La fotografía emblemática de Alcorlo realizada por Tomás Camarillo

LA FOTOGRAFÍA EMBLEMÁTICA DE ALCORLO REALIZADA POR TOMÁS CAMARILLO.  La fotografía emblemática de Tomás Camarillo PDF

“Levanté la mano y dije: “Yo soy hijo de la niña y nieto de una de esas señoras”… La autora se quedó sorprendidísima, ¡qué casualidad!…

Para muchos de vosotros os resultará familiar esta fotografía tomada en Alcorlo por Tomás Camarillo a un grupo de aldeanas, por allá sobre el 1932,pero seguro estoy que pocos conoceréis la historia que aquí voy a relatar sobre ella.

Es muy probable que no le dedicaría este tiempo si no fuera porque en ella está plasmada la ÚNICA imagen que tenemos en la familia sobre mi abuela María, María Llorente Vacas, a quien no llegué a conocer por no coincidir en el tiempo con ella. Por si eso fuera poco también está la figura de mi madre siendo niña (es la menor de las dos niñas) y la de su hermana.

La abuela María es la que sostiene una lata metálica con el brazo izquierdo. La primera por la izquierda la hemos identificado recientemente como Paula Llorente Vacas, (hermana de María) esposa de Sabas del Amo Vacas, las otras dos aldeanas aún no están identificadas.

Todo comenzó sobre el año 1985 cuando la tía Manuela (la niña que sostiene un atado con amapolas y pañuelo claro en la cabeza) descubrió esta fotografía en un libro que rondaba por Cogolludo, localidad donde residió sus últimos años, una vez fue desalojado Alcorlo por la construcción de la presa que lleva su nombre. El libro creo recordar guardaban en la biblioteca pública de Cogolludo.

Poco tiempo después ese libro cayó en mis manos, del título no puedo dar fe, supongo que hablaría de la serranía de Guadalajara. No sería difícil de localizar ya que  no existen muchos ejemplares de aquellas fechas.

Coincidió por aquel tiempo que mi amigo Luis se acababa de casar y en las Islas Canarias donde pasó sus primeros días de casado parece que regalaban las cámaras fotográficas réflex, por lo que se trajo una de ellas en la mochila.

Con esa cámara fotográfica hice una fotografía a la página donde venía mi familia, era un documento único e importante para mí ya que de mi abuela María no tenía una imagen de ella, no sabía qué aspecto tenía, sin embargo sobre su persona, su forma de ser y sus enfermedades he reunido unas cuantas cuartillas.

También hice otra foto a la calle principal de Alcorlo, fotografía que me resulta impresionantemente bien resuelta, tanto que, pese a mi experiencia en fotografía, tendría yo hoy dificultad en mejorarla.

Aprovecho para destacar que en esa fecha de 1932 Alcorlo ya disfrutaba de la electricidad, especialmente de alumbrado público en la noche, en la imagen se puede apreciar el tendido eléctrico trifásico y la bombilla de 15 watios anclada en la fachada.

Al año siguiente o como mucho dos años después (1988), en una reunión familiar en casa de mis padres, nos comenta mi madre que “se había visto ella en la televisión”, que había salido la foto de ella con su hermana Manuela y su madre.

Se trataba de una serie televisiva de dos o tres capítulos, así que a la semana siguiente a esa misma hora ya estábamos todos allí esperando a que mi madre apareciera en la televisión de nuevo.

Y así fue, la película o documental comenzaba con una proyección de fotografías realizadas en aquellos años mientras iban apareciendo en pantalla los créditos, pero todo quedó allí, en la mera casualidad de que mi madre, después de cuarenta y seis años de que se tomara aquella fotografía apareciera en la tv ¡Quién se lo iba a decir a ella, que se marchó del pueblo sin apenas haber visto una televisión!

Dos años después (1990) nació mi primer hijo y con ello vi la necesidad, igual que habían hecho mis antepasados de alguna manera, de comprarme una cámara para inmortalizar los momentos, la cámara era y es una Yashica, réflex, con un objetivo 50mm que, por lo visto para comenzar era lo básico.

Cuatro años después (1994) falleció mi madre repentinamente y en ese momento comencé a darle una importancia vital a los recuerdos, importancia que hasta entonces no veía, ¡qué mejor que tener una fotografía para recordar a las personas!

Lo primero que eché en falta es que en los CATORCE meses que mi hija y mi madre coincidieron en el tiempo ni yo ni nadie (que yo sepa) les hicimos una fotografía a las dos juntas.

Eso me generó una rabia tal que poquísimos meses después (creo que con la paga extra de Junio) me traje a casa una cámara de vídeo, porque ya no me servía tener una FOTOGRAFÍA, ahora quería que además de la imagen quería tener el sonido, y también ¿por qué no? cualquier movimiento individual de cada persona, además de ver su cara, su cuerpo, quería ver cómo eran de verdad. Con ello quería dar fe en el futuro de cómo eran o como éramos.

Siempre he dicho que una fotografía de retrato es importante, porque muestra la persona tal como es, pero en el vídeo tambien podemos saber si era coja (por ejemplo) o tenía la voz aflautada ¡donde va a parar una cosa con la otra!

El año 2000 lo estrené con una cámara fotográfica digital, de lo mejorcito que se había fabricado hasta el momento para uso doméstico, una Fuji 2900 zoom, de 2.3 Mpix. Aquello cambió radicalmente mi mundo de la imagen, las posibilidades de hacer una fotografía y ver el resultado al instante eso era el sueño dorado de una noche de verano para cualquier fotógrafo, especialmente para un novato como yo.

