Capítulo 001  Primeros animales en el hogar y Yuca

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CAPÍTULO 001 de  TODO SOBRE MI PERRO

Podríamos decir que son más bien escasos los animalitos que pasaron por casa antes de Yuco, unos canarios, unos hámsters, un gato y por fin él.
Hay una cosa por la que siento mucha pena de los niños de ahora a diferencia con los de mi generación y que además vivíamos en pueblos, los de ahora apenas tienen animales cerca de ellos y no vamos a decir de tocarlos o pelearse con ellos, algo tan habitual desde los orígenes del ser humano hasta hace unas décadas.
Por lo general los niños de hoy sienten miedo de los perros o cualquier otro animal sobre todo si es mayor que ellos, cierto es que hay “perros” como para sentir cierto miedo por su aspecto y  principalmente por su tamaño, curiosamente el único que estuvo a punto de morderme y que se quedó enganchado con los dientes del guante de una mano no pesaba más de siete kilos así que ¡cuidado con los peques!.
Decía que siento pena por los niños de hoy que no saben _por ejemplo_ lo que es descubrir un nido con los pajarillos recién nacidos con los ojos aún cerrados con una especie de pelusilla aún sin plumas totalmente desamparados y desprotegidos abriendo sus enormes bocas en cuanto detectan la presencia de algo cerca creyendo que son sus padres, te acercas a mirarlos mientras su madre revolotea cerca llamando la atención para que el intruso se desvíe del nido y así proteger a sus crías, o cuando está la madre incubando y está a menos de un metro de ti sin pestañear, aguantando, porque sabe que no debe abandonar el nido para mantener el calor en los huevos y asegurar la supervivencia a pesar de que sabe que su vida corre peligro, incluso se deja coger _pensando en tu misericordia_ antes de abandonar el nido.
Estos  detalles tan importantísimos, estas vivencias, que son valores que te marcan en la vida y que nunca se aprenderán en un aula por muchas fotografías que te pongan delante no se pueden comparar con las experimentadas con los juguetes más modernos principalmente electrónicos o digitales por eso cuando un niño de corta edad tiene la oportunidad de acariciar un gato (por ejemplo) es una sensación que tarda poco tiempo en mirar a los ojos de los padres (con él en brazos) y decirles ¡yo quiero uno!, ¡claro!, aquello no es un juguete “que lo controlas” no tiene una docena de movimientos que los controlas a voluntad con un joystick si no que tiene ¡vida propia! movimientos inesperados incluso te ataca clavando involuntariamente sus afiladísimas uñas mientras se afana por no caerse al suelo….   Eso es lo que recuerdo de mis hijos la primera vez que tuvieron un gatito en las manos
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Dependiendo del tipo de vivienda es más fácil o más difícil conseguir que un animalito sea la mascota de tu hijo o incluso la tuya propia. Mi hogar es un trozo de una “colmena” de esas donde viven los humanos y cada uno tiene un trocito, un hueco un el panal, no hay un patio con tierra para que el animal disfrute en su ambiente por lo que la cuestión de elegir qué tipo de mascota se elige (para “sobarla”) puede ser difícil.
Casualidades o no de la vida hicieron que David cuando tenía siete u ocho años se hiciese muy amigo de un niño _Ezequiel_ que tenía la fortuna de tener una casa con jardín y que andaba capturando y coleccionando todo tipo de animales que podía (desde gatos a lagartijas) el caso es que como David frecuentaba su casa no tardó en pedir que quería una mascota. Así comenzó esta historia.
Hay una cosa que tienen los niños y que los admiro por ello, es la “perseverancia”, ¡es que no se cansan de pedir!, pedir hasta el agotamiento  o la victoria, así que lo intentamos con un canario……  “Pichi” o “Pichí” se llamó el animalito.
Yo que hasta mi adolescencia me crié en el campo sabía que aquello no les iba a llenar porque los canarios no son animales de “sobar” de dejarse tocar sino más bien todo lo contrario, en cuanto te acercas a la jaula aunque sea a ponerles alimento o agua se ponen nerviosos y al final hay que alejarse para que se tranquilicen.
Intentamos “adiestrar” el animalito para ver si se conseguíamos que se dejase al menos tocar pero era imposible _en los genes de esos animales no se contempla eso_ así que unos meses después el canario pasó a ocupar un lugar de la terraza donde estaba canturreando todo el día y que nadie se interesaba por él.
Recuerdo de aquel animal y como anécdota un par de cosas, una que tenía cierta “inteligencia” me explico: cuando estaba callado en la terraza y notaba mi presencia comenzaba a dar pequeños graznidos  piiii piiii piii, si yo no le contestaba insistía y si le contestaba se alteraba intentando hacer los piiiiisss más fuertes que los míos, no era casualidad, lo tenía comprobado, eso solo ocurrió con aquel canario los demás no me hacían ni caso a mis silbidos.
Otra cosa que recuerdo de él fue el primer día que le puse un cenicero con agua porque recordé que los gorriones se duchan con frecuencia sobre todo en verano si no es con tierra es con agua así que le metí un pequeño cenicero con agua y el resultado me sorprendió enormemente hasta tal punto que no recuerdo haber visto nunca un animal más contento, saltaba constantemente como un chimpancé en la selva, de alambre en alambre pasando por el cenicero y salpicando el agua para mojarse, lástima no haberlo grabado, repito nunca he visto un animal más feliz….  Al rato mi mujer descubrió un montón de gotas de agua por el suelo y después de recibir mi correspondiente bronca le confeccionó un cubrejaulas de tela con un ventanuco para que no salpicase así que la jaula se convirtió en una prisión aún mayor,  en fin cosas…..
El animalito era feliz con sus charlas con otros animales de su género del vecindario y sus piiisss cuando me veía hasta que después de varios años un día David se puso a cambiarle el agua o la comida y aprovechó para disfrutar de la más completa libertad, sostengo la idea de que “no hay mayor libertad que la de un pájaro” por lo general corren, nadan y vuelan y con eso van donde le da la gana desde el suelo a la rama más alta de un árbol… lástima que su vida (supongo) acabaría pronto en las garras de cualquier pequeña rapaz o de inanición, es el precio que pagaría por su libertad.

