La suerte (casi siempre mala o en contra) hizo que ese fin de semana lo pasara por Fuente el Saz, lugar donde mis familiares tienen una casa de campo con su huerto correspondiente, este fin de semana tocaba ir por allí a (entre otras faenas) poner en orden el huerto y las labores de mantenimiento de la finca, por eso no estuve en los parajes de Alcorlo durante esos primeros días de incendio.
El fuego comenzó sobre el mediodía del viernes 17 de julio, la casualidad quiso que esa tarde, a última hora, estuviera yo por Guadalajara dando un paseo con el Sugus y mi hija. Desde aquel lugar se veía en la distancia el origen del fuego y también cómo un helicóptero contraincendios llegaba hasta las cercanías de la ciudad a repostar agua, distante del origen del fuego: 35 km, distancia que el aparato recorría en unos diez o quince minutos.
Me resultó curioso ver al helicóptero hacer ese trayecto cuando tenía tan solo a 2.5 km el pantano de Beleña, lugar donde (pienso yo) podría haber rellenado el tanque de agua. Sus motivos tendría para ello (tengo que pensar).
Poca o nula importancia le di yo a ese incendio ya que, conociendo aquellos parajes, no parecía tener más importancia que devastar unas rastrojeras de cereal y algo de monte bajo, algo que en pocas horas (antes de que acabara el día) se daría por extinguido.
Lejos de ser así (de ser extinguido) el sábado amaneció la ciudad de Guadalajara con una nube de humo proveniente del incendio un tanto llamativa y a la vez preocupante; por la noche, el humo no se disipó, creando un techo de unos 500 metros que se convirtió en una “boina” que cubría el valle del Henares, con una longitud de más de 70 km. El fuego al parecer no se había extinguido durante las primeras horas sino todo lo contrario, parecía que iba en aumento. El sábado yo ya me encontraba en Fuente el Saz del Jarama, desde allí se apreciaba unas nubes de humo (de baja altura) que llegaban hasta Navacerrada, más de 70 km de distancia.
Las noticias del incendio ya se iban propagando por todos los medios y personalmente me negaba a admitir que un incendio que “se había originado en un lugar desprovisto de pinos ni grandes masas de arboleda” no se hubiera podido controlar y erradicar en las primeras horas, me comenzaba a sonar a algo sub realista, algo que “no puede pasar”.
DOMINGO DE FÚTBOL. A las 21:00 comenzaría la final del campeonato mundial de fútbol entre España y Argentina, por lo que teníamos en la familia un motivo para juntarnos en torno a la tv, yo personalmente con más ganas de irme a ver el fuego que a ver qué equipo se llevaba la copa del mundo.
Después de meditar durante toda la mañana de ese domingo si ver el partido o ir a Alcorlo a hacer alguna foto del acontecimiento, a las 12:56 de ese domingo envié un watshap al grupo de “casa” que decía: “Hoy dormire en alcorlo, si veo el partido me iré después”, watshap que nadie se atrevió a contestar porque sabían de antemano que, independientemente de sus pareceres, así lo haría.
Momentos antes de comenzar el partido salió el tema y ni un solo miembro de la familia me apoyó en la idea de que yo pusiera los pies en Alcorlo esa noche. Yo por mis adentros deseaba que el partido acabara con sus noventa minutos reglamentarios, de allí saldría pitando pues, ya tenía montado en la furgoneta todo el equipo necesario de fotografía para afrontar cualquier tipo de situación, desde la oscuridad más absoluta hasta el teleobjetivo más largo para llegar a ver de cerca hasta el Alto Rey.
Pero la fortuna, una vez más en contra, no me facilitó las cosas, el partido se alargó hasta las dos prórrogas y algo más, por lo que la idea de irme a Alcorlo se difuminó como el humo del incendio, mejor dicho: más rápido, porque aquel humo permaneció durante varios días sobre el agua del pantano.
Sobre la cama caí sobre la una de la madrugada, sin gota de sueño, las siestas me difuminan el sueño de las horas reglamentarias del sueño, pero a pesar del calor reinante y como viene siendo habitual, en menos de cinco minutos de reloj el Agustín ya no estaba para nadie.
