EL SECUESTRO EN EL PARADOR DE JUSTO. Octubre 2025.
Esta historia que voy a relatar apenas si será conocida ni en el lugar donde ocurrieron los hechos (por encontrarse en un lugar alejado de cualquier población) ni en la comarca, y no digamos ya fuera de ella.
En este relato trataré de explicar cómo pudieron desarrollarse los hechos para conseguir secuestrar al director de la única empresa importante que había en la comarca y alrededores. Como un grupo de paisanos fueron capaces de llevar a cabo el secuestro más rápido de la historia, secuestro con final feliz para los secuestradores, pues jamás encontraron los 100.000 reales de plata de aquella época que pidieron por su rescate. Todo se resolvió en muy pocas horas.
EL PARADOR DE JUSTO era una especie de taberna, bar de paso, venta, hostal o cualquier local similar. Ubicado en mitad del monte, en el término de Alcorlo, a medio camino entre Alcorlo e Hiendelaencina, hoy solo quedan algunos muros de poca altura, aunque en su día es muy probable que el edificio tuviera dos plantas en alguna de sus tres o cuatro casas adosadas.
La primera vez que vi aquellas ruinas sería por el 1970, tendría yo unos ocho años de edad, nunca había salido yo del pueblo y aquella imagen de “un bar en mitad del monte” me parecía algo mágico, el nombre de “El Parador de Justo” nunca lo olvidé porque de niño la memoria es casi infinita.
Aquel primer encuentro con aquellos restos de construcción me impactó de cierta manera, imaginaba yo cómo sería la vida en aquel lugar cien años antes, que no tenía ni rio para pescar peces ni grandes fuentes cercanas para beber, está en un llano. Lo que me contaba mi padre de aquella hospedería me parecía todo tan lejano en el tiempo que lo trasladaba yo varios siglos atrás, a lo que decían los libros de historia que estudiábamos en la escuela.
Iba yo ese día con mi padre, la burra blanca y el macho tordo caminando a Hiendelaencina, ambas caballerías con el serón lleno de patatas de secano que habíamos recolectado en la Vega de Arriba en el paraje de “El Campronal”. La caminata duraría al menos un par de horas, el sueño lo fui perdiendo por el camino, ya que madrugamos.
Llegando al parador, el perro “Manolo” puso en marcha una liebre y ambos se perdieron por aquel camino entre las jaras, en dirección a Hiendelaencina; no volvimos a ver más que al perro, un rato después, con una lengua enorme que parecía no caberle dentro de la boca. Es lo que recuerdo de aquel día y poco más, mucha gente reunida en una plaza mucho más grande que la de Alcorlo.

Sobre el año 1844 descubrieron en aquella comarca, concretamente en Hiendelaencina, materiales muy ricos en plata, pocos años después pasaría a la historia como el yacimiento de plata más grande del mundo, por lo que en pocos años el pueblo pasó de tener doscientos habitantes a tener más de 4.000 obreros mineros, aparte las mujeres que vivieran a costa de ellos y de los habitantes que allí ya se encontraban viviendo, o sea, había tal barbaridad de gente viviendo en aquel lugar que Hiendelaencina en poco tiempo se convirtió en la segunda ciudad más poblada de la provincia de Guadalajara.
Llegar a Hiendelaencina desde la capital de la provincia no era tarea fácil, el ferrocarril ya funcionaba en aquella época pero el apeadero más cercano era Jadraque, situado a unos 18 kilómetros de distancia. Esa línea de ferrocarril ya llevaba 13 años funcionando cuando ocurrieron los hechos.
Atienza era por aquellos entonces una población de cierta importancia que gozaba de juez, guardia civil y otros servicios importantes, situado a 19 kilómetros de distancia desde el parador.
En pocos años de comenzarse a explotar aquel territorio ya comenzó a ser rentable, se pobló de gente y con ella llegaron los problemas sociales, robos, peleas, y probablemente algún asesinato, pero principalmente era el robo o posible robo (que fácilmente podía acabar en tragedia) lo que había que vigilar, por ello los caminos se llenaron de guardia civil, a caballo, es de suponer.
Los obreros, la gran parte de ellos vivirían en el propio pueblo y pueblos cercanos como Robledo de Corpes, Alcorlo, Gascueña de Bornoba etc pero con la concurrencia de tanto personal no faltaría gente en el camino que unía Alcorlo con Hiendelaencina, entre otras cosas porque quien se dispusiera a llegar a Hiendelaencina proveniente del ferrocarril de Jadraque pasaría por Alcorlo ya que es el camino más corto, y por ende pasaría por el parador de Justo. Era pues El Parador de Justo un lugar de paso bastante obligado para una gran diversidad de paisanos.
Boletín Oficial del Estado del día 5 de Mayo de 1875.
JUZGADO DE PRIMERA INSTANCIA de Atienza.
- José Severo Olmedilla, Juez de primera instancia de esta villa de Atienza y su partido.