David aún no ha olvidado la llorera que le dio la pérdida de aquel pequeño animal a pesar de que no había mucho “roce” con él,  hablamos de un niño de 9 años, hace poco tiempo recordamos juntos ese episodio.

El hogar se quedó sin mascota y al principio se le echaba de menos sus piiiiss y charlas con otros pájaros de la zona así que lo intentamos con otro canario porque es un animal muy “socorrido”, me refiero a que está ahí para cuando alguien se acuerde de él y le haga un poco de rabiar intentando cogerlo o simplemente acercándose a la jaula para contemplar más cerca su pelaje.

No hubo suerte con el siguiente canario porque no se sabe si por enfermedad o cualquier otra causa el caso es que murió en pocos meses y creo que yo fui el culpable, eso sí, sin quererlo..
El tercer canario le pasó lo mismo que al segundo y supongo que por las mismas circunstancias, me explico: un día me di cuenta de que a diferencia de la alegría del baño del primer canario el resto nunca los vi bañarse así que con un pulverizador  le di un par de sifonazos hasta que las gotas de agua se pegaron a las plumas, foto del inicio.
Como consecuencia del baño entiendo que enfermaron de bronquitis (la bronquitis me lo dijo el veterinario) tanto el segundo como el tercero pues apenas podían ni piar, el caso que el tercero en concreto llegó a un estado de que en el silencio de la noche se le escuchaba respirar con dificultad como cuando una persona tiene catarro o ronca.

Aquello se convirtió en un problema porque yo veía _sobre todo a David_ que se acercaba a la jaula y se ponía muy triste, lejos de poder jugar con el animal veía que estaba enfermo y ver en tu casa esa situación no es agradable, debía buscar una solución…

Unos días después llegué a casa y no había nadie en ese momento, miré a la jaula y ¿dónde está el canario? Ya me fijo en unas plumas y resulta que se había introducido por el agujero del comedero y estaba totalmente cubierto de alpiste….
No se como no se asfixio con la cabeza introducida en el fondo del comedero, lo saqué y tenía los párpados pegados, cogí el espray vaporizador de agua y le lavé la cabeza hasta que conseguí que abriera los ojos, luego lo metí en la jaula y al rato se espabiló,  durante la cena comenté el caso a la familia a la vez que comprendí de que el canario comenzaba a dar problemas con el estado de ánimo de los niños y los medicamentos que le dábamos no arreglaban su salud.

