LA FOTOGRAFÍA EMBLEMÁTICA DE ALCORLO REALIZADA POR TOMÁS CAMARILLO. La fotografía emblemática de Tomás Camarillo PDF
“Levanté la mano y dije: “Yo soy hijo de la niña y nieto de una de esas señoras”… La autora se quedó sorprendidísima, ¡qué casualidad!…
Para muchos de vosotros os resultará familiar esta fotografía tomada en Alcorlo por Tomás Camarillo a un grupo de aldeanas, por allá sobre el 1932,pero seguro estoy que pocos conoceréis la historia que aquí voy a relatar sobre ella.
Es muy probable que no le dedicaría este tiempo si no fuera porque en ella está plasmada la ÚNICA imagen que tenemos en la familia sobre mi abuela María, María Llorente Vacas, a quien no llegué a conocer por no coincidir en el tiempo con ella. Por si eso fuera poco también está la figura de mi madre siendo niña (es la menor de las dos niñas) y la de su hermana.
La abuela María es la que sostiene una lata metálica con el brazo izquierdo. La primera por la izquierda la hemos identificado recientemente como Paula Llorente Vacas, (hermana de María) esposa de Sabas del Amo Vacas, las otras dos aldeanas aún no están identificadas.
Todo comenzó sobre el año 1985 cuando la tía Manuela (la niña que sostiene un atado con amapolas y pañuelo claro en la cabeza) descubrió esta fotografía en un libro que rondaba por Cogolludo, localidad donde residió sus últimos años, una vez fue desalojado Alcorlo por la construcción de la presa que lleva su nombre. El libro creo recordar guardaban en la biblioteca pública de Cogolludo.
Poco tiempo después ese libro cayó en mis manos, del título no puedo dar fe, supongo que hablaría de la serranía de Guadalajara. No sería difícil de localizar ya que no existen muchos ejemplares de aquellas fechas.
Coincidió por aquel tiempo que mi amigo Luis se acababa de casar y en las Islas Canarias donde pasó sus primeros días de casado parece que regalaban las cámaras fotográficas réflex, por lo que se trajo una de ellas en la mochila.
Con esa cámara fotográfica hice una fotografía a la página donde venía mi familia, era un documento único e importante para mí ya que de mi abuela María no tenía una imagen de ella, no sabía qué aspecto tenía, sin embargo sobre su persona, su forma de ser y sus enfermedades he reunido unas cuantas cuartillas.
También hice otra foto a la calle principal de Alcorlo, fotografía que me resulta impresionantemente bien resuelta, tanto que, pese a mi experiencia en fotografía, tendría yo hoy dificultad en mejorarla.
Aprovecho para destacar que en esa fecha de 1932 Alcorlo ya disfrutaba de la electricidad, especialmente de alumbrado público en la noche, en la imagen se puede apreciar el tendido eléctrico trifásico y la bombilla de 15 watios anclada en la fachada.
Al año siguiente o como mucho dos años después (1988), en una reunión familiar en casa de mis padres, nos comenta mi madre que “se había visto ella en la televisión”, que había salido la foto de ella con su hermana Manuela y su madre.
Se trataba de una serie televisiva de dos o tres capítulos, así que a la semana siguiente a esa misma hora ya estábamos todos allí esperando a que mi madre apareciera en la televisión de nuevo.
Y así fue, la película o documental comenzaba con una proyección de fotografías realizadas en aquellos años mientras iban apareciendo en pantalla los créditos, pero todo quedó allí, en la mera casualidad de que mi madre, después de cuarenta y seis años de que se tomara aquella fotografía apareciera en la tv ¡Quién se lo iba a decir a ella, que se marchó del pueblo sin apenas haber visto una televisión!
Dos años después (1990) nació mi primer hijo y con ello vi la necesidad, igual que habían hecho mis antepasados de alguna manera, de comprarme una cámara para inmortalizar los momentos, la cámara era y es una Yashica, réflex, con un objetivo 50mm que, por lo visto para comenzar era lo básico.