En Septiembre de 2002 (eso dicen los datos EXIF de las fotos) pasé por la CFIHGU de Guadalajara, o sea, el archivo fotográfico histórico, allí me habían dicho que tenían las fotografías de muchísimos pueblos de Guadalajara y las de Alcorlo seguro que allí estarían.

La persona que me atendió no pudo ser más amable. En poco tiempo puso delante de mí las fotografías que yo andaba buscando y ¡claro! Me las quería llevar de alguna manera conmigo.

Aprovechando que tenía allí mi cámara digital le pedí al funcionario que me dejara subir arriba con ellas, al patio, allí que había más luz, para hacerles una fotografía con mi cámara a aquellas pequeñas postales.

En diez minutos había terminado la obra y como si aquellas fotografías me quemaran en las manos bajé rápidamente con ellas para entregárselas a quien me las prestara unos minutos antes, como si nada hubiera pasado. Ahí se ve el banco de madera donde las deposité para fotografiarlas.

Contentísimo estaba yo con mis fotografías conseguidas que se veían de mil maravillas en aquellos monitores de 800x 600 píxeles. En ellas descubrí que mi abuela llevaba pendientes y anillo, aunque hoy, con monitores CINCO veces más resolutivos no sea capaz de asegurar lo del anillo.

En el 2005 el mundo digital ya había dado un vuelco tremendo, y se me ocurrió que quizás pudiera conseguir un archivo digital de la fotografía de mi familia y del resto que tomaron allí en la misma fecha.

Allí me presenté yo con un pendrive, en la CFIHGU por si había suerte, y sí, me las traje en formato digital pero mi gozo cayó en el pozo más profundo cuando comprobé que la calidad era pésima, una resolución justita para imprimir a tamaño 10 X 15, el archivo ocupaba poco más de 200 kb por foto. Cualquier foto de cualquier móvil de hoy ocupa 3000 kb, o sea, quince veces más. Imagen de la abuela María Llorente Vacas reparada por IA.

Al ver aquellos archivos me pareció interpretar que la digitalización más cutre no podía haberse hecho, las fotografías en vez de mostrar un poco de borde estaban sin borde, me temo que al escanear recortaron hasta dejar el borde fuera del escaneado, de tal manera que me temo que en esta fotografía en concreto, los pies aparecen más cortados de lo que supongo la original tenía. Quiero pensar que ese trabajo tan rutinario lo realizó un “becario” y su responsable lo dio por bueno.

Cuando escaneo un documento o una fotografía siempre dejo un poco de borde porque “para quitar siempre hay tiempo”.

Ya sería sobre el 2012 (siete años después de mi segunda visita a la CFIHGU) cuando volví a insistir de nuevo (tras una visita guiada por parte de “instagramersguadalajaraesp” al CFIHGU), para comprobar si podía obtener mejores resultados que la última vez, iluso de mí pensé: ¡Quizás han actualizado ese material con tecnología más reciente!

Esta vez salí de allí con unas copias en papel folio estándar, del tamaño tan justo que no llegaban a alcanzar la calidad que mi Fuji consiguió el primer día, como viene siendo habitual pagué la cantidad estipulada por las imágenes y ya nunca más volví por allí.

Ese tipo de imágenes están tan bien protegidas y cuidadas que no abandonan su depósito (con humedad y temperatura controlada) si no es por fuerza mayor, ¡como así debe ser! Lo curioso del caso es que cuando en aquella oficina comenté que estaban muy pobres de calidad la persona que me atendió se sintió sorprendida y me contestó: “No, no, calidad tienen mucha, precisamente no hace mucho imprimieron una de un pueblo a tamaño más de dos metros, y se veía bien”. Ante la ignorancia que tenía aquella persona sobre impresiones y calidades fotográficas no me molesté en abrir la boca y aclararle lo que son los “círculos de confusión” en una imagen o la resolución de impresión. So pena que hubieran vuelto a escanear dicha fotografía para aquella causa, cosa que dudo pero no descarto.

Un detalle voy a anotar aquí sobre esa última visita a la CFIHGU. Resulta que no conocían la fecha exacta de esas fotografías y cuando le expliqué quien eran las niñas y su fecha de nacimiento, llegamos a la conclusión de que era el 1931 o 32, porque mi madre nació en 1927 y en la fotografía no aparenta tener más de cuatro o cinco años.

La funcionaria que me atendió tomó nota y agregó ese dato sobre la fecha en los archivos, y así consta desde entonces porque el día 7 de febrero, en la presentación de un libro, la autora habló sobre esa misma fotografía y de ese mismo año, entendiendo con ello que se guardó como válida aquella información que aporté dicho día.

San Blas, La Toba, 7 de febrero de 2026. Ese día celebraron la festividad de San Blas en ese pueblo, como ya viene siendo habitual ese día voy por allí y hago un vídeo resumen de los eventos de ese día.

Por la tarde habían organizado la presentación del libro libro “Y la cesta a la cabeza”, Niñas de posguerra en la la Alcarria de Guadalajara.

Por el título ya sabemos de qué va el libro. Fue ya al finalizar el acto cuando la autora nos fue desvelando algunos detalles de la obra cuando salió a la luz la fotografía de Camarillo.

Levanté la mano y dije: “Yo soy hijo de la niña y nieto de una de esas señoras”… La autora se quedó sorprendidísima, ¡qué casualidad! Y ya cuando comenté que esa era la UNICA fotografía que existe de mi abuela… se quedó sin palabras, también aclaré que la fecha que decía haber tomado esa fotografía era por mi visita a la CFIHGU unos años antes, que anteriormente no la conocían, la estimaban.