Sobre las 2:20 (una hora y media después) me desperté como si estuviera en mitad de una pesadilla en la que me encontraba sobre una parrilla como San Lorenzo, las altas temperaturas de la habitación (sin ventilador) hicieron por despertarme. Cinco minutos después decidí no esperar a las 4:00 que había dispuesto el despertador para salir huyendo del hogar como si fuera un fugitivo y sobre las 2:40 arrancaba la Volskwagen rumbo la sierra.
A los cinco minutos de enfilar la carretera de “la patata” ya vi un resplandor anaranjado en la zona del Alto Rey y pensé: “lo mismo llego a tiempo de tomar alguna fotografía con la línea de fuego avanzando por los campos”, el lugar para la fotografía lo tenía previsto: Alcorlo, concrétamente Santecilla. Otro lugar previsto era la carretera que lleva a San Andrés del Congosto, tomando un camino (poco transitado y en muy mal estado) desde el cual se divisa perfectamente desde Semillas a Robledo, pasando por La Nava, Arroyo de Fraguas, el Ordial, las Navas, Zarzuela, Bustares y Gascueña.
En poco más de media hora me presenté en el cruce de Veguillas, allí me estaba esperando un coche de la Guardia Civil que estaba cortando la carretera que lleva a Zarzuela; como sin querer pisar la alfombra pasé delante de ellos rumbo a Alcorlo, pero llegando ya casi a la recula del pantano de repente se hizo el día, varios camiones de los retenes contra incendios y otros vehículos impedían el paso, allí andaban con las motosierras y demás herramientas trabajando en esas labores de extinción. Realmente me sorprendió encontrarme allí ese destacamento, pues llamas no había por allí en algunos km de distancia.
Sin llamar la atención di media vuelta y opté por ir directamente al mirador del camino que mencioné antes en la carretera de San Andrés, pero como “por la noche todos los gatos son pardos” me pasé el camino de largo, noche cerrada sin luna, amén del humo ambiente.
Por allí no hay manera de dar la vuelta fácilmente con la furgoneta así que al menos doscientos metros marché hacia atrás con los warning puestos, con precaución pero, teniendo en cuenta que ya eran las 3:40 no creí que algún vehículo llegara hacia San Andrés en ese momento.
A los trescientos metros de circular por el camino (cada vez en peor estado) y sin vislumbrar a lo lejos ni un ápice de fuego o llamas opté por dar la vuelta (cosa bastante difícil) y continuar el viaje rumbo a Alcorlo, Santecilla.
Pasé por San Andrés de puntillas, sin hacer más ruido que el del ralentí de la furgoneta, crucé el Bornova por el puente romano, tomé el camino hacia La Toba, todo con mucho cuidado porque de noche y sin conocer de memoria los caminos fácilmente te puedes equivocar (no fue el caso de esa noche). Media hora después de pasar San Andrés llegaba al alto de la Cruz de los Alcores, un punto alto de la Toba desde el cual se divisa media provincia.
Miré para la sierra del Alto Rey y no vi llama alguna y eso me tranquilizó, no haría esa noche fotografías a las llamas o al incendio pero sería porque el fuego ya lo habían extinguido, una vez más en mi vida llegué tarde…
Sin embargo, mirando hacia San Andrés, se veía una multitud de tonos de luz, pronto comprendí que los azulados correspondían al equipo que había visto de retención de incendios, el rojizo correspondería al fuego, todavía reinante en las zonas arrasadas pero sin acabar de consumir.
Una vez más repito que la noche era oscura, sin luna, pues justo cuando llegábamos a casa de mi hijo para ver el partido, la luna nos decía “hasta mañana”.
El equipo de fotografía lo llevaba preparado de antemano, el trípode y las dos mejores cámaras estaban configuradas para trabajar en la oscuridad más absoluta, un tele de 70/200mm f2.8 y un 28/70 2.8 con sus correspondientes disparadores electrónicos. Algún otro 85 f1.4 y 50 f1.4 también daban vueltas por las mochilas.
Media docena de tomas hice en dirección a San Andrés y este fue el resultado.
A la izquierda y en tono amarillo las luces del pueblo de San Andrés, algunas estrellas se dejan ver en la parte alta, el resto de iluminación es producto de la contaminación lumínica a la que estamos sometidos casi en cualquier punto del planeta. En el punto más brillante y azulado se encuentra la presa de Alcorlo.
