Tres noches con Tres días

TRES NOCHES CON TRES DÍAS. 15 de julio de 2024.

Este relato es el resumen de la aventura que duró tres noches con sus tres días de un fin de semana del verano de 2024. El lugar elegido fue la Sierra Norte de Guadalajara, 280 km recorrimos en busca de escenarios apropiados para realizar vídeos timelapse sobre la Vía Láctea. Aquí el vídeo resumen. https://youtu.be/ALVM30OSUEo

Tenía en mente dos rutas, en una de ellas rondaríamos la sierra del Alto Rey, en ella no conseguiría fotografías brillantes del universo, en la otra quizás sí, pero tiró de mí el terruño y finalmente me quedé con la primera.

El tiempo no acompañó lo necesario y en la primera noche solo tuve la oportunidad de fotografiar una tormenta eléctrica, tan lejana que no se escuchaban los truenos.

El relato está salpicado de datos técnicos sobre la técnica relacionada con la fotografía, mejor dicho: con el vídeo nocturno, técnica que se conoce como “TIMELAPSE”, que en Cristiano viene a decir: “Vídeo que recoge lo sucedido durante una larga franja de tiempo”.

Ni qué decir tiene que al relato no le faltarán anécdotas, sensaciones, aciertos y errores, casualidades y otras no tantas provocadas por la ley de Murphy, etc etc, en fin, un relato escrito para recordar en un futuro que espero sea más bien lejano, o sea, cuando ya a uno se le haya borrado todo o casi todo de lo sucedido durante aquellas TRES NOCHES CON SUS TRES DÍAS.

Climatológicamente hablando debería ser un buen fin de semana para pasar en el campo, sobre todo con la compañía y entretenimiento que da el Sugus al que no se le escapa detalle alguno en la noche como la presencia cercana de animales salvajes o su obsesión por la caza que a falta de otra cosa mejor le sirve una triste pelota de tenis y en su defecto una pequeña piedra, el caso es tener siempre algo en la boca, señal de la presa conseguida.

En este enlace puedes ver algunas de las fotografías con cierta calidad, conseguidas en esa temporada. https://www.flickr.com/photos/alcorlopantano/

Viernes 5 de Julio de 2024, 17:40. Calor, lo que se diría calor, no podía hacer más, en la calle rondando los cuarenta grados y dentro de la Volkswagen los 43, todo ello amenizado por la carencia de un sistema de aire acondicionado a bordo; de ello solo se salvaban los alimentos que para tal fin resolví el mes anterior añadiendo a la “furgofiesta” un frigorífico portátil de 30 litros de capacidad, una de mis compras maestras, ya que ese cacharro es capaz de pasar de 40 grados ambiente a congelar una bebida en tan solo media hora, con un consumo de energía de 45 watios/hora, lo que significa que es un consumo de energía ridículo mientras el motor de la Volkswagen está encendido pero que hay que vigilar cuando te pasas media jornada con el auto parado a la sombra de unos pinos.

Esta necesidad de energía eléctrica (en mi caso) está resuelta en casi su totalidad por el uso de una placa fotovoltaica portátil que genera algo más de 100 watios/hora, lo que significa que, en números redondos, en una jornada de sol completo daría energía para mantener el frigorífico constantemente encendido y funcionando (no es el caso porque normalmente solo está consumiendo un tercio del tiempo) y para guardar en unas baterías energía suficiente para el resto de día, o sea, por la noche, en la que siempre hay necesidad de mantener con carga para la jornada siguiente desde el Iphone hasta el grupo de baterías de seguidores, iluminación, baterías de las cámaras, el ordenador portátil y etc etc etc… en otro momento hablaré detalladamente sobre ese sistema de alimentación de energía.

A esa hora del viernes nos pusimos en marcha, hicimos una pequeña parada para visitar el Hiper y rellenar la nevera mientras la Volkswagen nos esperaba a la sombra aunque no había gran diferencia con el estar al sol.

Todo el trayecto hasta la primera parada (casi una hora) la temperatura se mantuvo por encima de los 35 grados. La idea no la tenía muy clara, lo mismo podíamos pasar las tres noches con sus correspondientes días, cerca del Alto Rey, que podíamos aparecer en casa habiendo hecho un tour de 300 km, en los que habríamos visitado alguna estación de molinos eólicos como los de Villacadima o habiendo fotografiado la Vía Láctea reflejada en las salinas de Imón, o ¿porqué no? también hubiéramos podido hacer una ruta hacia el Este en la que alguna noche la pasásemos en los pantanos de Entrepeñas y Buendía… todo era posible, la Volkswagen tenía la tripa llena.

La primera idea era llegar hasta Atienza, eso sí, parada obligatoria en la Ermita de Alcorlo; allí la temperatura, aunque tres grados menos, era para echar la gota gorda.

Sorprendentemente tengo que anotar que, contrariamente a lo experimentado en ese lugar durante los últimos VEINTE AÑOS, esta vez no quería estar allí, sentía un “algo” que me inquietaba, un “algo” que me impedía tener allí el sosiego esperado, el mismo sosiego y paz de siempre; sentía una sensación de ¡vete de aquí!; aun así me vi en la obligación de abrir la Ermita y encender la vela de siempre, como prometiera a Juliana en su día y que ahora va también por Ángel y por otros tantos que ya quedaron por el camino.

Visita obligada también al recinto del cementerio para comprobar si estaba todo en orden y de paso verificar el nivel de agua recogida de la lluvia en los depósitos para regar las plantas. De paso añadiré que empleé un rato en fabricar un tapón de salida de un depósito para comunicarlo con el resto, para ello corté un trozo de tubo metálico y con masilla de carrocero reforcé la unión para en la siguiente visita poner en marcha el trasvase de agua entre depósitos. Todo ello con cierta angustia de llevar allí demasiado tiempo ya.

Una hora después continuamos la ruta hacia Atienza, no sin antes visitar el huerto de un paisano en el que posiblemente un buen desgraciado, dos meses antes, acabara con la vida de un melocotonero que tenía allí plantado y que lo convirtió en tabaco en menos de dos semanas… en fin, amigos que tiene la vida. El melocotonero no retoñará ya.

Al llegar a Atienza el cielo, lejos de aclararse se iba encapotando más. Estando en aquel lugar tenía dos opciones de ruta, o bien hacia Sigüenza o bien hacia los Condemios. Tenía cierta idea de ir a un lugar que hay cerca del rio Cañamares en un camino o carretera que comunica Prádena con Atienza, me apetecía pernoctar en un lugar donde difícilmente al día pasen más de cuatro vehículos, la duda era si encontraría un escenario que me convenciera para realizar un timelapse a la Vía Láctea según había planificado, tenía algo que experimentar y era que la electrónica del eslider o desplazador de la cámara, la había recompuesto, era otro diseño, teóricamente muy mejorado, la electrónica muy reducida y el consumo de energía muy pensado, llegando a poder estar toda una sesión con la mitad de consumo que el sistema anterior.

“La cabra siempre tira pal monte” por lo que ante la duda de ir hacia Sigüenza y sus lagunas de sal opté por la sierra, los pinos, los valles y las colinas, aunque lo cierto es que la balanza la tenía bastante equilibrada porque sabía de antemano que de penetrar más de la cuenta en el valle de “Los Condemios” la Vía Láctea me la iba a comer la montaña del Alto Rey, aun sabiendo todo ello tiramos rumbo a Prádena por el camino o carretera ya comentado.

Después de conducir un rato en esa dirección me iba convenciendo de que la Vía Láctea la iba a perder por la altura de las montañas así que cambié de parecer y volví tras las rodadas. Tomé esta fotografía a modo de recuerdo, el cielo estaba comenzando con amenazar tormenta.

Cruzamos Atienza en dirección a Sigüenza y ya casi más bien de noche que de día llegamos a Imón. Allí hicimos una breve parada para comprobar lo que ya había llegado a mis oídos, que las lagunas estaban valladas, o sea que de nada me sirvió mi idea ni el paseo, con las mismas retornamos a Atienza.

Cuando estábamos llegando al pueblo ya era “noche por tol mundo” y los relámpagos en dirección Teruel llamaban la atención; no eran tan seguidos como para molestarse en hacer con ellos un timelapse porque la tormenta eléctrica estaba bastante lejos y los relámpagos no impresionaban, y menos los truenos que eran absorbidos completamente por las nubes.