Por la presente exhorto y requiero a las autoridades de todas clases y funcionarios de policía judicial, practiquen las más activas diligencias para la busca y captura de siete hombres, cuyas señas no constan, que en la tarde del 3 del actual, secuestraron en el titulado parador de Justo, término de Alcorlo, al Director de la Fábrica La Constante, obligándole a entregarles 100.000 reales, por lo cual le dejaron en libertad entre doce y una de la noche, después de haberle tendido boca abajo a él y a su criado; y habidos que sean los manden detenidos a esta cárcel a mi disposición, con el dinero que se les halle y se sospeche procede del robo, así como a las personas en cuyo poder este se halle, conduciéndolas incomunicadas; así lo tengo acordado en providencia de este día.
Dado en Atienza a 5 de Mayo de 1875. José Severo Olmedilla. Por mandado de su Señoría.- Mariano del olmo.
Tengo que admitir que, cuando escuché esta noticia, hará ya al menos cinco años, me produjo mucha curiosidad, ¡un secuestro en un lugar donde no había dinero!, bueno haber sí había, pero estaba en manos de poquísimos.
Cierto es que ese lugar (Hiendelaencina) en aquel tiempo sería el punto “más caliente” de muchos kilómetros a la redonda. Para alimentar a tanto personal y para pagar los míseros sueldos, en algún momento dado y de alguna manera tendrían que llegar allí los dineros, y no iban a ser precisamente en billetes grandes, lo primero porque no existirían los billetes y lo segundo porque no eran prácticos, con andar con calderillas sería suficiente.
A continuación fotografías del lugar en el 2005.
PLANIFICACIÓN DEL SECUESTRO. Después de cavilar mucho rato en muchos días, he llegado a una posibilidad de cómo pudo llevarse a cabo el secuestro.
Hiendelaencina está en un lugar de acceso bastante limitado, cierto es que siempre hubo esa carretera principal que une la capital con Atienza, pero fuera de eso el resto es bastante complicado el llegar allí. El Bornova, que baja totalmente encajonado en aquel lugar, hace de muro de contención hacia el Oeste, por el Norte la montaña del Alto Rey es otro obstáculo a tener en cuenta, amén de la dificultad de la orografía que hay al otro costado, además de la ausencia de pueblos importantes y comunicación entre ellos que hay por esa parte Norte, por ahí todo es sierra. La parte Sur y Este miran a la Campiña dejando la Sierra atrás con sus montañas, pinares y barrancos.
Creo que está claro que los autores del hecho no serían de la comarca, ya que en el Parador de Justo se podían haber topado con personal que los hubiera reconocido llevando al traste toda la operación.
La mejor vía de escapatoria en cuestión de velocidad yo solo veo una, que es toda la cuenca del Bornova abajo hasta llegar a Jadraque; sí, hay unos 18 kilómetros desde El Parador, pero eso se puede salvar perfectamente en una jornada de cinco horas ya que no hay grandes desniveles y existía buen camino, aún en la noche.
Teniendo en cuenta que dejaron libre al Director sobre la media noche, bien pudieron estar en Jadraque antes del amanecer del día siguiente, eso sí, parando a descansar unos buenos ratos y pegándose traspiés durante gran parte del camino, en el supuesto de que la luz de la luna llena les acompañara no habrían tenido el más mínimo tropiezo cundiéndoles el paso.
A poca listeza que tenga uno sabe que aquella marabunta de obreros llegaría algún día al mes que cobrarían algo de dinero ¡digo yo! Por lo que me inclino que, igual que en muchas de las películas del Oeste Americano, los robos eran de los sueldos de los obreros que construían el ferrocarril, aquí pudo perfectamente suceder lo mismo.
Haciendo un poco de investigación centrarían el golpe en un momento dado en el que el dinero estaba pero aún sin repartir, esa era la clave, si no ¿Por qué tenían allí tanto dinero guardado y no estaba seguro en buen puerto como es un banco? Al parecer siempre hubo bancos.
Como dije antes, los autores no podían ser de la comarca siquiera, esos debían de proceder de la ciudad, Guadalajara o incluso Madrid capital (por poner un ejemplo).
Con los cronómetros puestos a cero saldrían de Jadraque ese mismo día por la mañana, posiblemente mezclados con otros transeúntes que se irían distribuyendo por los diferentes pueblos que se iban encontrando, Medranda, Membrillera, San Andrés del Congosto, Alcorlo, Hiendelaencina, etc. Al fondo vemos el pantano de Alcorlo desde el Parador de Justo.
De vestimenta seguro que no iban bien vestidos y de hacerlo tan solo lo haría alguno, tratando de pasar por Ingeniero, tratante o gente de negocios que iría a la fábrica de la Constante por algún negocio, (eso le facilitaría el poder acercarse hasta el Director para informarle de su proyecto cuando estaba en el parador), aunque es fácil que nadie preguntara nada porque para nada le serviría dicha información, solo como curiosidad y para pasar el rato.
Una vez llegaron al Parador y se aseguraran de que allí estaba el Director, entiendo que aprovecharían para llenar bien las barrigas en vista de que les quedaba una buena trocha por delante esa noche.
Cuando acabaran los postres y sin muchas prisas, esperarían a que el hostal se aflojara de gente y se pondrían en contacto con el Director.
