
Siempre he dicho que hacer fotografías espectaculares en lugares donde hay conflictos o paisajes fuera de lo común no tiene gran misterio, no dudo que tiene su mérito, porque fotografiar en esos lugares, en esos ambientes, en los que tienes que afrontar muchos peligros y sacrificios, solo por ello ya deberías tener el premio asegurado.
Por los conflictos y enfermedades presentes en esos lugares tienes sopesar que puedes ir y no volver. Tienes que viajar, probablemente a un lugar bastante remoto, no conoces el idioma del lugar, no sabes dónde vas a dormir, donde vas a comer, como te vas a mover, cómo te vas a proteger ante los peligros etc… lugares que yo no sería capaz de visitar ni aunque me llevaran de la mano y además me aseguraran el regreso, para mí ese es el principal valor como fotógrafo.
Una vez allí, en esos lugares descritos, con poca técnica o experiencia que se tenga es suficiente. Nadie va a cuestionar si el sujeto protagonista de tu foto elegida ese mes para la portada de la revista aparece movido o desenfocado en la foto, si el aspecto es mejorable, si estaría mejor en blanco y negro o en color, si te tomó con una cámara con limitada sensibilidad y no presenta la nitidez necesaria, si se tomó con un móvil viejo o con un camarón nuevo, si está o no perfectamente encuadrada, etc etc, lo que importa es ese instante capturado.
Lo que trasmite cuando la ves es la esencia, el resto carece de importancia. A nadie le importa si no dormiste durante la noche anterior, si llevabas la ropa mojada porque te pilló una tormenta tropical, si te dolía la cabeza o el brazo o si llevabas dos días sin comer, eso no le importa a nadie, la foto, es lo que importa, eso es todo.
Si presentas una fotografía y tienes que sostenerla diciendo a todo el mundo las penalidades que pasaste hasta conseguirla… ¡mal vamos! Otra cosa diferente es que esa fotografía una vez valorada, criticada o comentada expliques como llegaste a ella, técnica, anécdotas de esa sesión, del tiempo o lugar, etc.
En esos lugares del mundo que hay un montón de acción, de movimiento, de personas de diferente índole y aspecto, (tanto es así que algunas parecen importadas de otros planetas), ahí sí es fácil conseguir fotografías impresionantes, pero los que no tenemos ni posibilidad de viajar a desiertos, a altas montañas o a lugares perdidos, tenemos que recapacitar y preguntarnos si nuestras fotografías nos gustan, primero a nosotros y después si las podemos comparar con otras similares de compañeros que triunfaron, compañeros que, como fotógrafos, tienen más fama reconocida que nosotros y han destacado en ese mundo.
Cuando eso llega, cuando tus fotos “se pueden comparar”, quiere decir que ya tienes un buen nivel. No debes tomar nunca de referencia redes sociales como Facebook o Instagram donde es muy fácil y rápido dar o no dar al botón, la mayoría de las veces un like es solamente un saludo y el peor de los casos es que puede suceder que sea una buena obra y pasar desapercibida, pues los espectadores no están “capacitados” para analizar lo que verdaderamente se encuentra en esa fotografía, son meros espectadores y no expertos en fotografía; si les hablaras de líneas de fuerza, líneas de expresión, círculo de confusión y mil ostias más sobre esa fotografía no sabrían de qué les estás hablando.
Una fotografía expuesta en el tamaño de un móvil no es precisamente la mejor manera de presentarla, por lo general ahí se ve todo bien, sobre todo si estás influenciado por el autor y su nivel en la materia.
Quienes miran nuestras fotos en Instagram o Facebook, (generalmente) no son especialistas en el mundo de la fotografía y solo ven BUENAS FOTOS en lo que “les entra por los ojos a golpe de pronto”, o sea, fotos pictóricas o llamativas, con gran impacto visual. Rara vez un profesional o aficionado avanzado emplea su tiempo en entretenerse mirando y comentando fotos de Instagram o Facebook salvo que esté muy ocioso.