Llegando de nuevo a Atienza vi un caminito que subía a una loma y sin dudarlo un instante lo tomé. Fue esa la primera gran suerte de ese fin de semana, el lugar elegido para pasar la noche.

Aun así, aun previendo que la noche podía ser bastante oscura y en vez de ver estrellas vería nubes, preparé el equipo de fotografía, no de vídeo, solo de fotografía, quiero decir con ello que monté dos trípodes y sobre ellos dos seguidores; todo ello con la esperanza de que todas las nubes pasaran antes de la media noche.

Esa primera cena de ese fin de semana fue otra idéntica a la mayoría de las cenas de otras veces, quiero decir con ello que fui metiendo alimentos a mi cuerpo mientras montaba trípodes y preparaba los equipos, o sea, como las cabras “ramoneando”, un bocado ahora y otro luego… cuando se pueda.

A todo esto el Sugitos muy pesado con sus piedras, trayéndolas entre los dientes porque no tenía tiempo de lanzarle la pelota, amén de que era un gran peligro para él porque toda aquella planicie estaba “sembrada” de espigas de esas que parece que el demonio engendró para entrar en las orejas o narices de los perros que incluso a alguno de ellos les costara la vida, o sea, con este tipo de miedo siempre en el cuerpo, porque el perrete se pone mu pesao con eso de “tírame una piedra si no tienes pelota a mano”, en fin, un sinvivir.

Estando en esas surgió el milagro. La única nube luminosa que había en aquel cielo oscuro, ya sin luz en el ambiente, iba o estaba pasando por detrás del castillo de Atienza. Como en ese momento tenía dos equipos preparados para trabajar primero hice unas fotos y luego un vídeo; me pareció que era un momento ÚNICO y espectacular. En ese momento me encontraba más o menos a la misma altura del castillo.

Dadas las condiciones técnicas tan difíciles para grabar vídeo solo me limité a configurar una velocidad minima de obturación (1/30 seg) con la máxima abertura del objetivo (f2.8) y un iso altísimo, del orden de 3600.

Mientras el vídeo se iba cociendo, con la Canon 6D y el Tamron 70/200 tomé unas fotografías a aquel momento que me pareció IRREPETIBLE, aquí un instante de aquel rato.

Ya casi sobre la media noche las estrellas no tenían ganas de aparecer y puse a la Canon 6D a que capturara alguna imagen aleatoria por si algún relámpago le apetecía salir en la foto… realmente no tuve mucha suerte, entre otras cosas porque la tormenta estaba muy lejos. A la vez la Canon 7D iba tomando ya alguna foto en la dirección en que la Vía Láctea haría su presencia (si las nubes la dejaban) y ahí vino el primer contratiempo, creo que fruto de tanto estrés y tantas prisas y tantas ansias por grabar o fotografiarlo todo… quiero decir que monté la 7D sobre un rotador que había preparado para hacer fotos, ¡no para hacer vídeo! Lo que se tradujo que según el rotador va girando el horizonte lo hacía a la vez con él, produciendo una inclinación que, aunque no es “natural” no queda muy mal en el cortito vídeo conseguido.

 

En vista de lo visto y que no veríamos estrella alguna en las próximas horas sobre la 1:30 nos metimos al dormitorio de la Volkswagen.

Tengo que anotar un detalle sobre la “contaminación lumínica”; aun estando a UN kilómetro (medido) de una industria que hay en aquella zona, un foco me anduvo molestando toda la jornada, no comprendo que para iluminar una plaza de aparcamientos se necesite tanta barbaridad de luz, creo que quien ordenara instalar aquello allí no sabe que para robar no importa si hay mucha o poca luz, los cacos se defienden bien en ambos casos, un exceso de luz para nada los ahuyenta.

Al día siguiente nos levantamos justo cuando el sol por lo que la siesta fue un tanto escasa (cuatro horas y media), nos dimos un garbeo por los alrededores para estirar los miembros y ahuyentar el sueño; aún quedaban nubes rezagadas en la zona y en el Este un bonito paisaje se podía fotografiar, más bien en el cielo porque en el suelo bien poca cosa llamaba mi atención. Tan solo un corzo, ciervo o venado, del tamaño de un burro pequeño, salió huyendo del lugar, menos mal que el Suguitos en ese momento le pilló mirando para otro lado si no aún estarían corriendo los dos por el monte.

En recoger la parva que habíamos sembrado por la noche y desayunar se nos marcharon las dos primeras horas del día, eso sí, no había prisa alguna hasta la noche que, según los pronósticos y con suerte, veríamos alguna estrella, luego tomamos dirección de nuevo hacia Sigüenza.

De alguna manera la parte Norte desde Atienza me llamaba la atención, hay un valle ahí que puede ser prometedor aunque para la Vía Láctea puede quedar demasiado bajo de nivel en ese terreno así que tomamos ruta para Cincovillas.

Llegamos a dicho pueblo porque antes no pude dar la vuelta y al llegar de nuevo al cruce continuamos alejándonos de Atienza pero pronto el tirón del terruño me hizo dar la vuelta y buscar el cobijo de la sierra con sus pinos.

Ya en dirección a los Condemios vi partir un camino en dirección a Prádena, a cien metros de la carretera hay un lugar para aparcar y allí paramos un momento para hacer una fotografía en la distancia a la silueta de Atienza.

La suerte, esta vez y por segunda vez en el mismo día, la tuve a mi favor, mientras que tomaba una fotografía a la silueta de Atienza, a su castillo y a su colina redonda, apareció el bicho ese de la fotografía, que me dio tiempo a dispararle varias veces… y yo me pregunto ¿acaso no le había venido bien al maldito bicho irse en dirección contraria para alejarse en vez de pasar por delante de mis narices como lo hizo? Pues menos mal que el Sugus estaba de culo y no lo vio, de haberlo visto aún estarían corriendo los dos por el monte… ¡qué asco me dan estas cosas! Si vas de caza no ves un bicho, ahora bien, cuando no llevas la escopeta se te enredan las liebres entre las piernas.

Ante la duda de si era aquel camino el que llevaba a Prádena (que no me sonaba mucho de que fuera) o no lo era opté por continuar valle arriba. Ahora veo en el mapa que ese camino del que hablaba parte de Cañamares y llega a Prádena.

Continuamos viaje y ya nos metíamos detrás del Alto Rey y la opción de pernoctar viendo las hoces del Bornova se iban diluyendo así que mentalmente dibujé otra ruta, esta podría ser los molinos de Villacadima pero no era ese un paisaje demasiado atrayente según recuerdo del año pasado.

Al rato, una vez pasado un pinar, veo un cartel que rezaba “Iglesia de Santa Coloma”, el caso es que me sonaba como a un monumento importante pero nunca visto por mi así que rumbo para allí que tomamos.

La carretera está en muy buen estado pero a duras penas caben dos coches por lo que hay que conducir con cuidado durante ese trayecto.

Como si ya conociera el camino la Volkswagen sin dudarlo un momento cruzamos el pueblo de Albendiego y llegamos a ella, a la Iglesia, a medio camino hay un monumento de tres cruces que les prometí hacerles una foto a la vuelta.

Lo poco que vi de este pueblo me pareció muy interesante y actualizado, en general con bastante vida, probablemente haga un reportaje sobre él a mi manera.

El camino es estrecho y temía por los espejos de la furgofiesta, los árboles marcan claramente la ruta. El paraje parece un tanto abandonado, bueno, un ecologista diría que hay que dejar a la naturaleza que funcione sin la ayuda de la mano del hombre.

La Iglesia se encuentra como protegida por la vegetación, árboles altos franquean dos de los cuatro costados por lo que no resulta demasiado fácil hacer fotos sin distorsión. El cielo tenía dudas de mostrar el sol o no mostrarlo por lo que tuve que andar con paciencia para tomar de aquel monumento unas fotografías con cierta luz.

