LA IA QUE MATÓ LA FOTOGRAFÍA Sept 2025
Ya se comienza a escuchar que en pocos lustros dejará de existir el mundo de la fotografía tal como era hace cinco años, donde ya se comenzaba a hablar de la Inteligencia Artificial aplicada a la Fotografía.
Claro está que eso es imparable, como fue la electrónica con la llegada del transistor y luego los circuitos integrados o la informática que, duplicaba la velocidad de los procesadores en menos de un año.
Cuando las primeras cámaras digitales hicieron su presencia y a la vez el ordenador entró en casa (1999) lo siguiente que me robó mucho tiempo fue el PHOTSHOP, programa para “mejorar” las fotos (algunas veces) y para destrozarlas otras; en definitiva “ALTERARLAS O MODIFICARLAS”.
Atrás había quedado el mundo analógico donde lo que salía de la cámara era tal cual, salvo que tu mismo revelaras y modificaras en muy poca cosa las luces y las sombras, y ya si eras un auténtico especialista hasta podías hacer desaparecer una persona o algo semejante, algo para la gran mayoría de nosotros era totalmente impensable, entre otras cosas porque cuando habías pulsado el disparador ya no había marcha atrás, quien no dejaba de quejarse mientras encuadrabas y repetía constantemente “pero para hacer una foto ¿hace falta tanto tiempo”? y luego ese mismo protestaba porque aparecía con la boca como un serón, pues así se quedaba para siempre, ahora no, le cambias los morros y si resulta que es bizco y no le gusta su aspecto le pones unas gafas y ya está, si la novia o novio son gordos y quieren ser más flacos pues ya está, todo es cuestión de un cuarto de hora más.
Si eres de los “fotógrafos” (fotógrafo=persona que hace fotos) que al mostrarlas buscas que tus fotografías hagan abrir las bocas de los espectadores en el primer instante, es muy probable que esta IA sea justo lo que necesitas, fotografías de impacto, lo que entra por los ojos. Pero la fotografía es más, es mucho más, al menos para mí.
Por aquellas fechas de principios de siglo XXI ya conocí a algunos paisanos que habían transformado la cara de su suegra hasta que pareciera un cerdo, jajaja, era una manera de demostrar su habilidad con el Photoshop pero… ¿eso para qué sirve?
Pues hoy esta IA (que está arrasando) sirve para crear retratos impresionantes, muchachas vestidas o desnudas, con curvas imposibles, de las que en mis sesenta y tres años jamás me tropecé con nada semejante, rostros (principalmente femeninos) con miradas en las que puedes ver al mismísimo Satanás, tu mismo retrato delante de la Eiffel o de la Libertad (cuando nunca estuviste por allí), todo ello con un realismo casi perfecto (mirado en la pantalla del móvil), retratos de todo tipo, retratos que te muestras como será tu aspecto veinte años después o incluso cuarenta años antes, cuando andabas en la pubertad, en fin, algo que parecía imposible hace una década.
A día de hoy, septiembre de 2025, casi cualquiera, o mejor dicho, cualquiera que se lo proponga, en menos de diez minutos, puede transformar cualquier fotografía de paisaje en una postal impresionante, le puede poner pajaritos o buitres en el cielo, nubes y rayos del tipo que le dé la gana, cielo con nubes o sin ellas, añadir caballos pastando, patos en un estanque inexistente en el lugar que tomó la foto y un sinfín de detalles más, dejando la fotografía preparada para entusiasmar a cualquiera que se la presente, sobre todo en el móvil, otra cosa ya más seria sería mostrarla en una exposición a tamaño 50x 40 centímetros, en la que si se analiza un poco te darías cuenta de que el caballo perdió una pata sin motivo aparente, algunos pájaros vuelan solo con un ala, las nubes reciben la luz de al menos dos soles en dos horas diferentes del día, una del amanecer y otra del medio día y así un largo etc, etc etc.
Pero vamos a ir un pasito más adelante. Incluso sin haber salido de tu zulo donde te has debatido más de veinte años contra el Photoshop y sus virtudes, puedes conseguir obtener la misma foto o incluso mucho mejor, solamente con dictarle a “La Siri” que te prepare una imagen con un valle espectacular, con su lago en el centro, sus patitos volando, sus tres montañas nevadas a lo lejos, y su bandada de pájaros (eso siempre viene bien) volando al atardecer, ¡ha, eso sí! No se te olvide pedirle que la puesta de sol sea espectacular con unos rayos que crucen de “pe a pa” todo el encuadre.