No cabe duda de que se trata de una fotografía emblemática de lo que era la Sierra de Guadalajara en aquellas fechas.

ALAIN, PILI Y LA FOTOGRAFÍA DE ALCORLO. Hace tres o cuatro años estuve en Almería, en casa de Pili y Alain, una visita de dos o tres días. Mientras tomábamos un aperitivo descubrí esa fotografía en un cuadro que tenían en el comedor. No era una copia grande sino tamaño 15×20 aproximadamente.

Se me ocurre darle la vuelta al cuadro y me encuentro un dibujo que era la silueta de las personas que había en la fotografía. Es como si la fotografía la hubieran puesto contra una luz y hubieran dibujado las figuras a tamaño real. Luego habían escrito los nombres de las personas que conocían y también el lugar y la fecha que había sido tomada.

Hasta ahí todo bien, nada importante, todo dentro de una lógica natural, pero resulta que en esa caligrafía yo veo que es mi letra, sin embargo ni yo recuerdo cuando hice ese dibujo ni Alain saben darme noticias sobre el origen de esa fotografía más allá de que lleva allí más de quince o veinte años.

En todo ese tiempo nadie la ha sacado del cerco porque el plástico que tiene por detrás así lo indica.

Yo no recordaba ni el motivo de entregarles esa fotografía, ni el motivo de hacer las siluetas, ni nada de nada. Por otra parte me dice Alain que en todos estos años que ha estado esa fotografía allí expuesta, entre Pili y él nunca hablaron de ella.

Después de devanarme sobre ello bastante los sesos, especialmente durante el tiempo que he estado escribiendo este relato, he llegado a la conclusión de que en el segundo encuentro que tuvimos en su casa de Almería después de contactar con Pili y Alain, por allá en el 2005, se la regalé, un momento después Pili me regalaba un pequeño cojín del Real Madrid que ella misma había tejido para mí.

El motivo del regalo de esa fotografía es porque habríamos hablado de ella en el primer encuentro y posiblemente alguna de las aldeanas, que en la fotografía aparecen, fuera de alguna manera familiar de Pili, ya que Pili y yo somos parientes un tanto lejanos, así me lo hizo saber en la primera entrevista telefónica que mantuvimos sobre el 2005. La abuela María y algún familiar de Pili serían hermanos. En los archivos de Alcorlo he encontrado el apellido “Vacas” en común.

También cabía la posibilidad de que esa fotografía viniera de un calendario que, sobre el 1990 Ibercaja utilizó para portada de uno de los meses, pero la he descartado porque la del calendario tiene el borde de color violeta, (en casa tengo una copia) cosa que en la de Alain no tiene borde, quiero decir que no procede por esa parte, tampoco se ve en ella la firma de CFIHGU, todo eso me hace pensar que el original de esa fotografía proviene de mi Fuji y de la primera visita a la CFIHGU.

 

OTRAS FOTOS DE ESA SERIE. Probablemente de la misma fecha. Vista panorámica de la parte sur de Alcorlo. La “Vega de Abajo”.

La casa de mis padres aún no se había construido, el huerto con frutales no llegué a conocerlo, el arado clavado en mitad de un “piazo” refleja cómo era el trabajo de la vega. Esa parcela donde está el arado nunca la conocí sembrada, eso era parte del campo. La fotografía está tomada treinta años antes de que yo naciera.

Esta fotografía en formato vertical está tomada desde la puerta de la Iglesia. En el suelo se aprecian las filas de cantos bien alienadas que acababan en el frontal central de la Iglesia. A continuación la Vega y al fondo el Congosto, lugar donde hoy está la presa.

Como dato curioso destacar que en la cuesta de la parte izquierda hay una pendiente brutal, pero también se cultivaba el cereal, hoy totalmente imposible con la maquinaria.

La siguiente fotografía muestra la calle principal del pueblo en un ambiente cotidiano. En ella también se aprecia el tendido eléctrico trifásico, a pocos pueblos de la comarca había llegado ya la electricidad. Alcorlo era privilegiado en eso por la central hidroeléctrica que tenía en las cercanías del pueblo.

Espectacular panorámica del Congosto visto desde el término de San Andrés, el puente romano brilla con todo su esplendor, no como hoy, absorbido por la naturaleza.

También la pequeña presa, fabricada sin argamasa alguna por lo que cada año, en la primavera, era necesario echar una “Hacendera” para repararla, según me contaba recientemente un paisano de San Andrés, la reparación se realizaba con gente de Alcorlo y San Andrés.

Con esa pequeña presa se canalizaba el agua del Bornova para abastecer el molino harinero que había en las cercanías y para regar la cercana vega de San Andrés.

11 de marzo de 2026.

 

 

 

Alcorlo, requiem por un pueblo.

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ALCORLO, REQUIEM POR UN PUEBLO. Mayo de 2016. Actualizada en Septiembre de 2025.

El día 28 de Enero de 1982 Alcorlo fue demolido, las aguas del embalse ya llegaban a las viviendas más bajas y había que proceder sin más demora al desalojo de los pocos habitantes que se resistían a hacerlo. Aquí cuento mis recuerdos de aquellos días y como fue tal desalojo. Click AQUÍ para ver un vídeo que he creado.
Como dice un párrafo de la canción “Alcorlo, pueblo muerto”, interpretada por Rio de Piedras  a ti te tocó morir para que otros sobrevivan”.

Parte 1: UBICACIÓN DE ALCORLO.

Alcorlo es/era un pueblo de Guadalajara situado en la zona donde comienza la sierra o la comarca de la “arquitectura negra” También conocida como “La Sierra Norte”. Está situado en el triángulo entre Jadraque, Atienza y Cogolludo.