Sin entender de arte ni de Iglesias ni catedrales, creo que se trata de un edificio muy, pero que muy antiguo, me llamó la atención el lugar elegido para su construcción, me recordó en parte al monasterio de Bonaval, recomiendo su visita pero sin prisas. El silencio es el rey de aquel lugar, el Sugus se pegó unas carreras en un terreno que la hierba era de alta mucho más que él, gozó a su gusto durante un rato porque creo que no llegaba a pisar el suelo, las hierbas le hacían de cojín y trampolín a la vez…

 

Al retorno y tal como fue prometido le tomé unas fotos a las tres cruces, eso sí, un rato tuve que esperar a que al sol le diera la gana de aparecer entre algunas nubes… Al fondo y para ubicarse se ven las antenas del Alto Rey.

Como ya era media mañana, después de dejar Albendiego paramos en un merendero entre pinares, las nubes seguían su curso y su persistencia, es más, por la tarde se preveían tormentas… ¡ole!

Al rato aparecimos justo donde comienza la carretera hacia la cima del Alto Rey, el viento había convertido el día de verano en un día bastante cambiado, la noche anterior, en Atienza, el termómetro marcaba 13 grados por la mañana, en la furgofiesta el Suguitos se hizo una oruga y no asomó las orejas por encima de la manta en toda la noche, yo con el polar y gorro de invierno, ¡ver para creer! Pasé la noche con la misma ropa que suelo llevar en invierno.

Allí, en esa explanada donde nace la carretera a la cima del Alto Rey hicimos una larga parada. Me gustó el lugar, había rocas cercanas y un bonito paisaje de todo el valle del Bornova, a los pies Bustares.

La siesta era una obligación necesaria, con haber dormido tan solo cuatro horas y media no era suficiente para recargar mis baterías, necesitaría una hora de siesta así que así se hizo. El viento no dejó de tocar los cojones durante mucho rato, movía la furgoneta, quería entrar dentro como fuera, silbaba, chillaba, a toda costa quería entrar pero lo ignoré al menos durante una hora que se hizo de noche para mí, era un viento pesado, asqueroso, molesto; el Sugus mientras tanto vigilaba mi sueño mirando por la ventana cómo el viento zarandeaba todas las hierbas arrancando algunas de ellas ya secas y lanzándolas hacia al vacío del valle por encima de las peñas.

Mientras llegaba la tarde más avanzada y/o la noche pasé las fotos de la sesión anterior al portátil, entre otras cosas porque la memoria de la Canon 7D se había comido ya media memoria y la noche venidera podía ser aún más larga que la pasada, como así fue…

Sobre las cinco de la tarde se generó una tormenta que comenzó a soltar agua desde Fraguas pasando por el pantano de Alcorlo y continuando el valle del Henares arriba, sobre Alcorlo descargó todo lo que quiso y más, incluso granizo, según el vídeo que me enviaría después un paisano que se encontraba allí en aquel momento.

Tanto viento hacía y tan molesto era que tuve que abandonar aquel lugar mandando a tomar por culo la posibilidad de hacer allí vídeos timelapse por la noche a la Vía Láctea, una pena porque al parecer las nubes se marcharían antes de la media noche.

En previsión de si el tiempo mejoraría bajamos de la montaña y lleguamos hasta la vega de Bustares pero sorprendentemente allí el viento era casi idéntico al de arriba, yo pensé que el viento tomaba rumbo horizontal pero al parecer continúa a ras de suelo hasta que se le pasan las ganas de fastidiar.

Allí revisé el equipo, configuraciones, tiempos del timelapse, cargué baterías y merendamos opíparamente el Sugitos y yo. Dimos unos paseos por el lugar pero sin obtener fruto alguno, buscaba algo en el que la furgoneta pudiera estar cerca porque es demasiado material para acarrear y vigilar hasta que lo pones en marcha, a veces he contado una veintena de viajes desde la barra a la furgoneta y viceversa, cuando no te falta un cable te falta una batería o si no otro objetivo… en fin, es lo que hay.

Me pilló sin la cámara encima para haber tomado el color del cielo en ese momento, dos minutos después ya fue tarde, en menos de dos minutos los colores se diluyeron como lágrimas en la lluvia. Al fondo el Ocejón.

A duras penas pude conseguir esta fotografía que bien podría calificarse de “minimalista” por su sencillez. Al fondo Bustares. Igualmente que con la anterior, tan solo dos minutos antes los colores de las nubes nada tenían que ver con estos.

En esos momentos, a esa hora de la tarde, ya próxima a irse el sol el viento se había calmado un poco y pensé que lo mismo la idea de pernoctar en los acantilados de aquel valle podría suceder así que al rato ya andábamos en la explanada que abandonamos unas horas antes. Igual que sucediera con el viento cuando nos marchamos al volver vimos que ni en el valle hacía viento ni en la cima tampoco así que allí pusimos nuestros pies y patas durante muchas horas.

Antes de nada y para ganar tiempo comenzamos con la cena, porque la merienda la hicimos desaparecer en el valle.

Llegó la noche y las nubes aún seguían molestonas y persistentes, pero yo tenía la confianza en que el cielo se despejaría, aunque solo fuera durante unos ratos en toda la noche, como así sucedió.

Instalé la barra timelapse en un lugar elegido ya por la tarde, en previsión de que haría algo de viento tuve que arrancar algunas hierbas y flores que habría delante del objetivo y de no haber sido así podrían haber arruinado el timelapse, luego, al día siguiente les hice unas fotos recordatorio a modo de sacrificio de aquella sesión.

Y llegó la hora de la verdad, el momento esperado para conseguir el primer timelapse a la Vía Láctea, aún quedaban nubes remolonas pero las previsiones eran que se fueran despejando.

Instalé la barra por la que se desplazaría la cámara cerca del suelo, en posición horizontal, previamente había buscado en el horizonte los puntos cardinales, el Sur concretamente, para saber en qué lugar se comenzaría a ver la Vía una hora después, instalé el equipo de energía para el desplazamiento de la barra y para la alimentación de la Canon 7D que junto con el Sigma ART 18/35 F1.8 se encargaría de tomar unas 600 fotografías a lo largo de casi toda la noche, mis cálculos daban que sobre las cinco y media acabaría su tarea.

Sobre las 23:30 ya se debería ver la Vía Láctea pero como la tarde anduvo tormentosa y descargando agua había mucha humedad en el ambiente y a simple vista no se apreciaba ni Vía ni tren, jajaja, tomé una foto de muestra y en la pantalla ya se apreciaba algo de ella, esto me obligó a rectificar en medio metro la ubicación de la barra llevándola un poco hacia la izquierda.

Mientras llegaba el momento de verse de verdad la Vía configuré dos trípodes con sus seguidores, orientando sus ejes hacia Polaris, (la estrella Polar) con un láser de gran alcance, es la única manera fiable y rápida que conozco sobre ello.

Misteriosamente y como por encargo, el viento apenas si movía las hierbas más delicadas, la noche estaba perfecta para disfrutar de una larga sesión de fotografía nocturna o astronómica; cierto es que hacía fresco, del orden de 14 grados, pero con la ausencia del viento la noche invitaba a que fuera larga.

El Sugus estaba bastante cansado y vigilaba mis idas y venidas a los trípodes desde la cama de la furgofiesta, tan paciente él, esa noche ya no estaba tan interesado en cazar pequeñas piedras y depositármelas luego delante de mis pies para que se las lanzara de nuevo a la oscuridad del momento como tan acostumbrado está a hacerlo, es tanta su insistencia que a veces resulta hasta pesado…

Sobre la 1:30 comenzaron a llegar de nuevo algunas nubes, la Canon 7D ya llevaba recorrido a esa hora un palmo de la longitud de la barra, yo ya había tomado una docena de fotografías a la Vía Láctea con la Nikon 810 y su Nikon 28/70; a la Canon 6D le había instalado un Nikon 35/70 f2.8, un objetivo muy antiguo pero bastante bueno, porque su Canon 24/105 tiene poca luminosidad para la noche, es f4.

Como había bastante nube no me molesté en tomar alguna fotografía a la nebulosa de la Laguna como otras tantas veces lo hiciera en años anteriores, más que por otra cosa lo hacía como reto, para ver si podía mejorar los resultados anteriores. En la fotografía siguiente vemos a Antares, brillar con un tono amarillento y de apariencia más grande de lo habitual, (lado derecho de la imagen) es por cuestión de óptica, las nubes crean un filtro que la difumina y la hace aparentar más grande. Antares es la referencia que tengo para saber en qué punto aparecerá la Vía Láctea un rato después de que las primeras estrellas comienzan a distinguirse en el cielo.

