Tres días y tres noches

15 de Agosto de 2023, martes, 23:07. Revisada el 10 de noviembre de 2023. Descargar PDF TRES DÍAS Y TRES NOCHES

Voy a emplear un buen rato en relatarme como fueron esos tres días con sus tres noches consecutivas que pasé por la sierra. Tengo que hacerlo así porque la memoria es siempre frágil y los acontecimientos que van sucediendo cada día opacan las vivencias anteriores hasta hacerlas desaparecer o confundirlas; en el futuro, cuando ya sea anciano (estado al que me gustaría llegar) con esta lectura podré revivir esos detalles de aquellos tres días con sus tres noches, detalles que, aunque no son de vital importancia, sí son significantes para mí y me alegrará saber qué era y qué hacía yo por aquellas fechas en las que ya no tenía los briosos “cuarenta años” en los que te podías permitir el lujo de pasarte la noche haciéndole el amor a tu mujer y al día siguiente rendir en el trabajo como si nada de eso hubiera pasado; esa edad en la que (por haber gozado de buena salud) no había barranco hondo ni montaña alta, ni noche larga tomando fotos al Universo o a las estrellas; ahora ya, cerca de cumplir los sesenta y uno, el cuerpo va requiriendo descanso, las cuestas hay que estudiarlas para poder llegar a la cima y la mochila debe ir más vacía que llena, aun así, las ganas de disfrutar del campo y la ilusión por conseguir fotografías aún mejores hicieron que esos tres días y esas tres noches no las quisiera olvidar fácilmente.

  1. EL MOTIVO PRINCIPAL O LA IDEA DEL VIAJE.

Este fin de semana coincidía más o menos con las Perseidas, comúnmente conocidas también por “Las Lágrimas de San Lorenzo”, a favor tendríamos que en esas mejores noches para contemplarlas este año la luna estaría en su fase menguante más corta, o sea, casi sin luna, por lo que la visión del Universo sería a pedir de boca.

El segundo motivo, aunque menos importante, fue el estar en la naturaleza, lo más aislado posible del mundo, por aquello de limpiar la mente destruyéndola con la naturaleza, no sé por qué motivo cada día que pasa más lo necesito.

El tercer motivo, y este ya sí que menos importante aún que los anteriores, era el probar el rendimiento de mi último objetivo en el que he depositado muchas ilusiones y confianza en él, le estrujaría haciéndole funcionar en las peores condiciones de luz y otro tipo de situaciones como el tema retrato.

  1. LA RUTA.

No hay lugar conocido cerca de mi hogar que me reconforte más que rodar por la sierra, esa que llaman la Sierra Norte de Guadalajara, allí donde el olor de la jara se te pega al cuerpo, no quiero campiña, campos llanos, generalmente sembrados de cereal, con pocos valles, ríos o barrancos, dame Sierra de arroyos, aunque en esta época estén secos, guijas y pedregales, valles y montañas aptas para senderistas entrenados, cerrados de piedra para guardar los animales de antaño, etc etc etc. Eso es lo que quiero ver, eso es lo que más me gusta y por ello cada rato que tengo pongo las ruedas por allí.

Sin muchas prisas y sin madrugar y después de cargar las furgofiesta con tres neveras donde guardé los alimentos, cuatro bolsas con equipo fotográfico, cuatro seguidores de estrellas en el maletero, tres trípodes estándar, uno grande y pesado, una barra para hacer timelapses de 165 cm útiles, total, con media furgoneta ya cargada cuatro viajes me costó hacer de casa a la furgoneta, cuatro viajes cargado como un mulo, eso sí, todo bien organizado y apretado, la idea era hacer cualquier ejercicio que se me antojara en cualquier momento, desde una fotografía a la Galaxia de Andrómeda a un retrato a una mariposa, pasando por un timelapse a la Vía Láctea que duraría cuatro o cinco horas.

Unos días antes pasé unificando conectores de baterías, cargadores, powerbank, linternas y demás accesorios que pudieran necesitar energía en esos días; esa operación me llevó casi toda una jornada entre soldar conectores, placas electrónicas de protección y carga, etc etc. Todo ello para agilizar la faena que, posiblemente sería casi toda nocturna, y por ello más compleja porque de noche todos los gatos son pardos y si de día falla una cosa de noche fallarán cinco más esa “una”, eso al menos me dicta la experiencia.

Sábado, sobre las 10:30 salí de casa, la primera operación fue llenarle la tripa de gasoil a la furgofiesta porque aunque llevaba más de cuarenta litros (capaz de hacer 500km) y por si las moscas le metí otros 20 litros más, el vehículo tiene ya más de 25 años y es propenso a morir en cualquier instante pero que no sea por falta de combustible.

Un rato después paré en un camino que nacía en una rotonda para llamar por teléfono a mi amigo Luis Moratilla porque habíamos quedado en vernos para entregarle unos solenoides y un programador de riego que le reparé. La suerte, buena y mala casi al mismo tiempo, hicieron que en vez de contestar al teléfono Luis lo hiciera su esposa que estaba en la tienda de telefonía, justo en ese mismo instante escucho el ruido de un automóvil a mi lado y veo que era Luis, resultó que se le había estropeado el móvil la noche anterior y su esposa acababa de poner en marcha uno nuevo, en definitiva, que la casualidad quiso que Luis, al volver a casa me viera allí mismo parado. Cambiamos impresiones durante un buen rato, sobre todo de su salud, un tanto perjudicada (según los últimos resultados médicos), le entregué el material y él me reportó un dinero, después de eso continuamos cada uno nuestra ruta.

Sobre las 12:00 ya estaba en la Ermita de Alcorlo, era como visita obligada. Al momento instalé las banderas en sus puntos del tejado, abrí la Ermita y encendí una vela; esto de la vela es una promesa que en su día le hice a Juliana; “Cada vez que venga por aquí encenderé un vela para San Bartolomé en tu recuerdo”. Juliana fue durante muchos años (casi hasta el último momento de su vida) quien junto a su marido Antonio, velaron por la conservación del edificio y su entorno.

Al llegar a la explanada de la Ermita encontré un señor sentado en el banco que hay enfrente de la Ermita, nos conocemos, con frecuencia nos encontramos allí, cada fin de semana suele dar un paseo desde el pueblo próximo.

Pasé dentro del porche y me llamó la atención un pequeño bulto negro que llamaba la atención porque el suelo suele estar liso y limpio, le di un pequeño empujón con el pie y se rebulleron dos polluelos de golondrina de pocos días de vida.

  1. LOS POLLUELOS.

Los pollitos estaban allí muy juntitos, apenas se tenían un poco de plumaje, estaban como protegiéndose mutuamente. Yo fue ver aquello y al momento en mí se creó una obsesión de poner los polluelos de nuevo en su nido.

El nido no podía estar en un punto del tejado más alto. Allí tenemos dos escaleras que uniéndolas y poniéndolas casi completamente verticales se podía haber llegado a ello pero yo solo, yo con mis fuerzas me resultaba totalmente imposible realizar esa tarea. En la foto se ve el detalle del lugar del nido y los padres esperando allí posados.

El paisano que estaba en la calle pasó al porche a ver en qué me estaba entreteniendo y ya sentenció que aquellos animalillos morirían en breve.

Como con su ayuda nunca he podido contar decidí buscar alguna manera de subir los polluelos de nuevo al nido. Allí encontré una caña de pescar con la que podía hacer el intento de subirlos de uno en uno, preparé una base en forma de pequeño nido y puse al primer pollo en ella pero cuando ya se encontraba como a dos metros del suelo el pollo se movió y se cayó al suelo. Ni que decir tiene que se pegó un porrazo que casi se mata.