En los años 60 o incluso mucho antes alguien se fijó seriamente en la estrechez que tenía el río Bornova un kilómetro más abajo del pueblo, en un paraje llamado “El Congosto”  y decidieron hacer un embalse para regar la “Vega del Henares”. Hoy el agua también se emplea para consumo humano y por lo que se prevé acabará siendo 100 por 100 consumo humano pues cada día somos más a consumir agua y gracias al cambio climático menos el caudal de los ríos.

Parte 2. ASÍ COMENZÓ TODO.

Sobre recuerdos de mi pueblo podría escribir durante varias horas/días pero comenzaré desde que más o menos se confirmó la noticia de que las obras del pantano eran inminentes, hablamos aproximadamente de 1971.
Alcorlo tenía en aquellos momentos unos 300 habitantes, la gran mayoría mayores de 40 años y niños porque la franja entre los 16 y los 40 ya había emigrado a trabajar a la ciudad, en el colegio éramos 26 niños de diferentes edades.

De aquellas fechas recuerdo las reuniones de los vecinos en el Ayuntamiento por la noche, hasta entonces estas eran poco habituales en la rutina del pueblo, alguna en primavera cuando había que hacer alguna obra en común como limpiar la acequia que atravesaba el pueblo y regaba ambas vegas (vega de “arriba” y vega de “abajo”), votar alcaldía nueva o solucionar algún problema en la comunidad, cosa poco habitual porque nunca pasaba nada importante.
Cuando volvían los hombres de la reunión (en aquellos momentos las mujeres pintaban poco) comentaban en corrillos en la calle con otros vecinos y sus familias el porvenir que les habían dibujado, yo con mi corta edad ya detectaba que algo bueno no era. FOTO REUNION**

En un principio parece ser que había dos opciones: dinero o bienes en un lugar bastante remoto por lo que parece ser que según algún entendido lo más interesante era la opción dinero pues según cálculos aproximados cualquier perjudicado por la construcción del pantano podría comprarse un buen piso en el centro de la ciudad de Madrid.

Tres años después de esa primera valoración de los bienes tan favorable para los vecinos, hubo una segunda valoración y debieron de multiplicar por 0.5 o sea que su nuevo valor era la mitad que al principio.Aquello parece ser que puso a la población bastante enfrentada  y sí que recuerdo perfectamente como los vecinos se dividieron en bandos o grupos defendiendo cada uno sus intereses, en definitiva que se creó un ambiente bastante crispado.

Sobre datos que recuerde es que pagaron el metro cuadrado de tierra de secano a 2.5 pesetas y el de regadío a 5 pesetas, por favor, que alguien me corrija si no fue así.

Como anécdota diré que por error de administración algunas fincas pequeñas no las pagaron y nadie las reclamó porque su valor era de 400 pesetas o incluso menos, no merecía la pena emplear esfuerzo y tiempo en reclamar aquel mísero dinero.

Mi familia cobró por una casa con tres alturas y las tierras que tenían aproximadamente 300.000 pesetas y con ello apenas les llegó para comprar una casa vieja, pequeña, de una sola planta situada  en un  barrio de la periferia de Guadalajara.

Parte 3. LA MAQUINARIA YA ESTABA TRABAJANDO.
En 1974 las obras iban avanzando, por las tardes sonaban las sirenas de alarma que procedían al gran estruendo que producían los barrenos, primero veíamos aparecer el humo de la pólvora y restos de piedras volando, la tierra vibraba a nuestros pies y tres segundos después se escuchaba un gran estruendo muy parecido a un trueno cercano, pero a pesar de eso, algo a que nos acostumbramos y tomamos como habitual, la vida seguía exactamente igual que unos años antes, lo estábamos viendo con nuestros propios ojos pero nadie se creía que llegaría un día en que todo lo que conocíamos de aquel lugar lo perderíamos para siempre.

En gran medida me recuerda a nuestros mayores, vemos que ya son mayores, sabemos que pronto se irán pero nos resistimos a creerlo y cambiamos el pensamiento a otra cosa para huir de la realidad que por otra parte sabemos cierta y que no podemos hacer nada para evitarlo, así se veía Alcorlo.

El verano del 75 cuando las cosechas del cereal estaban a punto de recolectarse y sin pedir permiso a nadie, unas máquinas oruga con sus enormes palas atravesaron la vega aplastando las cosechas, dejando una gran pista por donde poco tiempo después transitarían los camiones con materiales para la obra; parece que la cosa iba en serio, fue como un aviso, un recordatorio de que nos teníamos que marchar, que allí ya mandaban ellos.

Recuerdo que en esa pista improvisada que atravesaba el río fabricaron un puente con cinco tubos de  más de 1 metro de diámetro, todos unidos con hormigón, era verano, en esos momentos el río Bornova no bajaba apenas agua, tan solo un palmo de altura por 3 metros de ancho pero cayó una tormenta y bajó tanto agua que el bloque de tubos y hormigón lo arrastró varios metros más abajo, cuidado con el caudal tan bestial que tiene el Bornova cuando caen tormentas en esa zona, en verano puedes cruzarle casi por cualquier lugar sin mojarte los pies pero en invierno se ha dado el caso de bajar un nivel más alto que el puente de “La Fábrica” y destrozarlo. Aquí una foto para calcular el volumen de agua que podía pasar por ese puente por segundo.

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Parte 4. El Éxodo.
El 11 de septiembre de 1976 nuestra vida cambio de manera bastante radical, igual que lo haría el mundo, ese mismo día pero 25 años después, con el atentado terrorista a las Torres Gemelas de Estados Unidos.