Cuatro años después (1994) falleció mi madre repentinamente y en ese momento comencé a darle una importancia vital a los recuerdos, importancia que hasta entonces no veía, ¡qué mejor que tener una fotografía para recordar a las personas!
Lo primero que eché en falta es que en los CATORCE meses que mi hija y mi madre coincidieron en el tiempo ni yo ni nadie (que yo sepa) les hicimos una fotografía a las dos juntas.
Eso me generó una rabia tal que poquísimos meses después (creo que con la paga extra de Junio) me traje a casa una cámara de vídeo, porque ya no me servía tener una FOTOGRAFÍA, ahora quería que además de la imagen quería tener el sonido, y también ¿por qué no? cualquier movimiento individual de cada persona, además de ver su cara, su cuerpo, quería ver cómo eran de verdad. Con ello quería dar fe en el futuro de cómo eran o como éramos.
Siempre he dicho que una fotografía de retrato es importante, porque muestra la persona tal como es, pero en el vídeo tambien podemos saber si era coja (por ejemplo) o tenía la voz aflautada ¡donde va a parar una cosa con la otra!
El año 2000 lo estrené con una cámara fotográfica digital, de lo mejorcito que se había fabricado hasta el momento para uso doméstico, una Fuji 2900 zoom, de 2.3 Mpix. Aquello cambió radicalmente mi mundo de la imagen, las posibilidades de hacer una fotografía y ver el resultado al instante eso era el sueño dorado de una noche de verano para cualquier fotógrafo, especialmente para un novato como yo.
En Septiembre de 2002 (eso dicen los datos EXIF de las fotos) pasé por la CFIHGU de Guadalajara, o sea, el archivo fotográfico histórico, allí me habían dicho que tenían las fotografías de muchísimos pueblos de Guadalajara y las de Alcorlo seguro que allí estarían.
La persona que me atendió no pudo ser más amable. En poco tiempo puso delante de mí las fotografías que yo andaba buscando y ¡claro! Me las quería llevar de alguna manera conmigo.
Aprovechando que tenía allí mi cámara digital le pedí al funcionario que me dejara subir arriba con ellas, al patio, allí que había más luz, para hacerles una fotografía con mi cámara a aquellas pequeñas postales.
En diez minutos había terminado la obra y como si aquellas fotografías me quemaran en las manos bajé rápidamente con ellas para entregárselas a quien me las prestara unos minutos antes, como si nada hubiera pasado. Ahí se ve el banco de madera donde las deposité para fotografiarlas.
Contentísimo estaba yo con mis fotografías conseguidas que se veían de mil maravillas en aquellos monitores de 800x 600 píxeles. En ellas descubrí que mi abuela llevaba pendientes y anillo, aunque hoy, con monitores CINCO veces más resolutivos no sea capaz de asegurar lo del anillo.
En el 2005 el mundo digital ya había dado un vuelco tremendo, y se me ocurrió que quizás pudiera conseguir un archivo digital de la fotografía de mi familia y del resto que tomaron allí en la misma fecha.
Allí me presenté yo con un pendrive, en la CFIHGU por si había suerte, y sí, me las traje en formato digital pero mi gozo cayó en el pozo más profundo cuando comprobé que la calidad era pésima, una resolución justita para imprimir a tamaño 10 X 15, el archivo ocupaba poco más de 200 kb por foto. Cualquier foto de cualquier móvil de hoy ocupa 3000 kb, o sea, quince veces más. Imagen de la abuela María Llorente Vacas reparada por IA.
Al ver aquellos archivos me pareció interpretar que la digitalización más cutre no podía haberse hecho, las fotografías en vez de mostrar un poco de borde estaban sin borde, me temo que al escanear recortaron hasta dejar el borde fuera del escaneado, de tal manera que me temo que en esta fotografía en concreto, los pies aparecen más cortados de lo que supongo la original tenía. Quiero pensar que ese trabajo tan rutinario lo realizó un “becario” y su responsable lo dio por bueno.