Volví a repetir la operación con el otro pollo por si con este tuviera más suerte pero sucedió lo mismo, a media altura el pollo se estrelló contra el suelo.

Al ver que podía ser peor el remedio que la enfermedad monté la escalera en modo de tijera porque en modo vertical me resultaba imposible de manejar con mis fuerzas y el tipo que andaba allí mirando cómo yo trataba de subir los pollos a su nido como que miraba para otro lado, me veía pelear con la escalera y en ningún momento hizo ademán de ayudarme.

Subí a la escalera con la caña de pescar recogida, puse de nuevo un pollo en la cestita pero cuando estaba junto al nido se salió y cayó al suelo, desde una altura de seis metros.

Ya era mala ostia el estar el nido en mitad de la nave, no podía estar en el mismo techo pero en la pared, igual que hay algún otro de otros años, eso lo hubiera cambiado todo.

Al tratar de meter esta última vez el polluelo dentro del nido toqué el borde del nido y una parte de él, como es de barro, se cayó al suelo quedando la seguridad del nido perjudicada, ahora con mayor riesgo de que el único polluelo que no había caído al suelo lo pudiera hacer en cualquier momento; en resumidas cuentas: “había hecho un pan como unas ostias”.

No podía hacer nada, ahora tenía en el suelo a los dos polluelos agonizantes, mucho peor que antes de que yo llegara, ¡maldito día en que puse mis pies allí!

No podía seguir con aquello viendo agonizar a los dos pollitos así que ante verles sufrir sin ningún futuro les metí un trompazo y los maté. Aunque fue un acto de misericordia me entró una llorera que no podía contenerme, creo que igual que si hubiera atropellado a una persona. Me sentía culpable de todo. Si yo no hubiera puesto mi mano allí los pollos lo mismo habían sobrevivido (aunque poco probable).

Tomé los dos cuerpecillos y los enterré en el cementerio, les hice un pequeño nido, puse a los dos muy juntitos, mirándose de frente, siempre estuvieron juntos, desde que nacieron hasta la muerte. Llegaron a este mundo juntos y juntos se marcharon.

Durante un buen rato no me podía quitar de la cabeza el asunto y lloré amargamente como un niño, con la impotencia de cuando se le rompe su juguete; me daba la impresión de que estaba enterrando un ser querido o una mascota ¿qué más da? Lo cojonudo es que solo estuve con ellos unas horas, unos minutos.

Durante un rato, chille y grité de rabias. Eso es lo bueno que tiene la soledad del campo que puedes gritar, reír, llorar o cagarte en mil muertos a pleno pulmón y no pasa nada. Sé que es algo irracional, un sin sentido pero… así fue.

Durante muchas horas de ese día la imagen de los polluelos me persiguió, dudaba si había actuado bien o mal, ¿Quién me guió para actuar así? A veces actuamos de esa manera creyendo que estamos haciendo bien, haciendo un favor y es precisamente lo contrario, por ejemplo: Si te encuentras en el monte con una cría de corzo que parece que está abandonada por su madre y te la llevas al zoo para que la cuiden, no estás haciendo favor a nadie, lo más probable es que estés actuando MAL, lo más seguro es que la madre se vio sorprendida por tu presencia allí y tuvo que salir huyendo para protegerse, pero te estaría observando desde algún lugar del bosque, entre la espesura, esperando a que te alejaras para volver con su cría… Estos conocimientos me remordían las entrañas y no podía dejar de pensar en el asesinato de los polluelos.

Quizás mi error fue que los encontré como muy flojos de fuerza y lo que realmente sucediera es que a esa tan corta edad apenas si se mueven, solamente ante la presencia de la madre cuando llega al nido con comida reaccionan y se remueven, luego se quedan como en estado de latencia.

Si en vez de estar allí el sujeto ese que miraba y no ayudaba, hubiera estado allí cualquier otra persona colaborativa como mi colega Ángel o cualquier otro, habríamos empalmado la escalera, hubiera depositado los dos polluelos de nuevo en el nido y todo el mundo contento, pero ¡NO! ¡Tenía que comenzar el fin de semana de malas maneras! ¡Maldito hijodelagrandísimaputa!

Total que, con el episodio de los pollos me puse a comer más tarde de las dos y media.

  1. PREPARAR EL MATERIAL.

Ya con el mal sabor de boca (que me acompañaría con frecuencia al menos durante todo el fin de semana) me dispuse a comer y para ganar tiempo por la noche, me puse con la tarea de configurar los tiempos, velocidades y voltajes de la barra timelapse porque quería hacer trabajar a la Canon 80D en modo “video timelapse” de una manera autónoma, eso modificaba el funcionamiento anterior del movimiento de la cámara sobre la barra y los disparos de las tomas.

Hasta ese momento el funcionamiento era el siguiente: El motor funcionaba durante 3.5 segundos, en ese tiempo avanzaba por la barra unos 3mm, luego, una vez cortada la corriente y el motor parado y para evitar vibraciones del conjunto y que la fotografía fuera más nítida si cabía había un tiempo de 1.5 segundos antes de que la cámara hiciera el disparo, luego comenzaba el tiempo de la toma que era de 20 segundos, o sea que el tiempo completo de la toma era este: 3.5 motor+1.5 espera+20 toma = 25 segundos.

Técnicamente este tiempo es la clave para hacer un timelapse a la Vía Láctea que no tenga vibraciones. Se puede emplear más tiempo de exposición pero resulta que luego en el vídeo se nota un parpadeo entre fotogramas porque hay mucho tiempo entre tomas; no hay que olvidar que la Vía Láctea no se para.

Todo el proceso, entre toma y toma estaba configurado para hacer un disparo cada 25 segundos, así funcionó bien durante los varios años que llevo trabajando esos timelapse, pero para evitar hacer los disparos reales y con ello agotar la vida del obturador de la máquina, pues, pensé utilizar la opción de esta cámara 80D que te hace un vídeo resultante de toda esa montonera de fotografías de esa sesión de tres o cuatro horas, o sea, que en vez de hacer las fotos independientemente y luego tener que editarlas y montar el vídeo, todo ese trabajo me lo podía ahorrar si la cámara ya me lo hacía. Eso era lo que yo creía…

Hasta la fecha he creado algunos de esos vídeos timelapse de esa forma pero no duraron más de media hora de principio a fin de lo grabado, esta vez sin embargo, estaría la 80D durante cuatro o cinco horas tomando fotografías y tejiendo el vídeo.

En lo único que me tenía que preocupar era en revisarla después de dos o tres horas de funcionamiento por si necesitaba cambiarle la batería.

  1. EL LUGAR ELEGIDO.

Una vez que lo más complicado de poner en marcha ya lo tenía resuelto (el movimiento y configuración de la 80D) dejé Alcorlo y continué carretera adelante para introducirme en la sierra, entre las jaras. A pesar de conocer bastante bien cada rincón de esos parajes no tenía la idea clara sobre dónde poner el culo esa noche. Necesitaba un horizonte despejado de líneas y columnas de alta tensión que, por cierto, analizándolo bien la sierra está plagada de ello.

No podía acercarme mucho a las montañas del Oeste porque me quitaban la visibilidad de la Vía Láctea, sobre todo a partir de la media noche, por lo que a última instancia opté por dirigirme hacia el Nordeste, ahora ya solo me faltaba localizar un lugar donde:

1º pudiera aparcar la furgofiesta cerca, porque la cantidad de material que tenía que descargar y configurar no era como para estar media noche haciendo más paseos que una hormiga.