He visto resultados de concursos, en los que el público ha sido el propio jurado, que, desde mi punto de vista de aficionado avanzado, han tenido resultados escandalosos, insultantes, surrealistas. Concursos en los que las obras de principiante han ganado el primer premio y otras mucho más trabajadas, elaboradas y con mucha más carga artística han quedado por detrás de ellas. El motivo está claro, el nivel del jurado lo dijo todo.
A todos nos gustaría tener 3200 seguidores y que cada foto nuestra de Instagram llevara al menos 3199 likes, incluso he experimentado que alguno se molesta porque sus amistades no hacen ni siguiera el gesto de pulsar el botón, para valorar tus fotos no caigas en esa red, hay otras de otro nivel que son más acertadas.
En estas redes sociales en las que mostramos nuestras fotos, fácilmente solemos caer en el síndrome de Solomon Asch. En pocas palabras: Como a todo el mundo le gusta esa foto tú indicas lo mismo, por no tener el coraje de llevar la contraria a la gran mayoría.
Solomon Asch hizo un importante experimento en psicología social que demostró cómo la conducta humana está influenciada por el entorno y la presión social.
Con ese like que le das por complacerlo le estás haciendo al autor es un flaco servicio, no le estás dando tu parecer verdadero, solo estás alimentando su bola de nieve. Si eres amigo de él debes decirle lo que piensas sobre su fotografía, pero no en público, ya sabemos que “se premia en público y se recrimina en privado” ahora bien, si el autor de la fotografía es un tipo soberbio y prepotente, de esos que todos conocemos alguno, y que por ello no te cae bien, es mejor que le piques un buen LIKE en su foto, de esa manera se creerá que sigue siendo “el campeón” y no se molestará en aprender.
Para mí un buen fotógrafo (digo “buen y no gran”), es aquel que en un simple paseo vuelve con alguna foto de cierto interés, digna de ser mostrada, una foto que años atrás esa misma foto “ni siquiera la hubiera visto ni aunque la hubiera pisado”, no importan luego los likes que tengan, eso para mí ya tiene su mérito.
En esas últimas fotos que hiciste, a diferencia de años anteriores, ves en ellas líneas, curvas, colores, sombras, perspectivas; antes pasabas por ese mismo lugar como si fuera de noche o con los ojos tapados pues todo eso no lo veías, eso se llama “evolución”.
Has aprendido a esperar, a esperar el momento apropiado, entiendes las horas de luz, los ángulos y color de la misma, las velocidades de disparo máximas y mínimas, como decía antes, no te desesperes si no obtienes suficientes likes, quizás sea porque tus paisanos no consiguen ver en tus fotos lo que tú sí y por eso simplemente muchas buenas fotografías pasan desapercibidas.
Para valorar y acertar hay que entender del tema, no así para solo opinar, opinar es gratuito, otra cosa es opinar, valorar y acertar.
Con toda esta palabrería no quiero decir que mis fotografías son todas estupendas y dignas de ganar cualquier concurso y lo que sucede es que quien las mira no entiende mi arte, ja aja ja.
“Es que mis fotos en flickr tienen 7400 visitas” ¡claro! lo que no dices es que estás participando en 284 grupos y que cada día empleas una hora en “hacer amigos” en ellos, ¡claro! además esos grupos no están elegidos al azar sino que en cada uno de ellos hay al menos 4500 miembros… con ello te estás auto engañando, pero si eso te hace feliz… ¡adelante!
Te podrás considerar buen fotógraf@ cuando, estando en el mismo evento con otros compañeros, consigas algunas fotos interesantes que mostrar, mientras el resto ni siquiera se han atrevido a disparar sus cámaras.
No tomes de referencia los concursos en los que participas, tanto si ganas como si no ganas, lo más probable es que no coincidieras en los mismos gustos que los miembros del jurado, piensa que hay muchos participantes (por lo general todos muy experimentados), sin embargo el premio se lo llevan muy poquitos y no por ello, quienes no se llevan premios, sus obras tienen poca calidad o poco de arte.
En fin, tú mismo… por cierto, la foto de la portada es una amapola, aunque a primera vista parezca un pubis femenino.
Febrero 2022, REV sept 2025.