Bueno, pues todo ello en menos de tres minutos lo tienes presente y si no te gusta pues le formulas el mismo deseo en otro orden y obtendrás resultados parecidos y así eternamente, porque “La Siri” no se cansa nunca, es como “el Terminator”. Mi Siri no cambia el genio cuando le digo que es una INÚTIL, quizás sea porque no quiere continuar con la conversación ante el temor de que la desconecte para siempre o la mande a tomar por culo por lo incompetente que resulta ser algunas veces, como por ejemplo cuando no tiene cobertura de red me ignora totalmente, como si fuera un criado que tiene que tener siempre una enciclopedia en la mano y debe estar siempre esperando a que le preguntes cosas, ni siquiera la hora te puede dar cuando no tiene cobertura de red.
Quizás a ti, “fotógrafo”, es lo que te gusta, porque a la media hora de colgar esa foto en Instagram ya tienes muchas más visitas que entre todas ellas juntas del mes pasado, ¡ole, lo conseguiste! Ya has aprendido a atrapar clientes, visitas que buscan lo mismo que tú, que te pinchen en el “me gusta” y si ya pierden unos minutos en poner un comentario como “Vaya foto espectacular” ya no digamos… eso es la pera, pera limonera.
Bien seguro estoy que en breve, muy breve, la fotografía de producto tal como la hemos conocido, desaparece, eso de vender unos jabones, un frasco de colonia, o unas frutas eso ya nada tiene que ver como se hacía hasta hace bien poco que era: Colocar el producto en un lugar apropiado, con un fondo, con una iluminación, con una escena perfecta en la que quizás (si era vídeo) la cámara se movía por delante de él o a su alrededor para mostrar más detalles del producto… todo eso ¡se acabó! Y si aún sigues haciéndolo es que te quedaste atrás ¡güey!
Otro peligro que trae esta IA, que no sé por qué cada vez que la veo escrita me recuerda a la “TIA” del Mortadelo y Filemón (T.I.A. Técnicos de Investigación Aeroterráquea) es que YA MISMO, ni siquiera hay que esperar a MAÑANA, de lo que vemos no nos podemos creer nada, ni en foto ni en vídeo.
Con la tecnología actual de televisiones de 4K o de 8K en las que, salvo pagues y lo veas en Ultra Alta Definición, el resto es una MIERDA de calidad, en las que l@s presentadores del telediario presentan un rostro límpido de arrugas, con una cara de Virgen de cera, con un color en toda ella sin apenas degradados que da lástima.
Sí, sí, hemos ganado en TAMAÑO DE IMAGEN y lo hemos perdido en el degradado de colores, donde ahora los cielos (en su gran mayoría y producto de la compresión tan bestial de la imagen) tienen todo el mismo tono de color, como si de una tela del mismo tono hubiera cubierto el cielo. Si te fijas en el cielo hay gran diferencia de mirar donde está el sol a su lado opuesto. Colores por lo general “lavados”, víctimas de la compresión del archivo.
Esto, claro, para quien no sabe distinguir a cien leguas una foto alterada de otra más o menos real le sonará a chino, es más, le importa lo más mínimo, pero los que andamos ya con los güevos pelaos de arrastrarlos por este mundo digital pues nos reconcome las entrañas porque no podemos hacer nada para evitarlo.
Hace ya ocho años que entró en casa una tele de esas grandes, de 55 pulgadas, de esas que decían buenas, Samsung, la verdad es que en todo este tiempo no se ha quejado, ya le faltará poco para morir de obsolescencia, el caso es que a los pocos días de tenerla me pasé una tarde entera con una plantilla de colores y tonos poniéndola como yo entendía que debía ser, no como el fabricante me la ponía por defecto, en la que las SOMBRAS eran todas NEGRAS y en cuanto había una zona blanca, como la camisa del presnetad@r del telediario, la textura del tejido desaparecía mostrando únicamente una zona BLANCA en toda ella.
Claro, eso es lo que el usuario quiere ver, una televisión donde los colores sobren hasta caerse al suelo. Como anécdota contaré lo que me sucedió por aquellos mismos años con los ajustes de una tv.
Un compañero, con el que compartimos muchas excursiones de fotografía, se había comprado una tv de esas nuevas y me pidió que se la ajustara tal cual yo había hecho con la mía un tiempo antes, pues bien, una tarde nos pusimos allí con ello.
Al menos anduvimos con las plantillas de color y tonos un par de horas y cuando ya la tuvimos a punto (según nuestro criterio), visualizando en ella fotografías nuestras que habíamos dejado delante de la pantalla del ordenador bien ajustadas de luz y color, dimos por finalizada la maniobra.