2º que en el lugar elegido no hubiera tendidos eléctricos ni árboles que superaran el nivel del horizonte.

3º de ser posible que fuera en un camino, lejos de la carretera principal que luego, por la noche, todo el mundo circula con las luces largas y te arruinan las fotografías porque aunque no sea una carretera esa de la sierra muy transitada sí que parece que los vehículos llegan siempre en el peor de los momentos.

4º puestos a pedir que no hubiera un pueblo cercano por medio con su contaminación lumínica, aunque en la sierra todos los pueblos suelen tener un alumbrado muy comedido.

5º el sueño dorado sería tener cerca de la cámara algún motivo como una pared tan típica de aquella zona, algún pequeño árbol o un objeto que no pasara desapercibido al ojo humano al ver el vídeo, porque mi proyecto era ambicioso, la cámara iría avanzando por la barra timelapse a la vez que tomase las fotografías, luego en el resultado final el video es muy agradecido porque hay dos movimientos, el de la cámara cerca del suelo y con el detalle cercano y la Vía Láctea avanzando sobre el horizonte.

Ya se ve que pedía mucho para que todas las condiciones se dieran, siempre hay que sacrificar alguna, pero con tener a favor las dos primeras ya me daba por contento.

Al llegar al cruce que te lleva a Prádena de Atienza y a Gascueña del Bornova tomé esa vía; lo bueno era que el camino iba en ascenso por lo que facilitaría tener un horizonte despejado de tendidos eléctricos, lo malo es que los objetos cercanos se perderían en la distancia salvo que la suerte me acompañara.

Antes de llegar a Gascueña paré en uno de los escasísimos lugares que hay para dejar la carretera porque toda ella tiene la cuneta muy profunda por lo que no tienes acceso al campo si no hay un camino habilitado ya.

No era ese lugar muy adecuado ni que cumpliera más allá del primer punto pero podía tener otras opciones fotográficas diferentes al timelapse por lo que lo grabé en mi memoria por si no encontraba un lugar mejor; estando en esas pasó un automóvil que provenía de esos dos pueblos mencionados; era un conductor de mediana edad, hombre de color, creo que se trataba del párroco que, al ser sábado por la tarde, iría a celebrar misa allí; al pasar se me quedó mirando como preguntándose: ¿Qué hace ese tipo ahí fuera de la carretera? ¿Qué tramará? Lo que no piensa nadie es que eres un fotógrafo de naturaleza, todo el mundo piensa cosas raras cuando ve algo anormal mientras circula… Estoy seguro que rara vez había visto un auto furgofiesta parado a un lado del camino, un auto que no es del guarda forestal o del Seprona…

Al pueblo de Gascueña del Bornova ni se me pasó por la cabeza el entrar ya que es un pueblo que está por debajo del nivel de la carretera, sin buena vista del horizonte y demás pero al poco de dejarlo atrás vi un antiguo prado que aunque no cumplía el requisito del punto 3º ni el 5º sí podía aparcar allí bien la furgofiesta y además tenía un horizonte despejado así que paré el auto y analicé si quedarme allí o tratar de buscar algo nuevo que, teniendo en cuenta me estaba metiendo ya en la falda de la montaña del Alto Rey, cada paso que diera adelante dificultaría mucho el punto 3º, amén de las horas que ya iban siendo.

Bueno, hasta ese momento no se había dado mal, busqué un lugar que tuviera algún interés sobre el suelo y encontré un trozo de pared que “a falta de pan buenas son las tortas” y a partir de ese instante comencé a montar el sistema de la barra timelapse, operación que me llevaría más de media hora.

Lo primero era montar la barra sobre una elevación en el terreno rondando el medio metro en un extremo y en el otro como un metro para conseguir en el vídeo un efecto de elevación de cámara. En la parte más baja puse una caja cargada de herramientas para que con su peso tuviera cierta estabilidad, tengo que anotar que desde la furgofiesta hasta el punto elegido había más de cien metros. Luego subí el trípode (de fabricación artesanal), duro y pesado, luego armé el sistema eléctrico y monté la 80D con su programación elegida. A continuación lugar de la acampada.

De poco me sirvió horas antes estando en Alcorlo el preparar el sistema de seguidor y tiempos porque el seguidor elegido ahora no funcionaba porque el cable de alimentación no le suministraba corriente… ¡ya comenzamos con el maldito Murphy!

Como llevaba CUATRO SEGUIDORES rastreadores de estrellas o también conocidos como Star Tracker, todos iguales y diferentes a la vez, tuve que sustituir el elegido y reestructurar los tiempos de avance del giro del seguidor porque poco tenía que ver este nuevo seguidor con aquel. Lo que le sucedió al cable o conector sigue siendo una incógnita.

Al poco de andar allí, en aquel prado de hierba corta y seca, aparcado con la furgofiesta observé que los escasísimos vehículos que pasaban aminoraban la marcha (entre otras cosas porque se acercaban a una curva) y aprovechaban para (con la ventanilla bajada) saludarme con alguna palabra tal como el “buenas tardes”, anoto esto porque me resultó chocante, noté que la gente de la sierra, la de aquellos parajes, era más amigable que la de otros lugares plagados de cazadores (con o sin licencia para matar) a los que mi presencia en el monte, especialmente durante este año, les incordiaba en demasía.

Estando en estas de repente comencé a escuchar un tipo de murmullo sordo cercano, diez minutos después estaba rodeado de vacas de esas gordas, algunas se quedaban mirándome a corta distancia como “vaca que mira pasar al tren”, hasta tal extremo que incluso pensé se podía arrancar a darme un empujón, pero yo como si nada, como echándole un pulso, o como si fueran vacas invisibles.

Yo me preguntaba: “Con lo grande que es este paraje, ya es casualidad que las vacas pasen justo por donde yo estoy, o acaso ¿he sido yo el que se ha puesto en el paso habitual de las vacas? El caso es que como hubiera necesitado de una vaca para posar y hacer un retrato ya lo hubiera tenido difícil… cosas del Murphy. Poco a poco la manada fue descendiendo hacia el valle como en procesión, supongo que irían ellas solitas al lugar de la cena.

Poco antes de ponerse el sol comenzaron a pasar por la carretera algunas personas, todas ellas ya con edad avanzada, todos sin excepción saludaron, hubo un señor que al ver varios trípodes montados y ya preparados con sus cámaras y telescopio se acercó a interesarse por mi presencia en aquel lugar.

Era un tipo un tanto peculiar, de apellido Somolinos, por el aspecto debía rondar o superar los setenta años de edad, muy dicharachero y entendedor de los motores de energía infinita y al parecer de múltiples patentes.

Como buen Cristiano aguanté su conferencia relacionada con múltiples tecnologías durante más de media hora, tiempo que me resultó imprescindible para haber puesto a punto el equipo, pero bueno, pasé un rato muy agradable con él intercambiando cuestiones técnicas, lo malo es que me entretuvo lo suficiente como para que ya fuera con las prisas en el culo, vamos, ¡como siempre!

  1. LOS TIMELAPSES A LA VÍA LÁCTEA.

Una vez me quedé solo comencé a preparar el resto del equipo porque el tiempo es un traidor, cuando menos tiempo tienes para hacer las cosas más deprisa corre.