Aquel día, sábado, comenzó nuestro éxodo, cargamos en un pequeño camión los cuatro trastos que había en la casa, que no eran otra cosa que media docena de sillas de las que no utilizábamos nunca porque estaban reservadas para las visitas, el médico o personas importantes, una cómoda antigua, algunas herramientas de albañilería, camas y colchones de lana y poquito más y nos mudamos a Guadalajara.

La mudanza la hicimos con un paisano del vecino pueblo de Hiendelaencina, un tal “Miguel” que con su pequeño camión se dedicaba al transporte.
En esa fecha yo estaba a punto de cumplir los 14 años de edad, acababa de terminar los estudios de la EGB y dos días después comenzaba con los de Formación Profesional, por ello no podíamos aguantar viviendo allí ni un día más, sin embargo mi padre continuó allí varios meses más porque de momento tenía trabajo de albañilería relacionado con las obras del pantano.

Aunque no lo recuerdo con detalle, bien seguro estoy que al abandonar aquel lugar, mi persona no volvió la vista atrás para echar un último vistazo ni al pueblo ni a sus campos, en aquel momento yo no tenía la más mínima intención de volver por allí, las ganas que tenía de descubrir el mundo (sobre todo a esa edad) me podían, toda la esperanza estaba puesta en aquella nueva vida que nos esperaba a la vuelta de la esquina y que parecía que poco o nada tenía que ver con la que dejábamos atrás pero ¡qué equivocados estábamos!

Cierto es que lo hicimos con alegría y optimismo pero con la incertidumbre del futuro, pues no era el mejor tiempo para hacer cambios, España en esos momentos estaba bastante revuelta políticamente, la dictadura acabada de terminar y el trabajo hizo mella en gran parte de los españoles, cada día que pasaba no había informativo en la radio que no anunciara el cierre de cientos de empresas.

Todos afrontamos la nueva vida que nos esperaba en la ciudad con la esperanza de que el cambio sería muy beneficioso en todos los aspectos, sobre todo mi madre que en este sentido tenía la mente mucho más iluminada que mi padre, mi padre se resistía a cambiar el tipo de vida que siempre llevó él y sus antepasados, esa vida llana y sencilla pero llena de libertad, la misma que le había precedido generación tras generación y que hasta la fecha había vivido sin grandes contratiempos.

La ciudad “prometía”, ¡claro que prometía! De alguna manera era una alegría ir a vivir en ella con todos sus adelantos que tiene, donde por ejemplo, el agua potable “manaba de un tubo de la pared” y no había que ir a medio kilómetro de distancia a por ella, sin embargo ese agua de la ciudad nos sabía a “rayos”, el sabor a cloro nos hacía imposible poder tomarla; trascurrió más de un año hasta que nos acostumbramos al cloro y su sabor. El agua sabía peor que el veneno pero a nadie de mi familia se le pasó por la cabeza lo de comprar el agua en botellas, eso era un lujo solo para ricos o enfermos, menos mal que en el barrio había una fuente natural, que ha durado hasta hace muy poquitos años, y que desapareció por las obras del polígono de “El Ruiseñor”, esa fuente nos proporcionaba el agua para beber y cocinar, poco cambio, de momento, tuvo nuestra vida en ese aspecto.
Pero el cambio más importante para la familia (exceptuando mi padre) es que ya no tendríamos que ir TODOS a trabajar a la vega, o ayudar a los padres a atender al ganado, ahora solo trabajaría “el padre” fuera de casa, “la madre” en ella y “los chicos” en la escuela, pero muchas otras cosas importantes se perdieron con el cambio, cosas que les daríamos la importancia que se merecen con el paso del tiempo, al menos treinta años después.

Parte 5. NO PIDAS IMPOSIBLES PORQUE A VECES SE CUMPLEN.


Mi padre no tenía automóvil y quizás por eso yo no volví a pisar Alcorlo hasta unos años más tarde (1978) pues fuimos con un tío mío y su hijo, no fuimos en plan de pic nic sino a recoger la fruta de los árboles frutales que todavía estaban sin cortar porque también había una empresa que se encargó de eso, de explotar los chopos de la ribera del río y los frutales de las vegas.
La gran sorpresa es que cuando llegamos a la “Vega de Arriba”, a un paraje conocido como la “Isilla”, donde teníamos una pequeña parcela con un gran manzano de variedad “Reineta”, de esas que son muy gordas, ya no le quedaban ni una, al resto de frutales de la parcela tampoco, mi padre no se lo podía creer, entendía ¡que le habían robado!, no importaba quien, tampoco que ya hubiera cobrado el valor de la expropiación del frutal, se sentía fatal así que comenzó a blasfemar (algo muy habitual en él) pero esta vez más en serio de lo que lo hacía habitualmente y entre sus blasfemias y frases malsonantes recuerdo perfectísimamente una que hablaba de que si pudiera quemar el pueblo lo haría ¡para verlo arder! de sus habitantes no hablaba de si con ellos dentro o con ellos fuera, lo quería ver ardiendo aunque le costara… no recuerdo la cantidad de dinero pero era importante… ¡¡¡le encantaría ver arder el pueblo!!! Decía, yo no entendía nada de aquel cabreo tan monumental.
La casualidad quiso que, misterios del destino, lo vio arder desde el punto más alto, desde el mejor palco,  sin gastarse ni un duro y sin haberlo previsto, ahora contaré como fue.

Parte 6. ALCORLO ARDIENDO.


Ya he comentado alguna vez de mi afición por la caza en aquellos años _ya lo abandoné, gracias a Dios y ahora estoy en contra de ella_ entiendo que puede ser necesaria pero eso es tema para otra ocasión.