Cuando escaneo un documento o una fotografía siempre dejo un poco de borde porque “para quitar siempre hay tiempo”.
Ya sería sobre el 2012 (siete años después de mi segunda visita a la CFIHGU) cuando volví a insistir de nuevo (tras una visita guiada por parte de “instagramersguadalajaraesp” al CFIHGU), para comprobar si podía obtener mejores resultados que la última vez, iluso de mí pensé: ¡Quizás han actualizado ese material con tecnología más reciente!
Esta vez salí de allí con unas copias en papel folio estándar, del tamaño tan justo que no llegaban a alcanzar la calidad que mi Fuji consiguió el primer día, como viene siendo habitual pagué la cantidad estipulada por las imágenes y ya nunca más volví por allí.
Ese tipo de imágenes están tan bien protegidas y cuidadas que no abandonan su depósito (con humedad y temperatura controlada) si no es por fuerza mayor, ¡como así debe ser! Lo curioso del caso es que cuando en aquella oficina comenté que estaban muy pobres de calidad la persona que me atendió se sintió sorprendida y me contestó: “No, no, calidad tienen mucha, precisamente no hace mucho imprimieron una de un pueblo a tamaño más de dos metros, y se veía bien”. Ante la ignorancia que tenía aquella persona sobre impresiones y calidades fotográficas no me molesté en abrir la boca y aclararle lo que son los “círculos de confusión” en una imagen o la resolución de impresión. So pena que hubieran vuelto a escanear dicha fotografía para aquella causa, cosa que dudo pero no descarto.
Un detalle voy a anotar aquí sobre esa última visita a la CFIHGU. Resulta que no conocían la fecha exacta de esas fotografías y cuando le expliqué quien eran las niñas y su fecha de nacimiento, llegamos a la conclusión de que era el 1931 o 32, porque mi madre nació en 1927 y en la fotografía no aparenta tener más de cuatro o cinco años.
La funcionaria que me atendió tomó nota y agregó ese dato sobre la fecha en los archivos, y así consta desde entonces porque el día 7 de febrero, en la presentación de un libro, la autora habló sobre esa misma fotografía y de ese mismo año, entendiendo con ello que se guardó como válida aquella información que aporté dicho día.
San Blas, La Toba, 7 de febrero de 2026. Ese día celebraron la festividad de San Blas en ese pueblo, como ya viene siendo habitual ese día voy por allí y hago un vídeo resumen de los eventos de ese día.
Por la tarde habían organizado la presentación del libro libro “Y la cesta a la cabeza”, Niñas de posguerra en la la Alcarria de Guadalajara.
Por el título ya sabemos de qué va el libro. Fue ya al finalizar el acto cuando la autora nos fue desvelando algunos detalles de la obra cuando salió a la luz la fotografía de Camarillo.
Levanté la mano y dije: “Yo soy hijo de la niña y nieto de una de esas señoras”… La autora se quedó sorprendidísima, ¡qué casualidad! Y ya cuando comenté que esa era la UNICA fotografía que existe de mi abuela… se quedó sin palabras, también aclaré que la fecha que decía haber tomado esa fotografía era por mi visita a la CFIHGU unos años antes, que anteriormente no la conocían, la estimaban.
No cabe duda de que se trata de una fotografía emblemática de lo que era la Sierra de Guadalajara en aquellas fechas.
ALAIN, PILI Y LA FOTOGRAFÍA DE ALCORLO. Hace tres o cuatro años estuve en Almería, en casa de Pili y Alain, una visita de dos o tres días. Mientras tomábamos un aperitivo descubrí esa fotografía en un cuadro que tenían en el comedor. No era una copia grande sino tamaño 15×20 aproximadamente.
Se me ocurre darle la vuelta al cuadro y me encuentro un dibujo que era la silueta de las personas que había en la fotografía. Es como si la fotografía la hubieran puesto contra una luz y hubieran dibujado las figuras a tamaño real. Luego habían escrito los nombres de las personas que conocían y también el lugar y la fecha que había sido tomada.