Aun así, entre quita seguidor y pon otro, (ya de noche) alimenta el equipo (ahora con dos sistemas diferentes de corriente), mide los tiempos de avance y demás líos que lleva todo eso aún me quedó como media hora hasta que la Vía Láctea fuera visible (sobre las 23:00) y las condiciones de luz se adaptaran a la configuración puesta en la 80D porque los inútiles de Canon (perdón por lo de inútiles y lo dejo en INCOMPETENTES) no han sido capaces de hacer una cámara que mida la luz en cada disparo y se adapte, sino que según dispara la primera foto así hace todas, el problema viene cuando la luz ambiente cambia… en fin… hay que adaptarse a lo que hay.

Como aún me quedaba más de media hora para la puesta en marcha hice un vídeo a modo de prueba que me llevó unos diez minutos… el resultado: ¡Todo prometía!…

Como ya viene siendo habitual el tema de cenar viene siendo un ir y venir a visitar las cámaras, a armar o configurar los equipos y demás, entre tanto bocado va y bocado viene porque la Vía Láctea una vez que hace su aparición lleva un paso desorbitado, cuando te quieres dar cuenta se ha metido en la contaminación lumínica de Guadalajara, corredor del Henares y Madrid y ya no hay marcha atrás.

A las 22:43 comenzó la Canon 80D su faena, la configuración era de tomar una fotografía cada 2 segundos, con un total de fotografías de 1400, como la duración de cada fotografía era de 20 segundos pues 20x 3=60, o sea, cada minuto haría TRES fotografías, 1400:3=466 minutos, o sea, 7,7 horas; ni que decir tiene que ni la batería iba a aguantar tanto tiempo ni la cámara iba a estar tantas horas, pero ya me encargaría yo de apagarla cuando lo creyera conveniente.

Ya con la 80D en marcha acabé de cenar, ¡ni gota de alcohol que eso engorrina los resultados! Y me puse a poner en marcha la Nikon 810 con su flamante 28/70 f2.8, un objetivo ya con más de quince años de antigüedad y que en su día los profesionales del gremio lo renombraron como “La Bestia” y por ello tenía yo ganas de comprobar “si era tan fiera el León como el Lopintan”.

Una vez que armé mi mejor trípode con su seguidor sobre la zapata, orienté el eje a Polaris y monté la Nikon con su correspondiente disparador remoto y demás y tomé las primeras fotografías, luego me pasé por el lugar donde habitaba la 80D para asegurarme de que todo trascurría según lo previsto y según el resultado del vídeo cortito que había hecho un rato antes.

¡Pues no oye, mire usted, de nada le ha servido tanta prueba y reprueba para asegurarse porque, ya lo ve, a la 80D le ha dado la gana de pararse por voluntad propia! ¡No me lo podía creer! Me había creado un vídeo de TRES SEGUNDOS y se había parado; el motor de la barra timelapse seguía con su track track cada tres segundos, según indicación médica, ajeno a si la 80D quería trabajar o no.

Sin tiempo para cálculos ni saber qué rayos había sucedido pasé de programarla de 1400 a 3400 que es el tiempo máximo que el fabricante le ha dado por ponerle y así comenzó su segundo vídeo; la ruina de la noche ya estaba encima, sobre todo del vídeo, de nada me sirvió ponerle una lucecita a veinte metros para que iluminara la pared de la escena durante toda la noche y de que hiciera mil pruebas sobre los movimientos de la cámara sobre la barra, ya era tarde para comenzar de nuevo un vídeo de la Vía Láctea porque esta estaba ya muy avanzada en el tiempo, en fin… en este enlace se puede ver el resultado de ese segundo vídeo, 7 segundos de vídeo que a través de la edición convertí en 14.  https://vimeo.com/manage/videos/883348261

El Vídeo del comienzo prometía porque había unas nubes que avanzaban hacia la cámara y por encima de ellas se movía la Vía Láctea, tan solo se grabaron tres segundos. Como tuve que cambiar de seguidor no caí en la cuenta de que la velocidad del seguimiento de la Vía Láctea no era la correcta y en el vídeo se aprecia (solo los expertos) que el movimiento del seguidor varía por dos veces, aunque eso fue lo menos importante y apreciable.

Al día siguiente y en venganza por la jugarreta de la noche anterior, y teniendo en cuenta de que el momento iba a ser irrepetible, le metí a la 80D un timelapse de 920 fotografías que se metió en casi cinco horas. Que solo paró para cambiar de batería y que los temporizadores le fueron indicando cuando tenía que comenzar y parar de hacer cada fotografía; operación que realizó satisfactoriamente.

Esta vez alguna maldición resonó por allí, no muchas porque me encontraba cerca del pueblo, de no haber sido así, los bichos del campo a un km a la redonda se hubieran preguntado qué cojones pasaba esa noche en aquel lugar.

Como el momento era único, ya dije antes que no había luna, además esa noche y estando ese lugar era la PRIMERA VEZ de este año que era capaz de ver el resplandor de la Vía Láctea como no lo había visto desde el año anterior, por ello y aprovechando las Perseidas instalé la Canon 7D mirando hacia la Galaxia de Andrómeda para hacer un timelapse de varias horas para ver el movimiento de las estrellas y con un poco de suerte cazar alguna estrella fugaz, pero como si de un principiante de fotografía se tratara tuve el error de montarla sobre un seguidor y el vídeo resultante es una sucesión de fotografías donde no sucede nada, porque entre los 700 archivos fotográficos que tomó la 7D Perseidas importantes no cazó ninguna y como el seguidor iba llevando la máquina a la misma velocidad que las estrellas el vídeo resultante parece una fotografía, solo rota por el paso de algunos aviones y satélites.

  1. FIESTAS, MÚSICAS, CHARANGAS.

El fin de semana del 15 de Agosto suele ser fiesta en múltiples pueblos de la provincia de Guadalajara, por no decir de España entera, de vez en cuando abajo, en el pueblo (Gascueña) se escuchaba el soniquete de una charanga con su repiqueo de tambor pero apenas le di importancia pues ¿cómo iba yo a pensar que ese pueblo en esos días, andaba también en fiestas mayores? Y de ser así ¿en qué podía repercutir en mi sesión fotográfica?

Ya sobre la media noche ya había padecido casi todo lo que podía padecer y que relaté más arriba sobre la barra timelapse, el seguidor y la Canon 80D y su video timelapse por lo que ahora me centraba en obtener alguna buena toma de la Vía Láctea con la Nikon 810 y su objetivo “blanquito”; de vez en cuando miraba de reojo y ponía oídos a la Canon 7D que puntualmente cada 45 segundos escuchaba de nuevo el obturador tratando de capturar alguna estrella fugaz.

Mientras tanto tomé alguna fotografía como esta para recordar el momento y ambiente de esa noche. Al fondo la parte derecha del Alto Rey, el paso de la carretera hacia Prádena.

Realmente tengo que anotar que para nada sentí en ese lugar y a esa hora la paz que yo buscaba, semejante a la experimentada la noche que dormí en las afueras de Bustares un mes antes, allí, a lo lejos, o no tan a lo lejos (porque la noche era oscura y cerrada) notaba la presencia del ser humano, sonidos de jóvenes, risas y alegrías y de vez en cuando algo de música de pequeña importancia pero como nada podía hacer yo por impedirlo directamente mi mente puso una barrera para tratar de ignorarla.