La afición de la caza fue heredada de mi padre, él siempre fue cazador, desde muy niño, hace muy poco tiempo he escuchado a un señor de su edad decir que cuando eran muy jóvenes (unos niños) mi padre era el único en el pueblo que era capaz de con un tirachinas en la mano darse una vuelta por el pueblo y en un rato volver con media docena de gorriones en el bolsillo, cierto es que siempre demostró su habilidad en la caza y pesca.

Él me enseñó a cazar y era increíble lo que sabía, era capaz de saber si esa misma noche en aquel lugar había andado una liebre macho o hembra, un conejo, zorro o cualquier otro animalito, con ver las pisadas o los rastros tenía suficiente,  igual que los rastreadores de las películas, creo que ya no quedan personas así, hoy la caza….

es diferente.

Hay gente que piensa que las casualidades no dejan de ser eso, “casualidades”, situaciones que se dan por mera casualidad, coincidencias en el espacio/tiempo pero yo no estoy tan seguro de eso.

 

31 de Enero de 1982, domingo, día de caza, como era habitual mi padre y yo al amanecer ya estábamos en el término municipal de Alcorlo con los aperos de la caza preparados para pegarnos seis o siete horas caminando entre las jaras monte arriba y ladera abajo. Eran mis primeros días de caza con escopeta en las manos y llegué a Alcorlo a patear aquellos montes y barrancos con esa fuerza e ilusión que se tiene en plena juventud, algo que muchos años esperé para ello.Mi padre tenía un documento donde se le permitía cazar en ese lugar por ser vecino de Alcorlo, así que prácticamente en todo el territorio no encontrábamos ningún otro cazador, era como si fuera nuestro coto privado de caza.
Ese día podíamos haber elegido cualquier zona para la caza pero la casualidad quiso que  eligiéramos precisamente ¡esa!: Desde “Cabeza Redonda” hasta las “Dehesas de Mataconejo”, en la linde de Zarzuela.

A primerísima hora ya estábamos con las armas cargadas en la linde de Veguillas, posiblemente no habría salido aún ni el sol.

Nuestro objetivo principal era la caza de la perdiz roja, conejo y liebre, el terreno muy irregular pero a la vez muy divertido de cazar la perdiz pues te permite acercarte lo suficiente como para poder disparar un par de veces por cada hora de camino y mientras tanto te metías la paliza subiendo cerros y bajando barrancos puede que algún conejo o liebre despistada le quitabas la vida de un disparo a larga distancia con perdigón de 5ª porque perro que te prepara el terreno era un lujo tener, quiero decir que no teníamos perro que nos acompañara porque el que teníamos en Alcorlo lo regalamos a un familiar cuando nos vinimos a la ciudad. Aquí el enlace a la historia de aquel animal, El perro MANOLO.

Sobre las once de la mañana comenzamos a ver humo por la zona del pueblo pero creíamos que era algún agricultor quemando la broza de la cosecha pero según nos íbamos acercando nos dábamos cuenta de que era “demasiado humo” para unas brozas.

Al medio día ya estábamos en la parte más alta de lo que es hoy “la otra orilla del pantano” yo lo llamo “al otro lado”,  en el lugar conocido como “El Lituero”, lugar desde donde se han hecho muchas fotografías del pueblo pues es el punto más alto y estaba relativamente cerca. Esta es una de ellas.

Desde allí se veía bien el panorama, había fuego en varios puntos, la mayoría de las casas ya estaban derrumbadas y estaban quemando las vigas de madera, el agua ya estaba llegando a las primeras casas más bajas y las compuertas estaban cerradas,  era invierno y el río llevaba bastante agua, que Alcorlo desapareciera bajo ella era cuestión de unos pocos meses.

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Y allí, en lo alto del Lituero, en el punto más alto y cercano, como si de una butaca de teatro, en lugar preferente se tratara, estaba mi padre, mi padre y yo con él, contemplando como lo hiciera Nerón unos siglos antes como el pueblo de sus padres, el pueblo de sus hijos, incluso su propio pueblo ardía, aquel pueblo que unos años antes él mismo hubiera participado en su quema ahora lo veía arder gratis desde el mejor palco que pudiera existir pero, ¿crees que se alegró? no mostró en ningún momento ni una brizna de alegría, se quedó como alelado, lo estaba viendo arder y no se lo podía creer.

En todo el rato que estuvimos allí (que no fue poco porque la caza ese día dejó de tener interés para él) no recuerdo haberle escuchado ni una blasfemia ni tampoco una sola palabra de alegría sino todo lo contrario, creo que todo el tiempo que estuvimos allí contemplando aquel panorama (entre tragos de vino del botillo) pasarían por su mente 53 años de  recuerdos que hoy bien seguro estoy hubiera pagado la misma suma que prometía unos años antes ¡por verlo arder! para no haber visto nunca aquel espectáculo y en ese momento hubiera preferido que hubiera sido solo la pesadilla de un mal sueño porque estábamos contemplando la sentencia y ejecución definitiva para un pueblo,  Alcorlo… destruido, demolido y quemado. Click AQUÍ a otras fotografías de ese día.

A mí aquel panorama no me afectó en absoluto, yo ya sabía que Alcorlo estaba muerto y como muriera me daba igual, si habían desalojado a la fuerza unos días antes a los pocos vecinos que allí quedaban resistiéndose a marcharse me daba igual, todo aquello no me daba ni frío ni calor, de Alcorlo en aquellas fechas solo me importaba que nos permitieran cazar en sus montes, el resto estaba perdido

img130RCapítulo 7. AL OTRO LADO.