Esto pudo ser muy fácil, con colocarse en su mesa, delante de él y por debajo del tablero empujarle los cataplines con el extremo del cañón del trabuco sería suficiente, a la vez otro delincuente le susurraría al oído sus intenciones indicándole que mandara a un mensajero a la fábrica de la Constante con el recado, a partir de ahí solo quedaba esperar a que llegara el dinero.
Si algún parroquiano quedaba por allí en la sala saldría haciendo “fuuuu” como el gato, para evitar ver ni oír nada y luego le mandaran ir a Atienza a declarar cómo fueron los hechos.
Incluso es probable que algún peregrino que quedara aún allí en la sala ni se percatara del asunto que se estaba cociendo allí porque, en el supuesto de que fuese así, de comunicarle el mensaje al Director al oído, (así como el que no quiere la cosa) mientras se suponía que el Director y su nueva amistad (esta bien vestida) estaban conversando amigablemente sobre negocios.
Que había dinero suficiente en La Constante eso lo tenían claro, de no ser así a nadie se le ocurre pedir cosas imposibles, por eso pienso que alguien en el banco hizo de confidente cuando se llevaran la mercancía para repartir entre los obreros.
De no ser el dinero preparado para los obreros y existir siempre allí esa cantidad de material, es posible que el confidente tuviera mucha relación con el lugar donde lo guardaban, que bien podía ser en el poblado de La Constante, ubicada en el cauce del Bornoba seis kilómetros más arriba de Hiendelaencina y diez desde el Parador, distancia a tener en cuenta por el tiempo en recorrerla con el mensaje y el dinero, por lo que más me inclino a que el dinero se encontraría en las oficinas de la explotación de la mina más importante de aquel entonces, “Santa Teresa”, a poco más de dos kilómetros.
He mirado por la web y he visto que en aquellas fechas no había dinero en papel, todo eran monedas.
En el año 1847 (unos años antes) se mandaron acuñar monedas de 20, 10, 4, 2 y 1 reales por lo que entendiendo que allí había monedas de todos estos valores por lo que la cuestión del transporte se hace más sencilla.
SIETE HOMBRES. ¿Por qué fueron siete hombres y no solo uno o dos? He mirado por la web y he encontrado que una moneda de plata de un real pesa 3.35 gramos, si los 100.000 reales hubieran sido todos de 1 real la cantidad exigida hubiera pesado 335 kg que, repartidos entre 7 personas tocaban a 48 kilos y ahora yo me pregunto ¿alguien podría cargar con 48 kg en sus lomos durante 18 kilómetros y llegar a tiempo de coger el tren de Jadraque unas horas después?
La cosa se resuelve bien si las monedas eran variadas, entonces el promedio del peso hubiera sido del orden de 10kg solamente y eso sí es llevadero, aunque sigue siendo pesado tanto trayecto, pero tratándose de dinero las mataduras que les provocaran en los lomos carecerían de importancia y las olvidarían unos días después.
LA HUIDA, como al día siguiente los caminos estarían llenos de guardia civil y paisanos ojo avizor, la idea del plan fue cojonuda, salir del Parador de Justo de noche y tener toda ella para ampararse en la oscuridad.
Saldrían del Parador de Justo inmediatamente tuvieran el dinero, sobre la media noche dice el informe del juez, tendrían toda la noche por delante, a favor, nadie podría verlos en la distancia y cuando amaneciera (en mayo las noches y los días ya casi son iguales de largos) ya habrían pasado de largo Alcorlo y el Congosto, fácil que ya al amanecer estarían llegando a Jadraque a esperar el tren que les llevara de nuevo a su destino. En el peor de los casos se juntarían por el camino con otros paisanos que, igual que ellos, tratarían de llegar a Jadraque o bien a tomar el tren o para hacer negocios ya que Jadraque era un pueblo bastante importante también.
EL DINERO. Nunca se descubrió donde acabó el dinero ni quienes fueron los secuestradores.
Si el botín se hubiera quedado en cualquiera de aquellos pueblos los autores del secuestro habrían tenido un recorrido muy corto porque nadie pasa de la noche a la mañana de pobre a rico, al revés sí. En aquellos lugares que apenas se manejaba dinero contante y sonante ¿quién se hubiera atrevido de la noche a la mañana a desprenderse de reales con cierta alegría? Y de no ser así ¿para qué hubiera servido tener dinero de sobra en casa y no poder darle salida?
LOS PAISANOS. Es de suponer que los autores del secuestro, tal como dije al principio, no podían ser de aquel lugar, aunque hubieran llevado pasamontañas los hubieran conocido por la voz o por la vestimenta. Reunir SIETE personas del mismo o varios pueblos linderos ya hay que ser muy hábil y arriesgado, porque si alguno de ellos se lo ofreces y no se apunta a la aventura antes o después pudiera delatarte.
De cómo fue o pudo ser es lo relatado aquí. Si bien es cierto que el secuestro ocurrió, tal como se narra en el Boletín Oficial del Estado de aquellas fechas y que nunca apareció el dinero ni los autores de los hechos también, no hay noticias de ello en las crónicas de aquellos años.
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