Al ratito llegó su mujer, nos vio allí, tumbados en el sofá, con el mando a distancia en la mano todavía… al instante preguntó: ¿Qué habéis tocado de la televisión que se ve mal? Dos minutos después ya estaba la televisión tal cual el fabricante la había dejado.
Sobre esta tecnología de imagen digital voy a abrirte los ojos, fíjate que en muchos momentos, si el flujo de datos no es demasiado bueno, el sonido va por un lado y la imagen por otro, hay un desfase de varios milisegundos, a veces más, a veces ya es bochornoso, claro que como estamos acostumbrados a “ver sin mirar” da igual, no andamos viendo la televisión y leyendo los labios, pero a veces es insultante cómo eso puede funcionar así.
A veces me ha pasado en algún vídeo mío que, al trabajar con varias cámaras a la vez, me he despistado y el sonido no concuerda exactamente con la imagen, pues bien, NADIE me lo comentó, y si yo le pregunté sobre ese error en la edición nadie se dio cuenta.
Aparte de todas estas cuestiones más o menos técnicas que no llevan a nada, voy a tratar de explicar lo que para mí ES LA FOTOGRAFÍA, algo que ninguna IA ni ninguna TIA podrán sustituir.
Para mí la fotografía, (ya lo he dicho en alguna otra ocasión) no es el hacer fotografías sin más, cuantas más mejor, es fotografiar “con cabeza”, buscando el lugar, buscando el momento, empleando la mejor técnica que conozco, etc y al final tratar de conseguir que justo lo que estaba sintiendo y presenciando en aquel justo momento podiera trasmitirlo a quien pudiera contemplar mi fotografía.
Claro está que el tipo y manera de presentarla difiere mucho, tanto que he visto fotografías en tamaño miniatura (en la pantalla de un móvil) que poco tienen que ver cuando las imprimes en un papel a tamaño 20×30 y mucho menos si ya llegas a imprimir a 64×40 y la contemplas a una distancia de un metro. NADA QUE VER.
La fotografía es buscar, ver, preparar, esperar al momento del día, de la estación o del año, para conseguir lo que de verdad quieres, si es verano lo mismo hay que esperar al invierno cuando los árboles no tienen hoja, o al revés, quizás esa fotografía es preferible tomarla en invierno, con nieve o incluso escarcha, para que la tierra o las hierbas no despisten la mirada del observador. Si es en la ciudad la luz de la noche cambiaran por completo su aspecto, si hay movimiento de coches crearán estelas de luz que por el día son imposibles, y así un eterno sin fin de posibilidades.
Ahora viene la parte de crear esa fotografía. Hasta las cámaras que no tienen visor óptico las tengo manía, no hay nada como mirar por la ventanita para componer, claro está que en ocasiones el visor digital o la pantalla te ayudan a componer.
Mirando por el visor eliges en ese momento la perspectiva que quieres y te sorprendes cuando, con un angular, te desplazas tan solo medio metro en la escena, todo cambia rápidamente de tamaño y perspectiva, por ello me gustaría preguntar ¿acaso a una IA le puedes pedir que te haga la foto con esta focal, esta abertura o esta velocidad?
Hace ya unos años pusieron en el mercado una cámara más bien pequeña, del tamaño de una caja de tabaco o incluso algo menos. Tenía la particularidad de que tu solo tenías que tener la precaución de hacer la foto, luego en casa, tranquilamente, delante del editor de fotos, podías elegir la profundidad de campo que quisieras, elegir el punto de enfoque en cualquier lugar de la imagen, daba igual si era un retrato de una o más personas en un paisaje, daba igual, la máquina hacía la foto y luego tu, tranquilamente, decidías el aspecto que aquello podía mostrar, pero aquello no triunfó, y digo no triunfó porque no veo publicidad en la web ni de la cámara ni de sus fotos y es que aunque la idea sea genial, luego tiene que ser PRÁCTICA y es mucho más práctica hacer la foto con el móvil y al instante enviarla donde sea… eso es lo que prima, eso es lo que realmente importa, eso es lo que realmente más se valora.
Lo mismo estás pensando que no hago fotos con el móvil, pues SÍ, claro que hago fotos con el móvil, pero ya se de antemano que muy pocas de ellas llegarán a la web y menos a ser impresas en un papel. Cierto es que algunas veces, gracias al móvil, tengo fotos interesantes como recuerdos de personas, momentos o lugares, porque la mejor cámara es siempre la ÚNICA que llevas en ese momento.