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detalle

Hace unos días he hablado con algunas personas que lo vivieron muy de cerca y “al otro lado desde nos encontrábamos” reinaba la tristeza, la impotencia, los llantos, al ver las máquinas reduciendo todas las viviendas a un montón de escombros, mucho nerviosismo, es una experiencia que, afortunadamente, no se tiene todos los días.

También he hablado con Jesús Castillo, el último alcalde de Alcorlo, por aquellos entonces unos 27 años. Cosas que tiene la vida, no había hablado con él ni le he vuelto a ver desde 1976 ya han pasado más de 37 años pero confío en que no pasen los 38.

Todos me cuentan que el desalojo se hizo muy ordenadamente, nada de broncas ni liarse a pedradas con la guardia civil aunque no era por falta de ganas.

Pocos días antes del 28 de Enero se llevó a cabo la última liquidación económica por parte del gobierno, lo que se llama Perjuicios Indirectos por traslado de la Población con lo que quedaba finiquitado la parte económica con Alcorlo, todo estaba saldado por lo que no había el más mínimo motivo para seguir allí.

Unos días antes de comenzar con la demolición hizo aparición una máquina excavadora en las inmediaciones, algo raro pues las obras ya habían acabado en ese lugar, igual que los buitres rondan la presa que está a punto de caer.

El día de autos, me cuenta Ángel Esteban (que aún estaba viviendo allí) a primera hora del día, divisaron a lo lejos, por la carretera, en dirección al pueblo, un pequeño convoy con camiones, máquinas excavadoras, vehículos de la guardia civil y algún que otro vehículo particular, el momento de la verdad acababa de llegar.

La carretera principal de entrada al pueblo ya estaba inundada y entraron por la parte de arriba, las eras, lugar donde hoy se halla la Ermita y Cementerio actual.

En aquel lugar reunieron a todo el personal que había en las inmediaciones para comunicarles que venían a DESALOJAR ALCORLO y demoler el pueblo, ellos traían camiones suficientes como para hacer el traslado de los bienes que todavía quedaban en algunas casas.

Parece ser que no comenzaron por las primeras casas sino por las de los principales “cabecillas” que aún se resistían a abandonar aquel lugar.

Según me han comentado, la guardia civil solo dejaba entrar a la esposa de cada hogar para sacar el ajuar y las pocas pertenencias que quedaban, todo controlado que no hubiera ningún accidente, como es natural.

Poco a poco y de esta manera durante varios días se completó la mudanza, el personal lo trasladaban mientras tanto al hostal de Humanes a pernoctar para al día siguiente continuar y así en cuatro o cinco días Alcorlo terminó demolido, arrasado, igual que si una pequeña bomba atómica hubiera explosionado encima de él, mira la foto de arriba, es una panorámica de Ángel Somolinos tomada desde la colina de “El Castillo” unos meses más tarde.

Todos los vecinos con los que hablé coinciden en que el desalojo se hizo ordenadamente como he comentado antes, todos los vecinos que quedaban ya tenían su nueva residencia en algún  lugar a excepción de un par de ellos que acabaron, uno en una residencia y el otro con un familiar.

Parece ser que por parte de las autoridades no se les puede reprochar nada e incluso me comenta Jesús (el último alcalde de Alcorlo) que como alcalde le felicitaron en el gobierno Civil por haber contribuido a que el desalojo se hiciera como “hay que hacerlo”, de una manera civilizada ya que no era fácil asimilar lo que estaba sucediendo, actualmente estamos viendo en la televisión cada día lo que pasa con los desalojos de las viviendas incautadas por los bancos.

Después de ese ÚLTIMO DÍA muchos se acercaron por allí como los buitres a por la “carroña”, chatarreros, albañiles, buscadores de “tesoros”, etc, a partir de ahí y durante años el agua se fue encargando de destruir las vigas de madera y restos de materiales de construcción.

En este ENLACE puedes ver un vídeo resumen de cómo fue ese ÚLTIMO DÍA DE ALCORLO.

Parte 8. LA MÚSICA.
Probablemente te preguntes qué es y por qué esta música del vídeo. La música es de Melissa Venema y este es el por qué la he elegido.

Allá por el año 1977 (es que soy muy mayor) en casa compraron el primer radiocasete portátil y como novedad me pasaba muchas horas escuchándolo. Un día nada más encenderlo estaba acabando una melodía que el locutor dijo era un “toque de silencio”,  de joven uno tiene una enorme capacidad de retención en la memoria y se me quedó muy grabado el título.

Como era una emisora musical y suelen repetir de vez en cuando las canciones la estuve esperando mucho tiempo con una cinta de casete preparada para grabarla pero no lo conseguí  y con el  paso del tiempo aquello cayó en el olvido pero no de una manera definitiva.

Con el tiempo esa melodía la he vuelto a escuchar con frecuencia en alguna película de ambiente militar, como cuando bajan la bandera o rinden honores a algún caído o similar, pero ya no me ha vuelto a impresionar como el trocito que escuché la primera vez.

Vuelvo otra vez a hablar de las casualidades, la casualidad ha querido que buscando un tema musical de un desfile que grabé de mi sobrino en el cuerpo de Caballería que se titula “La muerte no es el final”, (minuto 4:00 de este VÍDEO) y que me impresionó bastante al escucharlo en directo, es lo que tiene la música en directo…. encontré el tema de “El Silencio”, _ Internet es una maravilla para estas cosas_ aunque ya era media noche creo que estuve un par de horas buscando “El Silencio”  pero en  alta calidad  y cuanto más reproducía la canción más me gustaba, ya cebado con el tema también encontré su historia.