Igual que hiciera al pasar por San Andrés lo hice en La Toba, el pueblo totalmente dormido, ni un auto en la carretera, ni un vecino echando un cigarro en la ventana de la habitación mientras el sueño le encuentra… nada.
Sabía, por un watshap, que en Congostrina la carretera hacia Atienza estaba cortada, por lo que debía evitar llegar allí y tener que dar explicaciones a la Guardia Civil sobre el motivo que mi culo estaba allí en aquellas horas, así que tomé un camino que conocía de antemano que me llevaría a mi querida Santecilla.
Un corzo tremendo que andaba pastando por allí fue el único ser vivo que vi o escuché durante mi estancia por aquellos lugares.
Al llegar ya a Santecilla, a lo lejos, en dirección a Gascueña (a 14 km) vi un resplandor y como si me fuera la vida en ello en pocos minutos tomé unas fotos con el tele a máxima extensión; a pesar del humo y de la oscuridad, a simple vista era capaz de ver moverse las llamas hacia el cielo.
La foto resultante no es agradecida porque al momento las llamas se vinieron a menos y este fue el resultado. Más o menos diría que el fuego estaba en las cercanías de Gascueña, aunque es probable que fuera en el término de Villares, cuatro km antes.
Continué rumbo a mi lugar elegido, uno de los puntos más altos que se pueden elegir en Santecilla, cerca de la Ermita.
Antes de nada pasé por la Ermita, encendí la correspondiente vela en recuerdo a los difuntos de Alcorlo, en ese momento pasaron por la carretera varios vehículos de Guardia Civil y de incendios, por un momento pensé en que tendría que dar explicaciones del porqué mi cuerpo se encontraba en aquel lugar y a aquellas horas delante de la puerta de la Ermita.
Para evitar contratiempos rápidamente abandoné la explanada de la Ermita y subí al cerro.
De nuevo tuve la fe y la alegría de que yo “había llegado demasiado tarde a la fiesta”, no se veía llama alguna, tan solo un tono rojizo sobre las cercanías de la presa y deduje que el fuego estaba ya controlado y casi extinguido.
Al poco tiempo, una pequeña luz roja pareció encenderse al otro lado del pantano, enfrente del barranco que llega de Congostrina, y pensé: “Por allí hay algún equipo contra incendios con sus frontales”, pero de nuevo me estaba equivocando, después de tomar algunas fotografías de larga exposición con objetivos luminosos, vi claramente (a pesar del humo) que se trataba de una línea de fuego que ya llegaba a las cercanías de las aguas del pantano y con ello se jodería de ir quemando monte, ella solita moriría allí. Pero tampoco fue así exactamente, a lo largo de varias horas que estuve por allí el fuego parecía apagarse y de nuevo coger fuerza. Mis ojos apenas si eran capaces de ver la cruz iluminada del campanario y eso que estaba a cuatrocientos metros, cuanto ni más las llamas que estaban a un kilómetro de distancia. Detalle de las llamas y de la Ermita con su cruz iluminada en el campanario.
La noche se tornaba aburrida fotográficamente hablando, solo había un punto de fuego a la distancia que yo podía ver, así que, esperando que llegara el día y con él la posibilidad de ver más lejos y de que la actividad de las avionetas y helicópteros comenzaran la faena nuevamente, comencé a tomar alguna fotografía, a modo de prueba, de mis últimas reformas en mis seguidores o rastreadores de estrellas, de los que no esperaba más que conocer la precisión de su movimiento, pues con el humo que reinaba en el ambiente las estrellas poco me iban a mostrar. Aquí una de las pruebas que hice a las “Cabrillas” (Las Pléyades), fotografía de 93 segundos con una distancia focal de 85mm. Todo un éxito pues las estrellas parece que estuvieron quietas durante ese tiempo.
Durante aquellas horas algunos vehículos relacionados con el incendio subían o bajaban del lugar del conflicto con las llamas, en esa fotografía vemos la estela de las luces de uno de ellos. La luz de la cruz de la Ermita apenas si es visible y las llamas llegando al agua del pantano aún lo son menos, así como algunas estrellas que muestran que la fotografía está tomada con larga exposición, concretamente 213 segundos, tomada a las 4:39.