Ya cerca de las dos de la madrugada, con la Canon 7D tomando una fotografía cada 27 segundos disfruté de la soledad y silencio del lugar; aunque estaba a escasos metros de la carretera bien poquitos autos circularon por ella en las últimas cuatro horas, quizás no fueran más que tres o cuatro, de cualquier manera no me molestaron sus luces ya que no estaba en línea con sus faros. En las cercanías un corzo de invitaba a que me fuera a casa a dormir y dejara de molestarle, sus validos se notaban muy cerca, iluminé la oscuridad con una pequeña linterna y pude ver un par de puntitos encendidos, supongo que sería él aunque pudo ser perfectamente igual un zorro o cualquier otro animal de cuatro patas y de peso superior a diez kilogramos.

La noche invitaba a no dormir, a disfrutar del lugar y del firmamento, una mancha blanca en el firmamento llamaba la atención, era una Vía Láctea de las de verdad, de haber estado allí Angelete nos hubieran dado las tres y media de la madrugada, hora en la que más o menos el cuerpo comenzaba a pedir un poco de reposo.

A las 7:05 ya andaba yo tomando esta fotografía del aspecto del día, cuando nos tiramos a dormir se veían pocas nubes y cuando nos levantamos se veía poco cielo, me acerqué a la barra timelapse a ver si había cumplido con su objetivo y así fue, ella solita se había parado al final del recorrido; eché un vistazo rápido al almacén de imágenes y vi muchísimas veladas, el objetivo se había empañado en las últimas horas del timelapse produciendo este efecto. Puede verse en la mano el gorro de dormir, jajajja y la sudadera herencia de Ángel.

Dos horas después el panorama que veíamos era este, de todo menos de verano Castellano.

Después de desayunar aprovechamos para dar un garbeo por la zona y capturar algún detalle de la naturaleza más cercana, me llamó la atención estas dos florecillas, que parecen dos amantes, dos amigos o dos hermanos ante un peligro, tratando de defenderse mutuamente, unas florecillas de la misma especie que tuve que cortar la noche anterior para que en el vídeo del timelapse no llamaran la atención con sus movimientos vibratorios; ahora están en casa a modo de recordatorio, víctimas de aquella acción.

Durante un rato la 7D anduvo pasando sus fotos al portátil para dejar espacio en su memoria para la sesión tercera que le esperaba la próxima noche, a continuación tomamos ruta en dirección un tanto a la deriva, era necesario encontrar otra escena para la noche, lugar en el que aprovecharíamos para comer y echarse una siesta, claro que, todo ello sucedería, a ser posible, a la sombra de unos árboles.

Subimos hasta la Ermita del Alto Rey, allí la opción de “la sombra de los árboles” de sobra sabía yo que estaba descartada, pero posiblemente alguna escena apropiada con rocas y cosas de esas podíamos encontrar y así fue, encontré un lugar muy cuco, lo malo es que estaba tan pegado a la pista que inmediatamente lo descarté porque el Sugus se habría metido debajo de las ruedas de cualquier vehículo en cero coma…

Desde el cerro divisé un lugar adecuado, era en el valle del riachuelo que cruza Aldeanueva de Atienza, por allí había pinos diseminados cerca de la carretera y quizás encontrásemos algo que mereciera la pena, tanto para la siesta como para la noche.

Cruzamos Aldeanueva y tan solo vimos a un niño y a una niña que trataban de rescatar una cometa que les había arrebatado un zarzal. Grandes casas, recientemente reformadas, pero ausencia de personal por la calle, al menos a esa hora del medio día.

Realmente solo tuvimos suerte en la mitad de lo que pedíamos, o sea, un lugar muy majo para comer y siesta, en una pequeña pista que partía de esa carretera aparcamos a la sombra, la placa solar se quedó al sol, recargando las baterías y alimentando el frigorífico que, para mi gusto tenía la bebida demasiado fresca.

Una de las cosas que más valoro es EL TIEMPO, tener tiempo de sobra eso no tiene precio, sobre todo para una persona como yo que tiene la costumbre de llegar DIEZ MINUTOS TARDE a todo, a una puesta de sol, a un instante importante de un evento, a fotografiar una tormenta, etc etc. Esa tarde tenía tiempo, tiempo para pensar, para analizar los dos días que llevábamos por el campo sin haber cruzado palabra física con NADIE, así que me preparé un café y luego me dejé caer en la cama de la furgofiesta. Por la carretera pasaba algún que otro automóvil, del orden de uno cada media hora.

No había desconectado aún mi cerebro de la conciencia cuando escuché el ruido de un auto más cerca de lo habitual, salí de la furgoneta y me veo un vehículo de esos que andan vigilando los montes y los incendios (infocam). Entiendo que, haciendo bien su trabajo, se acercarían para asegurarse de que no sería yo un “cabeza rota dominguero” que se habría apostado allí para hacerse unas chuletillas de cordero a la brasa, el caso es que yo me planté de cara a ellos, con las manos en los bolsillos, esperando a que se bajaran del auto y cruzásemos alguna que otra frase, pero no, dieron la vuelta en el camino con su auto, que, por cierto, poco más y le pegan a la furgoneta un porrazo ¡¡¡sería por falta de campo para dar la vuelta!!! En el auto viajaban dos personas de mediana edad, la conductora tenía un aspecto formidable, de modelo de pasarela; se fueron igual que llegaron, no guiñaron ni un ojo, ni un movimiento de mano ni de ceja, y se alejaron sin más… no habrían llegado ellos al Ordial cuando yo ya estaba bien dormido.

Ya eran como las cinco de la tarde y aún no sabía dónde ni cómo íbamos a pasar la noche, cierto es que andaba bastante perdido porque en ese lugar las montañas ocultan gran parte de la Vía Láctea y los lugares que ya conozco de otras veces no acababan de satisfacerme pero tampoco había muchas alternativas, la mejor de todas era continuar carretera adelante y tratar de volver hacia la zona de Bustares o Prádena, lugares que ya conozco en los que el valle del Bornova se contempla de cabo a rabo.

Pasamos por la puerta de lo que fue “Las Cabezadas”, al rato cruzamos el barranco del arroyo Cristobal o San Cristobal en el que la furgoneta parecía querer suicidarse, bajando en la marcha tercera sin acelerar y cada vez más lanzada, como si tuviera prisa por llegar, cruzamos las Navas de Jadraque y al único paisano que había posado en un balcón le saludé con la mano, unos minutos después un zorro cruzó la pradera, un zorro de aspecto adulto y color pardo, demasiado pardo para ser un zorro común; quizás fuera el mismo que el año pasado vi exactamente en ese lugar cuando el sol despuntaba con su luz; me orillé a la cuneta con la furgoneta y durante unos minutos pude contemplarlo, él parecía no tener prisa o querer saber si yo acamparía de nuevo otra vez por allí, protegiendo su ser con un grupo de jaras se hincó de culo mirándome, como quien no tiene prisa, como echando un pulso de haber quien mantiene más tiempo la mirada fija… Ni me molesté en tomar los prismáticos porque sé de sobra que no me hubiera dado tiempo a volver a verlo, como así sucedió. Me alegré mucho de ver un animal de esa especie vestido con una gabardina espesa, no como otros que la sarna se apoderó de su cuerpo y pierden el pelo de rascarse para tratar de aliviar la enfermedad.

Cinco minutos después estábamos aparcados en un lugar ya conocido, antes de llegar a Bustares, allí exploramos el lugar que ya resultaba familiar, con las nuevas experiencias adquiridas en los últimos años y las nuevas exigencias de esta temporada conseguí encontrar un lugar muy pintón para instalar allí la barra y pasar la noche escuchando el autillo que reina en aquellos prados.

Aún faltaban tres horas para la puesta de sol y quería hacer un vídeo explicativo de que hay en torno a los timelapse que estaba haciendo, necesitaba un lugar donde hubiera sombra, no ya porque el sol calentara demasiado (estamos en verano) sino porque la fotografía es muy difícil cuando hay zonas con sol y zonas con sombra por lo que busqué un prado en las cercanías de Bustares y allí me puse con la grabación, era un lugar que parecía no estar transitado y en el que el perro podía andar por allí a sus anchas sin preocuparme por los vehículos o los corzos.