Bien a gusto me encontraba yo en ese momento y en ese lugar, disfrutando de una temperatura ideal, sin una brizna de viento, una noche perfecta para tirarse triparriba sobre el suelo y quedarse dormido en los brazos de las estrellas pero creo que fue a las 00:00 de ese nuevo día (domingo 13) cuando de repente y como un sunnami comenzó la fiesta, la orquesta comenzó de repente con el “¡¡¡Buenas noches Gascueñaaaaaa!!!” y a partir de ese momento entre pasodobles, sambas, bachatas y mil otras músicas me dieron las tres de la madrugada, hora en la que puse fin a la velada y me tiré de cabeza a la cama de la furgofiesta, eso sí, cerrando bien todas las puertas y ventanas; la temperatura a esa hora mejor ya no cabía, los 19 graditos con ausencia de viento por lo que daba pena tener que irse a dormir.

De no haber tenido todo aquel material en la furgoneta me hubiera bajado un buen rato a disfrutar de la música pero al parecer todo ello no cabe en el mismo costal, “nadar y guardar la ropa al mismo tiempo” no se ha podido dar el caso como tampoco el caso de “repicar las campanas y andar con el Santo de procesión”.

Por si no era suficiente el martirio de la música coincidió también que el evento que hubiera en Pradena acabó sobre esas 00:00 y comenzó la procesión de coches de regreso a la ciudad; lo bueno era que en la mayoría de los casos su luz, tan potente en algunos vehículos, no me afectaba, solo cuando trataba de fotografiar la galaxia de Andrómeda porque la luz de los coches me venía de frente.

NOTA: tengo que anotar que me parece una sin razón la barbaridad de luz que les ponen a algunos vehículos de última generación, he llegado a comprobar cómo a una distancia superior a 1 km producen una sombra mayor que la que da la luna en su fase de “luna llena”, brutal, total que si se te cruza un corzo te va a dar igual llevar más o menos luz, te lo vas a comer con papas fritas como se tenga que dar el caso de atropellarlo.

No acabé de dormir bien como suelo hacerlo habitualmente, o sea, del tirón, y sobre las cuatro me dio un tirón la pierna de esos que llaman “se me subió el gemelo” y tuve que salir a estirarla, momento en que el Universo me premió con una impresionante estrella fugaz, la segunda más importante en tamaño de esa noche que, igual que la primera fugaz, una vez que se apagó la cabeza un trozo de la cola se quedó encendida durante al menos tres segundos, tanto tiempo fue que incluso en ese estado llegué a pensar por qué no se apagaba; fue ese un fenómeno que NUNCA ANTES había visto, he visto estrellas fugaces impresionantes pero se apaga toda la estela a la vez pero este año, las media docena de ellas que vi, de tamaño importante, todas ellas, una parte de la cola se quedaba encendida durante algunos segundos; entiendo que la estratosfera estará modificada o la composición de los meteoritos es diferente a otros años… en fin, los expertos sabrán, yo solo puedo describir los que vi.

  1. SEGUNDO DÍA. EL NIDO

A las 7:30 el sol me levantó y la música y la fiesta aún seguía viva pero ya sin tanta fuerza, solo parecía quedar el rescoldo de lo que fue; recogí la barra y la caja cargada de herramientas (que la tenía sembrada en la parte alta del prado), desayuné con fuerza y me desplacé hasta Alcorlo porque allí me reuniría con mi colega Ángel para llevar a cabo los preparativos de nuestra fiesta grande ¡San Bartolomé! El 24 de Agosto, y de regar los árboles plantados recientemente.

Como no había prisa por llegar a Alcorlo tome la dirección contraria, o sea hacia Prádena, para ver si se terciaba el encontrar algún lugar pintoresco para fotografiar esa próxima noche u otra semejante. Dos lugares encontré donde poder orillar la furgoneta fuera de la carretera, en esos dos lugares el pueblo de Gascueña era el motivo principal, luego la Vía Láctea sobre el pueblo sería la composición final

En el camino de Gascuaña a Alcorlo, llegando ya a Gascueña, me encontré una joven corriendo por el arcén u orilla de la carretera, ¡no me podía creer lo que estaba viendo” venía de frente, trotando, era cuesta arriba, me entraron sudores solamente de ver como aguantaba el trote gorrinero a pesar del calor que hacía ya y sentí una tremenda envidia, era una joven de buen tamaño, buena altura y aspecto espectacular, entiendo que no era esa la primera vez que hacía esa ruta.

Ahora me viene al recuerdo otro caso que vi unos meses antes y que de contármelo difícilmente me lo hubiera creído. Venía yo de Villares en dirección a Hiendelaencina y ya llegando a la cuesta que te lleva al paso del Bornova me encuentro un señor ya mayor, montado en un patinete en dirección a Villares… a ver, decía yo ¿qué tipo de patinete lleva este hombre? Acaso viene de Hiendelaencina en patinete? De ser así no me extrañaría mucho salvo que el aparato tenga muy buenos frenos para sujetarse en la cuesta abajo hacia el rio pero ¿y la cuesta arriba que es donde me lo encontré yo al entrar en una curva? No he sido capaz de comprenderlo, so pena que el patinete en vez de baterías de litio llevara incorporado una pequeña central nuclear… no hay energía para subir aquella cuesta montado como vi a un señor en un patinete… incógnitas que te trae la vida.

En Alcorlo Ángel y yo pasamos el día preparando la fiesta de San Bartolomé, día 24 de Agosto. De lo primero que hicimos fue RECOMPONER el nido que yo mismo había roto el día anterior.

Tomé una garrafa de agua como cubo de albañil y busqué tierra arcillosa que en aquel lugar hay puntos que la hay en abundancia, luego la mezclé con hierbas secas para darle fuerza a la argamasa y no se resquebrajara al secarse y se cayera al suelo, igual que si estuviera haciendo un adobe.

Armamos las dos escaleras como se ve en la imagen, la escalera en la parte alta solo está sujeta por diez centímetros que es el grueso de la viga, quiero decir que hay cierto peligro en ello.

Subí con la argamasa y recompuse el nido, el pajarillo estaba allí dentro, durante esos minutos de la operación no movió ni una pestaña, igual que sus hermanos el día de antes cuando estaban en el suelo, juntitos, como protegiéndose del mundo, inmóviles totalmente para pasar desapercibidos.

Acabé la faena según el plan previsto, sin ningún contratiempo. ¡Lo que son las cosas! Si esto mismo lo hubiera hecho el día anterior los dos pajarillos estarían vivos, pero ¡NO! ¡No tuve a nadie allí para echarme una mano a montar la escalera!, esos animalillos tenían que perecer ese día, según parecía estar escrito ya. A veces el destino parece estar escrito y no sirve que te empeñes en querer cambiarlo.

Sobre las ocho de la tarde Ángel y yo nos despedimos de Alcorlo, él marcharía a Guadalajara y yo de nuevo hacia los dos lugares que había visto por la mañana en las proximidades de Gascueña, el problema era que no podría estar a la vez en los dos sitios así que me decidí por el más alejado. Ese era el punto donde la carretera comienza a bajar hacia Prádena y el valle del Bornova en dirección a la presa de Alcorlo deja de verse, es allí, como si lo hubiera mandado hacer, donde hay una zona en la que se puede dejar el vehículo fuera completamente de la carretera, es un punto muy elevado de aquella zona, es un lugar privilegiado para contemplar el valle del Bornova, deberían de publicitarlo como “vistas pintorescas”. . Imagen de Gascueña al ponerse el sol y un rato después, ya viéndose las estrellas.