Hasta ahí todo bien, nada importante, todo dentro de una lógica natural, pero resulta que en esa caligrafía yo veo que es mi letra, sin embargo ni yo recuerdo cuando hice ese dibujo ni Alain saben darme noticias sobre el origen de esa fotografía más allá de que lleva allí más de quince o veinte años.
En todo ese tiempo nadie la ha sacado del cerco porque el plástico que tiene por detrás así lo indica.
Yo no recordaba ni el motivo de entregarles esa fotografía, ni el motivo de hacer las siluetas, ni nada de nada. Por otra parte me dice Alain que en todos estos años que ha estado esa fotografía allí expuesta, entre Pili y él nunca hablaron de ella.
Después de devanarme sobre ello bastante los sesos, especialmente durante el tiempo que he estado escribiendo este relato, he llegado a la conclusión de que en el segundo encuentro que tuvimos en su casa de Almería después de contactar con Pili y Alain, por allá en el 2005, se la regalé, un momento después Pili me regalaba un pequeño cojín del Real Madrid que ella misma había tejido para mí.
El motivo del regalo de esa fotografía es porque habríamos hablado de ella en el primer encuentro y posiblemente alguna de las aldeanas, que en la fotografía aparecen, fuera de alguna manera familiar de Pili, ya que Pili y yo somos parientes un tanto lejanos, así me lo hizo saber en la primera entrevista telefónica que mantuvimos sobre el 2005. La abuela María y algún familiar de Pili serían hermanos. En los archivos de Alcorlo he encontrado el apellido “Vacas” en común.
También cabía la posibilidad de que esa fotografía viniera de un calendario que, sobre el 1990 Ibercaja utilizó para portada de uno de los meses, pero la he descartado porque la del calendario tiene el borde de color violeta, (en casa tengo una copia) cosa que en la de Alain no tiene borde, quiero decir que no procede por esa parte, tampoco se ve en ella la firma de CFIHGU, todo eso me hace pensar que el original de esa fotografía proviene de mi Fuji y de la primera visita a la CFIHGU.
OTRAS FOTOS DE ESA SERIE. Probablemente de la misma fecha. Vista panorámica de la parte sur de Alcorlo. La “Vega de Abajo”.
La casa de mis padres aún no se había construido, el huerto con frutales no llegué a conocerlo, el arado clavado en mitad de un “piazo” refleja cómo era el trabajo de la vega. Esa parcela donde está el arado nunca la conocí sembrada, eso era parte del campo. La fotografía está tomada treinta años antes de que yo naciera.
Esta fotografía en formato vertical está tomada desde la puerta de la Iglesia. En el suelo se aprecian las filas de cantos bien alienadas que acababan en el frontal central de la Iglesia. A continuación la Vega y al fondo el Congosto, lugar donde hoy está la presa.
Como dato curioso destacar que en la cuesta de la parte izquierda hay una pendiente brutal, pero también se cultivaba el cereal, hoy totalmente imposible con la maquinaria.
La siguiente fotografía muestra la calle principal del pueblo en un ambiente cotidiano. En ella también se aprecia el tendido eléctrico trifásico, a pocos pueblos de la comarca había llegado ya la electricidad. Alcorlo era privilegiado en eso por la central hidroeléctrica que tenía en las cercanías del pueblo.
Espectacular panorámica del Congosto visto desde el término de San Andrés, el puente romano brilla con todo su esplendor, no como hoy, absorbido por la naturaleza.

También la pequeña presa, fabricada sin argamasa alguna por lo que cada año, en la primavera, era necesario echar una “Hacendera” para repararla, según me contaba recientemente un paisano de San Andrés, la reparación se realizaba con gente de Alcorlo y San Andrés.
Con esa pequeña presa se canalizaba el agua del Bornova para abastecer el molino harinero que había en las cercanías y para regar la cercana vega de San Andrés.
11 de marzo de 2026.