Entre “ponte bien y estate quieta” creo que consumiría un par de horas en crear el vídeo, eso de andar delante y detrás de las cámaras a la vez es un poco tedioso.

Ya tenía visto el escenario para esa noche pero quise probar en buscar algo nuevo y cercano, si bien no fuera para esa noche bien podía ser para otra porque aún podían quedarnos “muchas noches de verano”…

En la salida del pueblo de Bustares hacia Villares tengo visto un lugar un tanto majo, es un buen mirador, así que nos presentamos allí en pocos minutos. Instalé el telescopio en un trípode y con una “tostada sin alcohol” bien fresca anduve durante un buen rato distrayendo la mente contemplando todo aquel valle, desde Miralrio hasta los molinos eólicos que hay en la zona de Sigüenza, pasando por Congostrina, la presa de Alcorlo, etc, luego nos dimos un garbeo con la intención de localizar un escenario en aquellas cercanías que parecían tener de todo, árboles, cerrados de piedra, grupos de piedras apilados de cierta manera, etc por lo que opté por poner allí el asentamiento esa noche. El cielo parecía estar de nuestra parte en ese momento, pocas nubes había en él.

Lo primero de todo y para ganar tiempo fue buscar el punto exacto donde instalar la barra para el timelapse. Ayudado por la brújula física (la de toda la vida) y por la aplicación del iphone para saber en qué punto exacto se encontraría la Vía Láctea sobre las 23:30, pronto encontré un lugar aparente.

Mi problema principal es la avaricia, eso de querer capturar gran parte de la Vía Láctea y a la vez gran parte del suelo es algo imposible por cuestión de física principalmente. Sobre todo con los objetivos fotográficos que suelo llevar en la mochila, mi mejor objetivo tiene una focal de 18mm, para capturar más Vía Láctea sería necesario uno de 14mm que por cierto, iba en la mochila pero aunque es f 2.8 es menos luminoso que el Sigma ART.

Ni aplicaciones del móvil ni brújula física son fiables cien por ciento para ubicar exactamente el lugar donde a la hora indicada se encontrará la Vía Láctea por lo que todos los preparativos son orientativos. En esta ocasión, como la noche anterior el timelapse fue con movimiento de barra en modo horizontal, ahora quería dar un pasito más y hacer que la cámara comenzara a grabar cerca del suelo y luego se iría elevando durante las cuatro o cinco horas hasta acabar en una altura de unos setenta centímetros del suelo, más no era necesario, era lo que necesitaba para que una roca grande que había allí mismo no se elevara demasiado sobre el horizonte; la sesión acabaría pasando la Vía y fundiéndose con unos robles altos que había relativamente cerca, todo eso salió según lo previsto.

Cenamos, no digo tranquilamente porque eso me resulta imposible, la hora se acercaba y el tiempo me comía los minutos en preparar el resto de equipos, seguidores, cámaras, temporizadores, objetivos y tiempos de exposición.

Estando en ello, ya acabando de cenar, de repente el perro se puso en modo “defensa” con la cola pina, el pelo erizado en el lomo y de vez en cuando se le caía algún gruñido… pensé en el zorro que había visto unas horas antes, también en los corzos que parecen cabras domesticadas, están a tu vera y no se espantan, tomé una linterna y miré en la dirección que el perro estaba quieto como una estatua pero con sus gruñidos intermitentes pero no vi nada, no como otras veces que ves dos puntitos luminosos, nada, por lo que pensé que fuera lo que fuera se habría alejado ya del lugar. Ante la duda amarré al perro a la furgoneta, no fuera que se marchara de fiesta en busca de alguna presa nocturna, ¡solo me faltaba eso!

Ya era la hora de comenzar el timelapse de la Canon 7D pero la Vía no la encontraba yo a simple vista en el cielo así que me acerqué hasta el lugar donde estaba ya preparada y tomé unas fotos de muestra para comprobar si el punto de inicio era correcto… ¡pues no! para hilar más fino todavía tuve que mover todo el tinglado de la barra más de medio metro hacia un lado y hacia atrás, total que allí tenía la pesada caja de herramienta haciendo peso contra un extremo de la barra y en el otro extremo un trípode la sujetaba en altura. Al fondo se observa la barra inclinada.

Diez minutos después di por zanjada la cuestión de la orientación de inicio y fin del timelapse y la puse en marcha, luego volví a la furgoneta a terminar de cenar y a acabar de preparar los equipos con sus seguidores.

Estaba ya comenzando a tomar las primeras fotografías a la Vía Láctea con la Nikon cuando me pareció ver un objeto entre pardo y claro cerca del lugar donde había instalado la barra, tengo que aclarar que me suelo mover con una iluminación ridícula y no quería dar la luz potente para no fastidiar el vídeo que ya llevaba un cuarto de hora fabricándose.

El “objeto” blanquecino parecía moverse de vez en cuando, lo primero que pensé era que se trataba de una leona de África, ¡qué tontería! Pero ¿qué animal de ese aspecto y tamaño podía haber por allí si en toda la tarde no habíamos visto ni oído rebaños ni nada? Y en un instante sentí respeto por lo que había allí, sin hacer ruido alguno, y me puse en guardia.

Tomé una linterna más potente que el pequeño led que me iluminaba y lo vi claro, ¡media docena de vacas habían rodeado la barra timelapse! Al instante no pude por menos que preguntarme ¿acaso es tan pequeño el mundo como para que unas vacas pasten justo alrededor de la barra? ¿No pueden pasar veinte metros más atrás o incluso más adelante? ¡Pues parece ser que NO! en el vídeo resultante del timelapse hay unos destellos al principio que son las vacas. Esta fue la primera “gracia” de la noche, la segunda la descubriría al día siguiente.

Un rato después el Suguitos y yo andábamos metidos dentro de la furgoneta, esperando a que las vacas pasaran de largo pastando tan tranquilamente como lo venían haciendo, el perro no les quitaba ojo de encima y yo me temía que le metieran un piñazo a los trípodes y me fastidiaran los seguidores, lo de la barra timelapse y la Canon 7D no hacía cuenta de ellos, nada podía hacer.

Media hora después de haber visto de lejos “una leona” me acerqué a mirar cómo había quedado la barra y su equipo, estaban exactamente igual que los dejé, el tiempo recorrido me pareció muy pequeño, había modificado la alimentación del motor y eso sumado a que esta vez en vez de horizontal el deslizador iba a 45 grados hizo que el tiempo del timelapse fuera más largo de la cuenta así que elevé de nuevo el voltaje al motor de la barra y me olvidé del asunto hasta el día siguiente.

Con las vacas pastando allí cerca, cuyos ruiditos de arrancar la hierba cortita que ha nacido por las últimas lluvias no dejaban escuchar a las rapaces de la noche, con aquel murmullo sordo y constante en el ambiente no me apetecía esmerarme en fotografiar lo que ya había fotografiado otras veces y dediqué un rato a meditar todo lo vivido los últimos dos días con sus dos noches y al rato me fui a descansar.

Me desperté antes que el sol, las vacas habían dado la vuelta al ruedo y comenzaban a llegar por el mismo lugar que lo hicieron cuatro horas antes, sin embargo ahora, como dando los buenos días al sol había alguna que lanzaba un gran berrido, alguna se me quedó mirando fijamente como si no hubiera visto humano alguno en su vida… en estos casos es mejor que la naturaleza siga su curso y que las vacas pasen de largo, era cuestión de tiempo.

Eran las 6:05 del lunes, el sol por salir, el Suguitos dentro de la furgoneta sin quitar el ojo a aquellos animales tan grandes y extraños, de vez en cuando tiritaba como un perro pequeño cargado de frío, en fin, en el vídeo se ve unos segundos grabados con la Nikon 810 dentro de la furgoneta, con un iso de 51.000 ya que aún era de noche.

Un rato después fui a buscar la barra con su Canon 7D montada, me pareció chocante que aún le faltaban cinco centímetros para llegar al final de la barra, según mis cálculos debería haber llegado hacía una media hora. Estando allí observando cómo continuaba tomando fotografías cada 27 segundos y moviéndose a lo largo de la barra 3 mm cada vez noté una vibración rara, como si el piñón que la iba desplazando a lo largo de la barra patinase o brincase un diente y …¡efectivamente! Como no podía ser de otra manera algo tenía que fallar!