Una vez aparcada la furgoneta en la dirección correcta y esperando la llegada de la noche confeccioné una escena nocturna donde se vería la situación más o menos real de esa noche, la furgoneta aparcada a un lado de la carretera, la propia carretera con sus dos señales de curva, el fotógrafo u observador del Universo con su telescopio y al fondo la Vía Láctea.

Hice varias tomas y de fotógrafo u observador del Universo tuve que posar yo mismo, luego con la ayuda de un mando a distancia (de un garaje adaptado para la Nikon) disparaba la máquina ubicada al borde de la carretera, y así, entre prueba y prueba llegó la noche. De los pocos vehículos que pasaron en dirección a la ciudad algunos de ellos, aprovechando la poca velocidad que llevaban al llegar a la curva, saludaron amablemente.

Para que la fotografía resultante hubiera sido “correcta” debería haber esperado al menos media hora más para que la noche llegara y oscureciera tanto el valle como el cielo pero no quise entretenerme en ello porque quería hacer un timelapse con la 80D esa misma noche pero en vez de “video timelapse” sería foto a foto, así no habría problemas de que si me paro o no me paro a la hora de hacer el vídeo.

  1. SEGUNDA NOCHE.

Y así fue, así lo hice, pero en vez de montar el equipo sobre la barra para que se desplazara la máquina sobre ella, (como no había tiempo físico para ello, para los preparativos) la monté en un trípode y empleé el mismo sistema electrónico de desplazar el soporte de la cámara por la barra, solo utilicé la parte para hacer los disparos con un tiempo de 20 segundos entre ellos.

Mientras tanto tomé con la Nikon 810 algunas otras fotos a la Vía Láctea y luego con el Canon 80mm f1.8 hice algunas tomas a la galaxia de Andrómeda a modo de entretenimiento o de experimentación, fotografías que ya sabía de antemano no servirían más que para probar el rendimiento del equipo.

No fue esa una noche de mil fotografías (salvo las del timelapse de la Canon 80D), fue una noche más sosegada que la anterior, esta vez sin otros ruidos en el campo que el sonido del autillo y de los grillos, hasta que me dieron como las dos de la madrugada y cuando ya me disponía a recoger los trastos por esa noche, excepto la 80D que la tenía castigada por el error de la noche anterior a trabajar toda la noche, aparecieron unas lucecillas por la carretera, lucecillas acompañadas por risas y frases de lo que parecía una pandilla de amigos sin sueño.

Como yo llevo en esas situaciones una luz sobre la frente que alumbra no más que una vela y la furgoneta tenía una iluminación muy tenue los chavale@s no sabían ciertamente quien o qué era lo que había allí instalado, así que para salir de dudas el más valiente comenzó a preguntar desde lejos si se podía acercar hasta donde me encontraba yo o no, querían saber “lo que había en aquel prado esa noche”. Les saqué de dudas invitándoles a que se acercaran, eso sí, les dije que tuvieran cuidado con el perro y de repente se hizo el silencio durante unos minutos, como esperando la respuesta afirmativa también del perro, jajajaj, esa vez no estaba el Suguitos allí si no me hubiera armado una escandalera con sus ladridos.

Al momento estaba rodeado de siete u ocho jóvenes que se interesaron a partes iguales por las fotografías que compartía con ellos, tanto en la cámara como en el móvil, que por sus mensajes constantes de washap.

En el trípode que había estado utilizando para fotografiar Andrómeda y que tenía instalado un seguidor le acoplé un telescopio de cierta importancia y todo el que quiso disfrutó del espectáculo de ver las lunas de Júpiter, que en ese momento llevaba ya como una hora por encima del horizonte, luego con el láser les mostré donde estaba situada Andrómeda y como no era visible de una manera fácil se la mostré en el móvil, fue una de mis tomas que hice hace un par de meses. También vimos en el móvil algunas muestras de la nebulosa de la Laguna. Realmente era para flipar, en la oscuridad de la noche, con la Vía Láctea allí presente, la cantidad de colores que se pueden obtener de ella a través de la fotografía.

Total que, entre unas cosas y otras me dieron nuevamente las tres de la madrugada. Esa noche tan solo vi dos estrellas fugaces de tamaño importante, una de ellas fue cuando sobre las cinco de la madrugada me desperté y fui a ver si la 80D se había cansado o no de fotografiar estrellas; me la encontré allí, aún seguía disparando como una jabata con su segunda batería que le instalé antes de irme a dormir, fue abrir la puerta de la furgoneta y “como si el Universo me estuviera esperando para ello” por encima de mi pasó una estrella que dejó un rastro blanquísimo y brillante como pocas veces he visto, y claro, igual que las de la noche anterior este meteorito también dejó un trozo de estela encendida unos segundos más después de apagarse la cabeza.

  1. EL GRILLO.

La pesadilla de la noche anterior fue el matraqueo de la música pero la de esa noche fue “mi amigo el grillo”. Ya dije que cuando me tumbé sobre la cama eran como las tres de la madrugada, no hice más que cerrar los ojos para concentrarme unos minutos y pasar directamente al sueño (como suelo hacer cada noche) cuando empieza la melodía de un grillo que desde el primer pitido sentí dentro de la furgoneta.

¡a ver, no puede ser, tengo que dormir!, ¿no tiene campo este bicho para cantar toda la noche que tiene que venir aquí, dentro de este cajón? ¡que uno no tiene ya 22 añitos en los que te puedes pegar varios días seguidos sin dormir, que ya pasé los 60!… ¡un poco de piedad joeerrr!

Me incorporé, encendí una pequeña luz como para tratar de localizarlo, algo absurdo porque ni con luz ni sin luz iba a ver al grillo porque el interior de la furgoneta estaba abarrotao de trastos, bolsas, neveras…, salvo que se me hubiera colocado sobre el salpicadero encima de una servilleta blanca; el caso es que al encender la luz el grillo se calló. Dos segundos después de apagar de nuevo la luz el grillo continuó con su canción, encendí otra vez la luz y el bicho se calló… ¡no puede serrrrr!!! Nunca antes me había sucedido nada igual.

Me volví a dejar caer sobre la cama y de nuevo el matraqueo del grillo, pero esta vez me pareció identificarlo por el maletero, justo debajo de mi cabeza, antes era en el otro extremo, cerca del volante, ¿habría dos grillos allí dentro?

Como me pareció entender que la luz le molestaba para el canto le metí al maletero una linterna encendida y de nuevo volví a caer como una piedra sobre la colchoneta, ya eran casi las tres y media de la madrugada y a partir de ahí, de ese momento, no volví a escuchar grillo ni grilla, o caí fulminado o el grillo se pasó tiritando toda la noche pensando que lo iban a fusilar o que ya había venido de nuevo el alba o había salido el sol de repente.

Cuando me desperté sobre las cinco de la madrugada aproveché para parar la Canon 80d con su timelapse porque la Vía Láctea ya entraba en una zona que apenas tenía interés, había un árbol cerca y además la montaña del Alto Rey la ocultaba así que me dejé caer de nuevo en la cama hasta que el cuerpo quisiera.

Cuando mis ojos se abrieron de nuevo el sol ya llevaba un buen rato calentando el ambiente, esa vez me ganó. Recogí primero la barra timelapse y la caja de herramientas que sirvió de soporte y contrapeso y desayuné sin prisa alguna, luego me di un garbeo por aquellos prados imaginando cómo era la vida en aquel lugar hace medio siglo o más y claramente vi ganadería y algo de siembra. Nada interesante vi para fotografiar, el paseo solo me sirvió para estirar los miembros y despejarme un poco la cabeza de tantas estrellas, jóvenes y grillos y para centrarme en cómo pasaría ese nuevo día.