Contrariamente a otras noches que pernocté por allí, los pájaros de la noche durante aquellas horas que anduve por allí quedaron mudos, alguna vaca se la escuchó mugir al otro lado del pantano, quizás perdida, quizás medio asada por las llamas…
Y así, entre foto y espera comenzó a llegar la luz del nuevo día y con ella la visión del paisaje, lejos de aclararse se cerró más, hasta tal extremo que la Ermita y su explanada desaparecieron del paisaje. Foto de Santecilla al amanecer. 6:47
El humo tan espeso comenzó a molestarme en la garganta y los ojos por lo que comprendí que allí ya no pintaba nada, así que me acerqué de nuevo a la Ermita por si podía ver desde allí (algo más cerca) el agua del pantano o la presa pero nada ¡nada! Una niebla espesa lo invadía todo. En ese momento llegaba el camión que recoge la basura de aquellos pueblos a vaciar los dos contenedores que hay allí, fue el único vehículo que vi que no correspondía con la operación de la extinción de incendios. Eran ya las 7:22 y el sol mostraba así su presencia.

De regreso para casa volví por el mismo camino de Santecilla por el que fui hasta llegar a la carretera de La Toba, el pueblo parecía aún dormido, lo crucé sin ver movimiento alguno de gente ni autos. Fue ya a una vez pasado rumbo a Jadraque cuando paré para tomar unas fotos que me resultaron pintorescas y que reflejaban bien el ambiente de humo reinante en el valle del Bornova. Se trataba de una atalaya Árabe de vigilancia que se encuentra cerca de Membrillera, este aspecto mostraba. Me recordaba la película Blade Runner 2029 con su ambiente de atmosfera anaranjada.
Unos cientos de metros después volví a parar para fotografiar este paisaje veraniego, al fondo una cosechadora se afanaba en su labor de recolección de la mies.
Fue justo ahí, en ese lugar, cuando al girarme vi un espectáculo espantoso, ¡El Alto Rey estaba ardiendo por su parte de Albendiego! Mi esperanza que mantuve esa noche de que el fuego ya se había controlado y extinguido desapareció de inmediato al ver aquellas tremendas columnas de humo, a la vez que pensé: “Esto acabará en poco tiempo, ya no hay más bosque que quemar allí y en las rastrojeras se harán con el control”. En Albendiego ya cambia el aspecto del terreno y la arboleda está recogida en zonas espaciadas, hay grandes extensiones sin gran vegetación.
En primer término vemos el pueblo de La Toba. 20 Km le separan del Alto Rey.
Me vine sin saber exactamente la extensión del terreno de Alcorlo que las llamas habían devorado, tenía confianza de que al menos parte de las dehesas no se habían consumido, pero fue ya por la noche, casi al irme a acostar, cuando recibí unas fotografías que me dejaron sin palabras, me parecían unas imágenes tan sub realistas, más bien me parecían imágenes creadas con IA que imágenes reales.
Se trataba del momento en que TODAS LAS DEHESAS DE ALCORLO mostraban humo, producto de la combustión de la masa forestal de aquellos parajes, parajes reforestados de pino y carrasca hace menos de diez años ¡todo se ha ido al carajo! Tanto esfuerzo, tanto dinero… ¡para nada!
Muchos de esos pinos quemados los plantaron mis padres cuando eran mozos, también mis abuelos, todo por un muy probable sueldo mísero, al que tenían que acudir cada día desplazándose caminando durante una hora hasta llegar al puesto de trabajo. Si un día amanecía lloviendo y al llegar allí el encargado comprendía que no era interesante trabajar ese día por culpa de la lluvia, con las mismas te volvías al pueblo…
OCHENTA AÑOS de crecimiento y repoblación forestal se marcharon en un instante, las generaciones que nos sucedan tardarán al menos otro siglo más en volver a tener lo que nosotros tuvimos y no le dimos la importancia que tenía o también y ¿por qué no? NO SUPIMOS PROTEGER ESA RIQUEZA.
Como decía Jose Antonio Alonso en su canción sobre la Sierra: “Ay mi serranía, hay mi corazón, ay mi dulce patria, ay mi blanca flor….”




Magnífico como siempre
Enhorabuena por tu relato Agustín, no se puede contar mejor la situación que viviste esa experiencia, soy Vicente marido de Rosi amiga de Pili
Gracias Vicente, por tu apoyo y comentario.. ¿Qué tal te trata la vida? jejeejjejej échate un día un viajecillo por aquí, (aunque sea en bici)…