Con bastante misterio observé que uno de los tres tornillos que sujetan el reductor a la plataforma donde se instala el rotador estaba ¡no flojo, sino suelto! No sé si tuvo que ver algo en que en mis andanzas moviendo a última hora y completamente de noche la ubicación del sistema se me cayera hacia un lado y pegó contra una roca que había en el suelo, de cualquier manera Murphy siempre anda tocándome los cojones, si no es de una manera es de otra, es algo con lo que tengo que comulgar cada día… fallos de electrónica, fallos de este tipo, despistes de configuración, etc etc, y es que puede ser, ¡puede ser! Que sean necesarios tocar muchos palillos para realizar un timelapse diferente cada vez y que ¡no se rompa nada!

El vídeo resultante de esa noche quedó bastante bien, estoy contento con el resultado, las vacas apenas afectan a la escena, como el error está en la zona de sombra en vez de en el cielo donde es de suponer que todo el mundo pone su foco, pues pasará desapercibido, luego coincidió a mi favor que la duración del timelapse se prolongó algo más de la cuenta y el resultado es ver cómo los colores de la luz cambian en poco más de media hora pasando de ser cálidos en la noche a fríos cuando el sol ya amenaza con salir de nuevo. Conociendo el tema del tornillo flojo se aprecia el fallo en el vídeo con pequeñas vibraciones, especialmente al final del recorrido

Aquí vemos el ambiente de esa noche y al Sugus a primera hora del día, sin quitar ojo a las vacas, a la izquierda de él la barra timelapse en sus últimos segundos de esa jornada.

 

En menos de una hora después del amanecer abandonamos aquel lugar, allí dejamos a las vacas campando a sus anchas como es natural. Dos opciones de ruta teníamos para volver a casa, en una de ellas cruzaríamos de nuevo el arroyo Cristobal y en la otra el rio Bornoba… ninguna de ellas me gusta, me decidí por esta última.

A esa hora del día la sierra no había acabado de despertarse, tan solo una furgoneta llegó a Bustares y pocos minutos después lo abandonaba, fue el único auto que encontramos en la carretera hasta llegar a la Ermita de Alcorlo, bueno el único tampoco, el camión que recoge la basura de aquellos pueblos nos tuvo retenidos varios minutos en el casco urbano de Hiendelaencina; Murphy tan atento él, no pudo encontrarse a esa hora en otra parte del pueblo.

Según nos alejábamos de Bustares tenía la sensación de que estaba solo en una gran extensión del mundo, como si todos aquellos pueblos se encontraran totalmente desiertos, deshabitados, sentí una gran soledad, una pena, parecía que acababa de ver una película dramática de ciencia ficción, había estado en un mundo de paz y silencio, atrás quedaba un lugar en el que había estado muy a gusto y me dirigía de cabeza a otro mundo totalmente distinto, a una selva llena de prisas, de ruido de autos y máquinas, como las sopladoras que utilizan para barrer las calles.

Volvía con la sensación de que había estado fuera de casa al menos dos semanas, de tres me atrevería a decir, volvía con la mente limpia y despejada, físicamente me encontraba en plena forma, a pesar de haber dormido a tiempo partido y sobre una colchoneta y sintiendo una almohada fría en vez la templada, y últimamente casi caliente, con la que suelo dormir.

Suelo circular más bien despacio, sobre todo por esos lugares llenos de curvas y pendientes, eso me permite ir mirando y disfrutando del paisaje, en mucho rato no vi animal alguno, ni volando ni corriendo, me daba la sensación de que todos ellos habían desaparecido y me encontraba en un trozo de planeta totalmente deshabitado por animales y a la vez también por personas; ni una voz escuché en Bustares en las cinco horas que estuve allí hasta que me puse a dormir… ¡nada! Ni siquiera a las vacas hasta que llegaron a estar demasiado cerca.

Pensé a la vez en un futuro más bien cercano en el que en esos pueblos ya no quedará nadie porque los que amaron aquellos terruños se les pasó la vida y los descendientes ni tienen tiempo ni ganas de seguir sus pasos, ni siquiera de tener presentes sus raíces.

Y en esas estaba yo cuando llegando ya a Hiendelaencina vi a un zorro cerca de la carretera, el sol hacía bien poco que había aparecido, allí estaba él disfrutando del calor de esos primeros rayos; solté el acelerador y la furgoneta pronto se paró porque era cuesta arriba, la dejé caer hacia atrás por si el animalito aún estaba allí y me podía regalar esa estampa de ver de cerca un animal tan esquivo como es el zorro.

Tuve la gran suerte de que seguía allí, lucía un pelaje estupendo, de animal joven y bien alimentado. Al momento me fijo y había otros dos zorritos más, creo que por el tamaño y aspecto se trataba de miembros de una misma camada de esta primavera. Ni se me pasó por la cabeza buscar la cámara así que los grabé como pude con el iphone que, aunque el cristal de la puerta estaba por medio mejor era eso que nada.

Fue un buen regalo que Dios, el Universo, o la sursuncorda me hicieron, una bonita guinda de un rico pastel que disfruté durante todo el fin de semana. Así lo viví y así trataré de recordarlo cuando en un futuro, espero más bien lejano, vuelva a leerlo.

Cosas que tiene la vida, al día siguiente de volver de esa aventura de tres noches con tres días compré un objetivo apropiado para fotografiar la Vía Láctea, con ello ya tengo motivo suficiente para comprobar cuanto de mejora tendrán mis próximos vídeos sobre la Vía Láctea.

Lo que disfrutó el animalito en el campo no tiene precio, y yo con él, por supuesto. Al día siguiente no hubo perro en casa, no le molestaba ni la moto del cartero, ni el timbre del repartidor de Amazón, ni los timbres en casa de los vecinos, ni despedirse de mi cuando voy al hiper, durante todo el día fue un querer y no poder… y es que con sus más de cinco añitos parece que le van pesando ya los años…

Gracias por llegar hasta aquí. Si el relato te pareció interesante o entretenido no dudes en compartirlo. Agustín y sus cosas. alcorlopantano.com

 

 

 

Olvidos y Recuerdos

OLVIDOS Y RECUERDOS. Mayo de 2024. In memoriam de Angelete, “El amigo perdido pero nunca olvidado”. Olvidos y Recuerdos en PDF.

EL MONOLITO REFERENTE A ANGELETE Y ANDRÓMEDA. El fallecimiento de Ángel fue bastante repentino, nadie pensábamos en que podía ser tan inminente, ni él pudiera haberlo creído. Cuando de Angelete solo nos quedó su recuerdo pronto caí en la cuenta de que debería hacer algo por su él, por su recuerdo, por ello me vi en la necesidad y quizás en la obligación, de crear en aquel lugar algo que recordara tantos años y tantas noches que pasamos juntos descubriendo Andrómeda y otros cuerpos celestes como la nebulosa de La Laguna, por no hablar de las fotografías nocturnas relacionadas con Alcorlo, pensé en que sería una buena idea que, justo allí donde contemplamos por primera vez la galaxia de Andrómeda sería un buen lugar para hacer algo por él, por su recuerdo.
Finalmente ha sido así, justo en ese lugar, hemos instalado recientemente dos monolitos, (también llamados “estelas”) allí donde descubrimos esa galaxia que, con la ayuda de unos buenos prismáticos y conociendo lo que quieres ver podrás contemplar durante los meses de Agosto, puedes hacerlo orientándote en Continuar leyendo «Olvidos y Recuerdos»

In memoria de Ángel

In memoriam es una locución latina que significa ‘en memoria de’ o ‘en recuerdo de’. Su uso habitual es como título de un obituario, acto u obra de arte realizada para recordar y honrar a una persona fallecida». (Wikipedia)

ANGEL SOMOLINOS ALCORLO. 10 de Marzo de 2024.
Este relato además de tener su contenido de texto es un “libro de fotografías”, es una recopilación de fotografías, hechos y detalles, vividos en la compañía de Ángel, con las que doy fe y memoria de lo que ambos pasamos por esos campos de Dios durante nueve años en los que compartimos situaciones muy diversas. Claro está que solo puedo reflejar algunos de ellos, porque de lo contrario resultaría demasiado largo como para mantener el interés por la lectura; aunque no descarto con el tiempo seguir ampliando el relato.