Pocos días después llegué a casa y me encontré el canario otra vez metido en el alpiste _esto no lo he contado jamás a nadie y espero que mis hijos cuando lo lean lo entiendan_ como no podía permitir que su estado de salud afectara a mis hijos le alivié de sus males, lo saqué del comedero lo metí en una bolsa de plástico y le di un golpe en la cabeza contra la mesa, luego lo saqué de la bolsa y lo deposité en el fondo de la jaula y esperé a que descubrieran que el pájaro se había muerto, yo entendí que el pájaro se quería suicidar pero no podía así que le ayudé, espero que mis hijos lo entiendan y me perdonen.

Después de esta aventura con los TRES canarios y viendo que no era animal _repito_ de sobar me pidieron un hamster, digo “me” porque yo era más fácil de convencer que a mi mujer.

Yo se la importancia que tiene para un niño tener un animal con el que poder jugar y ver como él solito se mueve sin pilas ni jostick, sentir su tacto, su pelo tan suave, etc así que me los pesqué a los dos una tarde en el coche y al rato estábamos en casa con DOS DE TODO, dos jaulas, dos hámster, dos comederos, dos bolsas de comida, dos, dos ,dos…

La alegría duró muy muy poquito, a los pocos días a David le mordió el suyo y claro, ¡así no hay quien juegue! por lo que según entraron en casa el conjunto de las DOS jaulas salieron a casa de unos compañeros de cole, y se terminó el tema de las mascotas que ya me costó lo suyo convencer y/o discutir con mi mujer por “la ostia de las mascotas” ya que mi mujer siempre se negó a tener animales en casa que solo saben dar olores y más trabajo de limpieza….

Mira por donde al poco tiempo pasamos a recoger algún trasto por una casita que tienen mis suegros en el campo _recuerdo que era invierno y hacía mucho frío_ y cuando ya estábamos subiendo al coche escuchamos un diminuto maullido, aullido, chillido o algo similar y al momento otro, la curiosidad quiso que poco a poco nos fuésemos acercando hacia el lugar de donde provenían los maullidos, era del almacén de la leña, a base de insistir y desmantelar parte del montón de leña llegamos a ver el autor de los maullidos, era una pequeñísima gatita negra tiritando de frío, una cosa diminuta quizás de un mes de vida, no tuvimos más remedio que meterla en una caja y ¡al maletero!.

Ni game boy ni más juguetes necesitaron mis hijos ese día, igual que si se hubieran hecho polvo o hubieran desaparecido porque toda la atención se la llevó la gatita…
Lo primerito que hay que hacer es “ponerle nombre” un juguete ya tiene el suyo “game boy”  “nintendo” etc así que ahí se tiraron media tarde discutiendo cual era el más apropiado para el animalito, pensaban que en cuanto “lo bautizaran” iba a atender al momento como si estuviese Windows grabando tu timbre de voz, Fulanita ¡ven aquí! ….  ¡lo que son los niños!  A mi edad eso de poner nombre a los animales ni se me pasaba por la cabeza ya que sabía de antemano que no servía de nada pero es lo que tiene la ignorancia.

Al final el nombre elegido fue YUCA, y a partir de ese momento solo se escuchaba en la casa “Yuca aquí”  “Yuca ven”.
Llegamos a casa y rápidamente se le buscó una cama ¡como si los animales lo entendiesen! La Yuca se tumbaba donde quería, la alimentación leche y galletas y meaba donde le daba la gana, en 24 horas mi mujer estaba “hasta los güevos” de gato pero no podíamos hacer otra cosa que aguantarnos porque los dos lo habíamos aceptado así.

Poco duró la alegría porque a Diana le salieron unos granos que acabó siendo sarna, total, una dosis de pastillas _más bien caras_ para corregir el problema en la piel de Diana por lo que fue la excusa perfecta para sacar al animal fuera del hogar.

Como Diana tenía muchos amiguitos y Yuca era su juguete preferido mi casa se convirtió en los primeros días en lugar de peregrinación de un montón de niños del colegio que al manosear al gatito varios resultaron contagiados también de sarna.

Bueno pues a partir del día del descubrimiento de la sarna Yuca pasó a vivir de momento con otros animales de su especie en el zoo y nunca más supimos de ella…

Próximo capítulo y mucho más interesante ¡QUEREMOS UN PERRO!

gracias por llegar hasta aquí. alcorlopantano.com

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