Si la historia de la canción “La muerte no es el final” es triste la historia la de “El Silencio”  lo es mucho más, voy a ver si la resumo de una manera rápida y a mi manera.

Parece ser que “El Silencio” lo escribió un joven americano cuando la guerra de la independencia americana.

Resulta que en una batalla nocturna de esta guerra un soldado quedó herido en el barranco y gritaba con gran dolor por sus heridas pero nadie sabía de que bando era, nadie se arriesgaba a bajar allí a por él pues lo más probable es que no volviera. Ya por fin un capitán no pudo resistirse más ante los gritos y lamentos de aquel pobre soldado y se aventuró a recogerlo.

Unas horas después apareció con él pero el soldado ya había fallecido. Trajeron una lámpara para identificarlo pues no se sabía si era compañero o enemigo y la sorpresa fue mayúscula cuando resultó ser el propio hijo del Capitán.
Parece ser que unos años antes el joven se trasladó de ciudad para estudiar música y un tiempo después comenzó la guerra, en aquellos entonces no había Internet ni móviles así que no había apenas noticias y las que llegaban lo hacían tarde…

Registraron la vestimenta y encontraron un papel con un pentagrama y esa canción escrita.

Su padre, el Capitán, quiso enterrarlo como merecía cualquier soldado aunque su vestimenta fuese del enemigo pero la mayoría de mandos y personal de la tropa se le opuso, no dejaba de ser enemigo, al final consiguió en parte lo que pedía pero de la banda de música solo le concedieron un instrumento y ahí está este sonido de trompeta tan emotivo y desgarrador que solo una trompeta produce.

Posiblemente todo esto sea solo un cuento pero es muy emotivo, cierto es que si se escucha con atención y con calidad no deja indiferente a nadie.

Unos días después de reencontrarme con “El Silencio” me vino a la memoria que justo en esas fechas hacía 32 años desde que demolieron Alcorlo y pensé: ¡qué buen tema musical para hacer un resumen/recuerdo!.

Por lo que he podido ver por la web, esta criatura,  Melissa Venema,  lleva tocando la trompeta mucho tiempo pues en algunos vídeos se la ve muy jovencita, es una maravilla verla haciendo sonar la trompeta, todo perfectísimamente ejecutado, los tiempos de “silencio”, los  movimientos de los dedos _aparte de la belleza_ no sé explicar más cosas que veo porque no entiendo de instrumentos musicales ni de pentagramas pero me ha gustado mucho la pasión y precisión con que lo hace, no os perdáis el detalle de los gestos de la cara.

Mi padre solía decir: “hay personas que no deberían morir nunca” y de hecho nunca mueren porque les recordaremos por sus obras, se refería a esas personas que por sus dones, descubrimientos o aportes a la comunidad  hacen felices a los demás y estoy totalmente de acuerdo, creo que Melissa Venema,  Mark Knopfler, Paco de Lucía (recientemente fallecido), por poner solo unos ejemplos etc, etc, etc, etc, deberían pertenecer a ese grupo

Capítulo 9. LAS CASUALIDADES.

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Hablando de casualidades. Mi afición por la fotografía nació exactamente cuando mi primer hijo (1990) yo por aquellos entonces solo tenía una camarucha de esas que le metes un carrete preferiblemente de 12 fotografías (para no gastar mucho) el día de algún evento familiar como cumpleaños o similar.

La casualidad quiso que ese día 31 de Enero llevase encima aquella camarucha en la mochila de caza, que estuviera en aquel lugar a la hora apropiada y que tomara esas fotos del “Ultimo Día” o últimos días, la historia hubiera sido la misma pero para mí no deja de ser casualidad.

Tampoco me atrevería a llamar “casualidad” que 32 años después estuviera metido hasta “las cejas” en mi afición por la fotografía,  ni de mi afición por la informática, ni que sería uno de los principales colaboradores en mantener vivo el recuerdo de Alcorlo, mi pueblo, creando su página web http://alcorlo.com, ni de mi intensa colaboración con la “Asociación Hijos y Amigos de Alcorlo”, creada para que la memoria y el recuerdo de Alcorlo no voy a decir: “no se pierda nunca”, sino que permanezca durante mucho tiempo en la mente de todos los que alguna vez tuvimos alguna relación con él y repito una vez más lo que dice la canción: Alcorlo, a ti te tocó morir para que otros sobrevivan”.

En este ENLACE puedes ver una película de Alejandro Sacristán referente a Alcorlo y sus últimos días.

Prepararlo todo esto me llevó más de un mes, fotos, vídeo, texto, etc, es que «Zamora, no se hizo en una hora», ja, ja, ja…  espero que lo disfrutes y ruego encarecidamente que escuches el sonido con atención, aprovecho para recordarte que si te pareció interesante no dudes en compartirlo.

  1. Hoy es 5 de Marzo, hoy me he dado cuenta de que el día de la publicación de esta entrada hizo exactamente 20 años que falleció mi madre, en el relato hablé de causalidades, juro por lo más sagrado que esta es otra de las casualidades que hablaba. En esta foto de Tomás Camarillo en 1931 la niña más pequeña que mira a la cámara como como avergonzada es ella, la señora que sostiene una lata a su lado es la única fotografíaque existe de mi abuela María. Fotografía de Tomás Camarillo en el 1932.

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Hoy, he actualizado este relato, 11 de septiembre de 2025, ya han pasado 43 años, demasiado tiempo para recordar detalles menores, pero lo que he reflejado aquí aún lo tengo reciente en la memoria, es como si los recuerdos de Alcorlo no pasaran a la misma velocidad por ella, lo he reflejado como parte de Mi Diario.  Esta es mi historia, así fue  mi vida y así la he contado.