillos hoy, los últimos martillazos pueden apreciarse en el anillo de mi padre. El anillo de mi madre no se ve, es tan fino que está oculto entre el anillo de mi padre y la pieza de latón que fabriqué para alojarlo y de esa manera protegerlo.