Es probable que pienses, a estas alturas del texto, que yo no manipulo mis fotografías, ¡pues claro que las manipulo! Si cuando la tomé fui tan idiota de no ver que una piedra situada a corta distancia llama la atención más de la cuenta y no la vi en el momento de tomar la foto, bien porque fuera de noche, bien por las prisas o bien porque no le di la importancia que merecía en aquel momento, pues luego en edición la quito y punto.
A veces lo contrario, con la cámara puesta en el trípode he visto que había un trozo de la escena “pelao” sin nada de interés, y he puesto allí un cardo seco, unas piedras, la mochila u otro elemento etc. Alguna que otra vez un trozo de jara lo he tenido que clavar en el suelo para evitar que se viera algo que distraía al observador, podía haberlo hecho probablemente en el Photoshop, pero lo evité de esa manera tan práctica.
Cuando comencé en esto de la fotografía a lo largo del año tomaba treinta o cuarenta mil fotos al año, hoy probablemente no llegue a las diez mil. Cierto es que muchas de ellas (al menos el treinta por ciento) era para descubrir las posibilidades que tenían las cámaras y sus objetivos, para así poder estrujar bien sus características y corregir sus defectos en postproducción.
Otro número importante de ellas las hacía por el simple hecho de “saber cómo se verían en el monitor”. La experiencia me hizo aprender que dependiendo del tamaño de la presentación de la foto así puede afectar de una u otra manera al observador. En las fotografías pequeñas, o bien por el tamaño del sensor, o bien por el tamaño de impresión, o bien por la calidad del monitor, muchas fotografías pierden totalmente su encanto por el hecho de verse tan reducidas, pues de esa manera muchísimos detalles no llegan a destacar y sin ellos pues no se trasmite el mensaje que queríamos trasmitir con dicha fotografía.
No creo que pueda llegar a existir ninguna IA, ni siquiera con gafas de realidad virtual, que se pueda comparar con obtener una fotografía en aquel lugar y momento que te gustaría capturar para siempre.
La fotografía no es ni mucho menos eso, apretar un botón, hay todo un mundo de sensaciones, de exigencias, de deseo, de sacrificio hasta conseguirla. También es cierto que algunas de ellas salen casi de chiripa, justo en aquel momento salió el sol, se puso a nevar o llover, las nubes ocultaron el sol o la luna o aquel atardecer impresionante, único e irrepetible y te pilló a ti allí, con la cámara medio preparada… pero de esas las de menos, a esas las llamo yo “suerte de principiante”.
En una ocasión preparamos una escena para hacer un timelapse de varias horas. Era invierno, en el campo, varias horas nos costó componer la escena, instalamos un árbol seco que había en los alrededores, porque donde deberíamos poner la cámara no había objeto cercano para dar profundidad a la escena. Clavamos en el suelo varias ramas de jara para evitar que se vieran los cubos de la basura; como era de noche instalamos débiles lucecillas sujetas a varias cañas de pescar clavadas en el suelo para simular la luz de la luna, etc etc.
Finalmente aquello y después de tanta preparación no salió bien, porque cuando la máquina llevaba ya más de hora y media tomando fotografías la temperatura bajó tanto que se empañó el objetivo y en vez de enseñarnos la Vía Láctea mostraba como una niebla espesa, en fin, “perdiendo se aprende”.
Cuando altero una fotografía me sabe mal, incluso cuando mezclo tres fotografías tomadas el mismo día y a la misma hora, como son las de la Vía Lactea, para conseguir un poco más de luz o color en el cielo, me sienta mal, porque ya sé que está manipulada y “no es lo mismo”, no es lo mismo.
En fin, que la IA vino para quedarse, pero el fotógrafo, aquel a quien le gusta mirar por una ventanita, aquel que le gusta surcar caminos, transitar por valles, trepar montañas, cruzar ríos y barrancos, pasar noches contemplando las estrellas e incluso ver cómo la mochila cambia de color por la escarcha. Así que no me den IAs y que me den cámaras, salud y ánimo para llevarlas encima para seguir tomando fotografías como se vino haciendo en los últimos tiempos.
Si tengo que pasar frío, calor, penalidades, las paso, porque es el momento de tomar esa fotografía y no hay muchos más como ese, esa foto que llevo esperando meses, incluso muchos meses, para tomarla en el momento que más me interesa, para que trasmita eso, lo que yo siento en ese momento y lugar, esa fotografía en la que el árbol debería estar desnudo, la luna a un cuarto de su luz y la Vía Láctea a una hora determinada para que entre en el encuadre en tal posición.
Por cierto, la fotografía de la portada es un montaje, está tomada en las afueras de Guadalajara, polígono industrial.