  1. HERIDAS.

Cuando abandoné el prado me hice un tour por el pueblo a caballo de la furgoneta, me metí por una calle tan estrecha que temí dejarme los espejos retrovisores en cualquier momento enganchados en las paredes, y lo peor era que cada poco las calles se hacían más curvosas y más estrechas, temía no salir de allí sino marcha atrás. Pasé por la fachada de una iglesia y pronto encontré la calle que me sacaba del pueblo así que sin prisas pero sin pausas me marché en dirección no sé muy bien, pero preferiblemente a mi Alcorlo.

Al llegar a Semillas me tomé la carretera de Las Cabezadas, pueblo que no existe desde hace más de 70 años pero que aún queda allí el cartel de la carretera. Buscaba una sombra, un lugar para reposar, un lugar para ver las fotos de esos días.

Allí llevaba yo mi placa fotovoltaica para que no me faltara electricidad para el ordenador portátil, quería ver el resultado de los timelpase y del rendimiento de la Nikon 810 con el Nikon 28/70, en definitiva, quería saber si caminaba por buen camino.

Murphy debía estar atento a mi jugada porque en menos de tres minutos de reloj, aún no había encendido el portátil cuando pasó un auto a mi lado y se paró cien metros más allá y yo me pregunté ¿será posible con lo grande que es el monte y que tenga que venir aquí, justo casi encima de mí un tipo? ¿no tendrá nada que hacer en su casa?

El sol buscaba huecos entre los enormes pinos que hay justo allí y sus rayos impactaban por rodales en los troncos que, la gran mayoría de ellos tenían unas “heridas” para sangrar su sabia, o sea para obtener su resina.

Me pareció llamativo el tema y tomé la cámara y comencé a tomar algunas fotos de las heridas que aquellos troncos tenían, me pareció interesante, quizás podía hacer una colección con ellas.

A lo lejos veía al tipo que había aparcado su coche al borde de los pinos, parecía estar preparando cosas, no estaba precisamente quieto y contemplando el ambiente como cualquier persona de ciudad que va a matar el tiempo al campo.

Tomé los prismáticos para verle de cerca por si de alguna manera lo conociera pero no tuve gran suerte porque en ese momento andaba que si acachado, que si detrás del coche, que si de espaldas, etc pero por sus manera de moverse y por su aspecto me resultó familiar así que tomé mi cámara de nuevo y comencé a caminar en su dirección como buscando hacer nuevas fotografías.

Resultó ser Mario, un joven conocido de aquellos lugares, según me contó tiene alquilado aquel lugar para explotarlo, para extraer la resina de los pinos, es una tarea más o menos fácil pero necesita de su tiempo porque cada tres semanas más o menos hay que hacer una nueva herida porque el pino, la planta viva, trata de curarse y cierra su herida y se seca el sangrado.

Me explicó como era el proceso de hacer la herida y aproveché para hacerle unas fotos que él mismo me pidió.

Luego ya, como era el medio día dimos buena cuenta de una litrona de cerveza que llevaba él porque mi bebida estaba caliente, mientras tanto se cargaba su teléfono móvil que en ese momento andaba pidiendo auxilio para no apagarse, detalle que Mario me agradeció varias veces, lo hicimos a través de una powerbank que yo me había fabricado y que a Mario le pareció un gran invento…

Con las fotos resultantes a los pinos desangrados hice un vídeo que titulé “HERIDAS”, el vídeo tuvo muy buenas críticas.

La siesta me resultó un tanto imposible pero me eché una cabezada, luego me puse a pasar las fotos al ordenador, mientras tanto la placa fotovoltaica (puesta en el suelo recibiendo los rayos del sol) me suministraba energía más que suficiente para la tarea de cargar baterías de las cámaras, ordenador y demás dispositivos.

Ya con el sol bastante caído se me ocurrió probar el rendimiento del Nikon blanco, quería saber cómo y qué tal desenfocaría para el modo retrato así que monté el equipo sobre un trípode y comencé a tomar alguna que otra foto hasta que la sombra ya se hizo presente pues aunque de sol aún quedaba mucho rato allí, la montaña lo ocultaba así que tomé de nuevo la ruta, esta vez de nuevo para Alcorlo, no tenía claro qué tema ni qué lugar iba a fotografiar, quizás la zona de Jadraque…

En Alcorlo paré y entré en el porche para mirar si algún pájaro de los que habitaban el nido había dormido allí dejando sus excrementos en el suelo y sí, había excrementos, no parecía que el contratiempo de unos días antes hubiera cambiado mucho su vida, desde el suelo no podía asegurar que el polluelo que quedó vivo estaba o no en el nido porque sin escalera a mano y al ser tan pequeño difícil sería verle asomar la cabeza, aun así hubiera jurado que seguía en el nido.

12 DE LA SIERRA A LA CAMPIÑA.

Sin rumbo fijo tomé la carretera de Jadraque, antes de llegar a La Toba tomé un camino que subía al monte, desde allí se veía bien a lo lejos el castillo del Cid, en Jadraque, pero el terreno era demasiado aburrido, ni una carrasca, ni una peña ni un nada se interponía entre el castillo y aquellos campos así que continué la ruta, en esos momentos ya no había sol.

La Toba estaba en fiestas ese fin de semana, como dije al principio: Media España andaba a la vez de músicas y gaitas. El pueblo estaba lleno de autos aparcados a ambos lados de la carretera y aunque tenía idea de subir a la zona del frontón, que desde allí se divisa bien la parte baja del pantano, todo el valle del Bornoba, todo sembrado de maíz, ni me molesté, porque hubiera tenido que cruzar el pueblo entre viandantes y leches, cosa que por nada del mundo quería, así que dejé esa posible fotografía nocturna para otra mejor ocasión.

Con el pueblo de La Toba ya atrás tomé un camino de esos que tiran para los campos de cultivo y cerca de la carretera aparqué, había allí un campo de girasoles (mirasoles les decían antiguamente, cuando apenas ni se conocía esa planta por allí) que podían prometer algún tipo de fotografía nocturna así que como de tiempo no andaba mal aproveché para cenar tranquilamente, claro que, antes de eso puse la barra timelapse y la Canon 80D a hacer un vídeo de prueba para un proyecto que tengo en mente, más que otra cosa era una prueba de veinte minutos.

La noche, igual que las anteriores, estaba perfecta para andar por el monte, bueno, para “andar… andar” no porque no había luna, me refiero a que se estaba muy a gusto de temperatura y sin viento alguno.

Al campo de girasoles fotográficamente hablando no le saqué provecho así que se me ocurrió hacer unas fotografías para saber hasta donde el equipo Nikon era capaz de resolver una situación rayando lo imposible, o sea, cuando no había nada de luz en el ambiente, nada más que la que la de la Vía Láctea y la residual de la ciudad que pudiera llegar hasta allí.

Esta es la foto resultante, teniendo en cuenta que en esa situación no hubiera sido posible distinguir una cara conocida a cuatro metros de distancia por la oscuridad que había en ese momento me parece un gran logro.

Nada más oscurecer comenzaron a sonar potentes disparos en la vega de San Andrés, al principio pensé que sería algún cazador y casi me entró miedo de que una bala perdida encontrara mi cuerpo, luego deduje que sería esos mecanismos a base de carburo que automáticamente de vez en cuando generan una explosión para ahuyentar a los corzos y jabalíes que en esa temporada, ante la ausencia de comida en el campo, bajan a la vega a pastar.