PRÓLOGO. Cuando una persona se va de este mundo, quienes lo conocieron, suelen coincidir en que era “una buena persona”, en el caso de Ángel si yo no opinara así no emplearía mi tiempo en escribir nada sobre ello. Ángel aguantó mis blasfemias y gritos al aire cuando se me torcían las cosas, aun yo sabiendo que no le gustaba nada escucharme esas cosas, pero la ira de esos momentos (que me descomponía el alma) no me permitía hacer otra cosa, y por ello le pido perdón, lo bueno era que el disgusto me duraba muy poquito tiempo, él me calmaba, él me tranquilizaba, de él no tengo ni una puta queja; cuando proponíamos una tarea o un proyecto para ese mismo día o en el futuro pronto llegábamos a un consenso, cierto es también que en escasísimas cuestiones discrepábamos. Él soportó mi genio estoicamente.

Esta es una historia de compañerismo, unidos por un bien común, principalmente por la idea de mantener vivo el recuerdo de Alcorlo, nuestro pueblo, de recuperar su historia y mantener viva la memoria de aquel pueblo que nos vio nacer y del cual nos expulsaron para dar paso al progreso, construyendo una presa para retener el agua del Bornova.

Con su marcha se perdieron las posibilidades de Continuar leyendo «In memoria de Ángel»

…Un pueblo que fue…

El vídeo que puedes ver en ESTE ENLACE trata sobre la conferencia que tuvo lugar en La Toba sobre los últimos días de Alcorlo, en la fiesta de San Blas. Con la participación de Alejandro Sacristán, autor del cortometraje «…un pueblo que fue…«. También como colaboradora la periodista Cara Arrabal, en las cámaras Ángel Somolinos.
El vídeo recoge las impresiones de Alejandro sobre la situación del pueblo de Alcorlo y los Alcorleños en aquellos sus últimos días antes del desalojo. Historia, anécdotas y casualidades relacionadas con los últimos 42 años que han pasado desde el cierre definitivo de las compuertas de la presa.

LA TOBA, ALCORLO, ALEJANDRO Y …UN PUEBLO QUE FUE…  Febrero 2024

En este vídeo de Alejandro vamos a ver los últimos días de Alcorlo, concretamente el último día; unas imágenes espectaculares, de no verlo no podría creerse. Al ver estas imágenes nos podemos hacer una idea de lo trágico que resulta el perder un pueblo, quizás también las raíces propias, para algunos toda una vida allí, en aquellos campos, colinas y barrancos que desaparecerían para siempre para sus ojos. ¿Qué sentiríamos si fuera nuestra propia casa la que estuvieran derribando delante de nuestros propios ojos aunque fuera viéndola en el cine? La casa de tus padres, la misma casa que quizás fuera de tus abuelos, la misma casa en la que quizás tú mismo nacieras y ¿por qué no? También alguno de tus hijos. Sin duda alguna también quedaron allí, habitando aquellos lugares, el espíritu de tus antepasados, lugares en los que quedarán anclados.

Alejandro grabó en aquellas fechas esa película de cine de las de entonces, formato de cine de 16 mm, un formato en el que después de haberlo grabado se necesitaba pasarlo por el laboratorio fotográfico para revelarlo, luego vendría el proceso de editarlo y Continuar leyendo «…Un pueblo que fue…»

Tres días y tres noches

15 de Agosto de 2023, martes, 23:07. Revisada el 10 de noviembre de 2023. Descargar PDF TRES DÍAS Y TRES NOCHES

Voy a emplear un buen rato en relatarme como fueron esos tres días con sus tres noches consecutivas que pasé por la sierra. Tengo que hacerlo así porque la memoria es siempre frágil y los acontecimientos que van sucediendo cada día opacan las vivencias anteriores hasta hacerlas desaparecer o confundirlas; en el futuro, cuando ya sea anciano (estado al que me gustaría llegar) con esta lectura podré revivir esos detalles de aquellos tres días con sus tres noches, detalles que, aunque no son de vital importancia, sí son significantes para mí y me alegrará saber qué era y qué hacía yo por aquellas fechas en las que ya no tenía los briosos “cuarenta años” en los que te podías permitir el lujo de pasarte la noche haciéndole el amor a tu mujer y al día siguiente rendir en el trabajo como si nada de eso hubiera pasado; esa edad en la que (por haber gozado de buena salud) no había barranco hondo ni montaña alta, ni noche larga tomando fotos al Universo o a las estrellas; ahora ya, cerca de cumplir los sesenta y uno, el cuerpo va requiriendo descanso, las cuestas hay que estudiarlas para poder llegar a la cima y la mochila debe ir más vacía que llena, aun así, las ganas de disfrutar del campo y la ilusión por conseguir fotografías aún mejores hicieron que esos tres días y esas tres noches no las quisiera olvidar fácilmente.

  1. EL MOTIVO PRINCIPAL O LA IDEA DEL VIAJE.

Este fin de semana coincidía más o menos con las Perseidas, comúnmente conocidas también por “Las Lágrimas de San Lorenzo”, a favor tendríamos que en esas mejores noches para contemplarlas este año la luna estaría en su fase menguante más corta, o sea, casi sin luna, por lo que la visión del Universo sería a pedir de boca.

El segundo motivo, aunque menos importante, fue el estar en la naturaleza, lo más aislado posible del mundo, por aquello de limpiar la mente destruyéndola con la naturaleza, no sé por qué motivo cada día que pasa más lo necesito.

El tercer motivo, y este ya sí que menos importante aún que los anteriores, era el probar el rendimiento de mi último objetivo en el que he depositado muchas ilusiones y confianza en él, le estrujaría haciéndole funcionar en las peores condiciones de luz y otro tipo de situaciones como el tema retrato.

  1. LA RUTA.

No hay lugar conocido cerca de mi hogar que me reconforte más que rodar por la sierra, esa que llaman la Sierra Norte de Guadalajara, allí donde el olor de la jara se te pega al cuerpo, no quiero campiña, campos llanos, generalmente sembrados de cereal, con pocos valles, ríos o barrancos, dame Sierra de arroyos, aunque en esta época estén secos, guijas y pedregales, valles y montañas aptas para senderistas entrenados, cerrados de piedra para guardar los animales de antaño, etc etc etc. Eso es lo que quiero ver, eso es lo que más me gusta y por ello cada rato que tengo pongo las ruedas por allí.

Sin muchas prisas y sin madrugar y después de cargar las furgofiesta con tres neveras donde guardé los alimentos, cuatro bolsas con equipo fotográfico, cuatro seguidores de estrellas en el maletero, tres trípodes estándar, uno grande y pesado, una barra para Continuar leyendo «Tres días y tres noches»

Salida fotográfica por la Campiña y Sierra de Guadalajara

14 de junio de 2023, miércoles. Una aventura de 44 horas por la Campiña y Sierra de Guadalajara.
Después de una época de lluvias primaverales de al menos tres semanas consecutivas, después de haber trascurrido la primavera más seca y caliente desde que se tienen datos sobre ello, por fin volvimos a ver el sol de una manera natural, más o menos como se venía viendo en los últimos treinta años.
Entre otros este fue el motivo de que esta vez me tirara para el monte con mi furgofiesta y el perrete Sugus a pasar un par de días con sus correspondientes noches, ajenos y alejados del tránsito infernal y mundano de la población donde vivo que, raro es la mañana que no te despierta el jardinero del pueblo con la motosierra podando la valla del jardín o el operario del ayuntamiento espantando las hojas acumuladas debajo de los autos para que el vehículo que barre y limpia las calles acabe con ello, dicho de otra manera, me marché huyendo de todo ese ruido y alboroto que suelen tener las ciudades modernas y que cada día que me pasa voy odiando más, mucho más.

Mi zona preferida para el reposo de estos días comenzaría en la zona de Jadraque y abarcaría la Sierra Norte de Guadalajara, son unos lugares que siempre me aportan alguna fotografía agradable para recordar pero sobre todo y por la noche paz y sosiego ya que el tránsito de vehículos por esos lugares, sobre todo cuando llega la noche, se acerca al cero casi absoluto.