Allí, en ese campo ya no supe qué hacer y tomé rumbo a Jadraque. Me pareció una carretera eterna, algo que no se acababa nunca, incluso llegué a pensar si con mis cavilaciones me había equivocado de pista pero no, llegué a las vías del tren y las crucé en busca de alguna fotografía llamativa desde los exteriores del pueblo con el famoso castillo de fondo y también ya iba yo buscando un lugar para pasar la noche, un lugar un tanto alejado de la ciudad pero tampoco demasiado alejada de ella porque el campo que no se conoce de noche sobre todo te puede dar sorpresas.

Salvando unas curvas muy pronunciadas, a la altura del cementerio encontré una pequeña plaza sin iluminar, era como la entrada a una nave de poco uso así que aproveché para tomar unas fotos al pueblo y al fondo el castillo, fotos que me sirvieron para ver la diferencia óptica entre los Nikon 28/70 y el 35/70. Ese fue el panorama que fotografié.

No me pareciera que era muy tarde, (eran las 00:16) y como hasta allí llegaban el griterío de jóvenes y músicas opté por levantar el vuelo y tomar carretera adelante hasta que llegué a Bujalaro, allí, cerca del pueblo acampé.

La noche invitaba a no dormir, otra noche más idéntica a las anteriores. Allí poco ruido había, algún auto muy de vez en cuando pasaba en dirección a Jadraque. Monté un trípode y en él los prismáticos y por fin pude ver de una manera directa la Galaxia de Andrómeda. Una mancha blanquecina que a duras penas se dejaba ver, eso gozando de muy buena vista y con unos prismáticos un tanto especiales.

Entre pitos y flautas me dieron como las dos aunque fácilmente me podía haber sucedido como al Sabina, recogí el trípode y caí en la cama de un golpe, del tirón me dieron como las siete y media, el sol me ganó a la hora de levantarnos.

Sin prisa pero sin pausa desayuné y me fui acercando de nuevo a casa, con la ilusión de sacar nuevamente la cámara fotográfica casi perdida y efectivamente, una hora y media después ya llegaba a casa.

13 LAS GOLONDRINAS DE ALCORLO.

Pocos días después volvimos por Alcorlo, por la noche pude ver cómo los padres de la criatura que había dentro del nido hacían guardia durmiendo en la viga de hierro, uno a cada lado del nido, al fondo se apreciaba la cabecilla del superviviente.

Por el día un par de golondrinas merodeaban con frecuencia el nido. Unas semanas después ya no eran DOS las que rondaban aquel lugar, eran TRES, una de ellas de envergadura un tanto más pequeña, eso me reconformó el espíritu, al menos había un superviviente.

Este año, con el caso que aquí relaté he observado que no había tantas golondrinas en la zona como otros años, quizás el cambio climatológico las ha desviado y prefieren otros lugares. Si las golondrinas vuelven cada año al lugar donde estuvieron a ver si con suerte al año que viene las vuelvo a ver, porque a buen seguro que no se me pasará por alto el ver una golondrina y no recordar el fin de semana de la Virgen de Agosto del ´23.

Aprovecho para contar una anécdota, quizás un tanto aclaratoria, sobre las golondrinas.

Esto sucedió en Alcorlo por allá sobre 1968, tendría yo seis o siete años porque sucesos anteriores a esas fechas apenas si recuerdo muchos.

Al lado de mi casa solía reunirse gente mayor a tomar el sol y mujeres a realizar sus labores de costureo. Me refiero a la temporada de invierno, primavera y otoño, en verano a nadie se le ocurre tomar el sol protegiéndose del viento, jajjja

Era un lugar protegido del viento del norte por una pared alta que sujetaba la tierra del huerto del tío Herrero por lo que probablemente sería principios de otoño porque las golondrinas cuando llega el frio emigran al África.

Por allí mismo trascurría la línea de alta tensión que iba de Alcorlo a La toba y Congostrina. Allí, en los cables de alta tensión solían posarme muchos pájaros, casi todos eran golondrinas.

Yo, a esa edad, y aunque parezca imposible, me había fabricado un tirachinas, entiendo que con las gomas de un calzón o similar, algo de poca potencia ¡claro! Una tarde que andábamos allí, al sol, junto al caz o acequia que pasaba al lado de la pared, vi que en el alambre eléctrico había muchos pájaros así que me llené el bolsillo de piedras, que creo no eran superior de tamaño a un garbanzo, y me puse debajo del cable a lanzar con el tirachinas piedrecitas, con la intención ¡claro está! De hacer blanco en alguna de aquellas aves que parecían de porcelana porque estaban quietecitas, blancas y negras.

De repente uno de mis disparos dio en el blanco y cayó un pájaro al suelo de manera fulminante, ni revoloteó en el suelo ni nada, cayó fulminado. Mi hermana y yo cruzamos el caz (la reguera que bajaba agua) por el camino para llegar al lugar donde estaba el cadáver del pájaro y vimos que era una golondrina.

Tomamos el pájaro con devoción religiosa y no sabíamos qué hacer con él porque los gorriones sabíamos que sí se comían pero las golondrinas ¡NO!

Hasta nuestros infantiles oídos había llegado la noticia alguna vez de que las golondrinas eran animales que no se podían matar porque ellas fueron las que con sus picos sacaron los clavos de Cristo y eso ya eran palabras mayores, ¡habíamos matado! (bueno yo) un pájaro inocente, un pájaro al que los humanos le debíamos tanto, habíamos cometido como un crimen que como se enteraran de ello íbamos a tener problemas, primero en esta vida y luego en el más allá, cuando muriésemos.

Tal congoja nos entró que no sé cómo ni de qué manera, como penitencia y para redimirnos del pecado cometido, mi hermana y yo fuimos a la hucha, un cerdito de plástico blando que tenía un orificio alargado en la parte de abajo para introducir las monedas pero que lo mismo entraban que salían si tenías la pericia de forzar un poco la medida del rectángulo por donde entraban.

Sacamos una moneda de diez céntimos, de aquellas de aluminio, pequeñas, y enterramos al animal en la vega, con la pechuga para arriba, como mirando al cielo y muy religiosamente, igual que cuando te despides de un difunto amigo o familiar le pusimos la moneda sobre el pecho, luego le pusimos tierra encima y no volvimos, creo yo, a recordar aquel suceso. Yo con el tiempo y cuando se ha terciado, me ha venido a la memoria, por eso lo sigo recordando ¡ay de qué si no!

En el escudo de la Asociación de Alcorlo que creamos como nuevo, incluimos unas golondrinas ya que en Alcorlo esos pájaros, como he dicho eran muy respetados. Este texto reza en la página de Alcorlo:

Las golondrinas, esas aves viajeras que anuncian la llegada de la primavera, han sido muy queridas y respetadas por todos los habitantes de Alcorlo. La especial predilección hacia ellas puede ser debida al beneficio que producen por la gran cantidad de insectos que forman parte de su dieta y que ayuda a controlar estas poblaciones tan molestas, y por antiguas supersticiones impregnadas en la memoria colectiva, por las que se creía que la destrucción de sus nidos causaría grandes males. Su presencia se ha relacionado con los buenos augurios, y posiblemente sean vestigios de creencias o costumbres residuales desde los tiempos de Roma, cuando se consultaba a los augures sobre cualquier acontecimiento importante, estudiando el vuelo de las aves.