Sobre fotografía decir que mi objetivo principal podía ser fotografiar la Vía Láctea por primera vez de este año, una noche sin luna como la que llegaría me ayudaría a obtener fotografías de estrellas en un espacio de universo negro, aunque “negro, negro” en estas fechas resulta imposible Continuar leyendo «Salida fotográfica por la Campiña y Sierra de Guadalajara»

Visita a Alcorlo, doce años después de la gran sequía

 

Ermita y Cementerio de Alcorlo

Hoy, doce años después de la gran sequía que asoló España y gran parte de Europa, hemos estado paseando por Alcorlo, no por los escombros de las viviendas que se amontonan en lo que fueron sus calles, que por la gran sequía reinante en la actualidad bien podíamos haberlo hecho, sino por lo que queda de aquello que fue un pueblo, que no es más que una Ermita y un Cementerio puestos en una colina, cual atalaya, desde donde se divisa gran superficie del embalse, así como la presa construida a base de tierra y rocas que parece fundirse con el entorno para pasar desapercibida para el viajero.

Para ello nos hemos servido de la amabilidad y cortesía de un paisano de nombre Fermín Sanz que nos asegura que sus raíces vienen de ese pueblo. Actualmente es de los Alcorleños que más visita este lugar ya que, como el tiempo no perdona, la gran mayoría de los nacidos allí ya pasaron a mejor vida y es él ahora quien lleva de alguna manera el cuidado y vigilancia de las instalaciones.

Al poco de cruzar la presa que lleva su nombre y de pasar tres o cuatro curvas nos encontramos de frente con un edificio de aspecto religioso, una pequeña cruz destaca sobre el tejado. Teóricamente no se debería girar en ese punto de la carretera porque tiene poca visibilidad pero Fermín dice que hay que arriesgarse porque de lo contrario tendríamos que ir hasta el cruce de Congostrina para hacer el cambio de sentido y entrar Continuar leyendo «Visita a Alcorlo, doce años después de la gran sequía»

El valor de un reportaje

Este post está relacionado con la Pasión viviente de Hiendelaencina. Abril 2023. Lo que podía llamarse Making Off. El VÍDEO AQUÍ.

¿Cuánto esfuerzo y dedicación lleva poner en pantalla un evento de esta categoría con el aspecto de este mi último vídeo sobre la Pasión viviente de Hiendelaencina? Como me diría mi amigo Isma si me escuchase esa pregunta: “¿A quién le importa tus penurias ni la inversión en tu equipo fotográfico? ¡A nadie! ¡Aquí lo único que importa es si realmente lo recordarán porque les hiciste llorar o reír, o si pasaron miedo o les tuviste en vilo durante unos minutos hasta que se resolvió el problema que estaban viendo en la pantalla! ¡Todo lo demás no importa, si hacía frío o calor, si llovía, si te mojabas o una maldita pared no te permitía alejarte de la escena, tampoco si no tenías tiempo o dinero para invertir en mejorar la calidad técnica, ¡Todo eso, lo veas así o no lo veas,  ¡NO LE IMPORTA A NADIE! Palabras repetidas y escuchadas muchas veces por ese compañero mucho más avispado que yo.

Y razón no le faltaba al chaval cuando me decía cosas así, hace ya más de una década; ahora con el paso del tiempo le doy la razón con más convencimiento, verdad es que ¡a nadie le importa todos esos detalles que hay detrás de un reportaje, desde que comienzas a grabar hasta que lo publicas; pero como una cosa no quita la otra esta vez voy a relatar los pormenores de este evento que trato hoy, aunque solo sea para que solo unos pocos lo lean y con ello  puedan hacerse una idea, entre ellos mis nietos, (si Dios los trae al mundo, porque mis hijos lo mismo no tienen ni tiempo ni ganas de hacer semejante menester).

Aparte de los demás al menos me servirá a mí para recordar ya que  P O S I B L E M E N T E  sea esta mi última grabación de esa celebración porque con esta ya van tres y si no me quedó algún hilo colgando o algún fleco que recoger _como experimentar con nuevas cámaras, objetivos, técnicas y/o demás hachiperris con los que pueda experimentar por el mero hecho de “ver cómo queda el vídeo de esta otra manera o con esta otra técnica”_ el grabar por grabar siempre lo mismo no va conmigo.

Esta historia se remonta al 2019 que fue mi primera grabación de ese evento. Aunque ya conocía de oídas que allí, en Hiendelaencina, ocurría algo especial en la Semana Santa, nunca puse Continuar leyendo «El valor de un reportaje»

Full Frame, ser o no ser

Diciembre 2022. Después de llevar varios años ante la indecisión de avanzar un nivel más en cuestión técnica a la hora de tomar fotografías y teniendo solo el insignificante motivo de darme el gustazo de descubrir el formato réflex FULL FRAME comencé el año con un arrebato consumista (otro más en este campo) y ante la duda de irme al próximo mundo sin haber podido comprobar y experimentar si estaba o no en lo cierto que “con buena picha bien se jode” me eché la manta a la cabeza y comencé el 2022 comprando una cámara Canon 6D ¡de segunda mano, eh, que para probar no necesitaba más! Puedes descargarte este artículo aquí. Frull Frame, ser o no ser

Una de las noticias que sacudieron el mundo de las redes sociales a finales del año 2021 fue que los fabricantes de cámaras dejarían en muy breve espacio de tiempo de fabricar cámaras con espejo porque al parecer “no les salían las cuentas” porque resultaban cámaras muy caras y muy grandes y además no había mucha demanda por lo que no ganaban bastante dinero; yo sin embargo creo que el motivo era otro; el motivo era que no se atrevían a airear que además de tener el mercado atiborrado de modelos de todos los tipos y colores también se encontraron ante el bajón de mercado que ocasionaron los teléfonos móviles o smarphones con cámaras de resoluciones imposibles, que son mucho más prácticos que las engorrosas réflex y no digamos las réflex full frame.

Los fabricantes tenían en mente el frente abierto de las “cámaras sin espejo”, que trataban de meternos por los ojos y que cuando te acercabas a las vitrinas del Corte Inglés para verlas y mirar los precios si no ibas con los ojos bien abiertos y sin dinero encima te llevabas a casa una cámara de tamaño exactamente igual que la que te aguardaba en casa, porque para evitar tener que RENOVAR toda la flota de objetivos _que tanto dinero y esfuerzo te habían costado_ necesitabas COMPRAR además del cuerpo un adaptador para compensar esos dos o tres centímetros que se ganan en anchura al suprimir el espacio para el Continuar leyendo «Full Frame, ser o no ser»

Mis máquinas fotográficas en dos décadas

MIS MÁQUINAS FOTOGRÁFICAS EN DOS DÉCADAS, 2000 a 2022. Revisión de la misma entrada del 2018 y añadida.
«Para valorar fielmente el presente a veces es necesario conocer con detalle el pasado”.
Este post es bastante extenso porque tratar de meter en solo una cuartilla  veinte años cacharreando con cámaras fotográficas digitales no sería trabajo fácil, pero será ameno de leer pues una sucesión de motivos y contratiempos hicieron que pasaran por mis manos una docena de cámaras. En todas ellas he encontrado algo positivo y diferente a las demás. Recientemente he tenido ocasión de probar la Nikon 850 y cierto es que para estas cosas “no hay nada como tener dinero, bueno, eso y querer gastárselo”. Aprovecho para decir que en esta cámara en el apartado vídeo 4k está todo muy estudiado y muy bien conseguido, será difícil de mejorarlo o superarlo por ellos mismos o por otras marcas.

Hasta la fecha (dic 2022) he ido acumulando en el cajón hasta ONCE cuerpos de cámaras réflex, desde las más sencilla de Nikon que fue la D40 y la Canon 350D hasta las dos últimas que entraron en casa el día 1 de enero del 2022, que son la Canon 6D y la Nikon 810, ambas ellas de formato Full Frame y que han eclipsado totalmente a sus antecesoras.

Cualquiera puede pensar que soy persona rica en caudales o quizás ligero de cascos por haber llegado a este nivel de coleccionar cuerpos de cámaras réflex pero soy todo lo contrario, salvo un par de ellas que me regalaron (por ser modelos ya obsoletos o averiadas) el resto han sido para evolucionar y alguna que otra para darme el capricho de cambiar porque Continuar leyendo «Mis máquinas fotográficas en dos décadas»