Capítulo 002 Queremos un perro.

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La odisea de las mascotas no había hecho más que empezar, mis hijos ya le habían cogido el gustazo a eso de “sobar un animalito”; dice un proverbio chino que “Dios hizo al gato para que el hombre se diera el gustazo de acariciar un tigre” y es cierto, un gato es clavaíto al tigre pero en mini, así que en pocas semanas cuando ya se había pasado el problema de la sarna comenzó la otra “sarna” el comezón de ¡¡¡¡“QUEREMOS UN PERRO”!!!.
Decía al principio que admiro los niños por la perseverancia, ¡qué pesaos se ponen!  A veces había semanas enteras que se les olvidaba el tema pero a veces era una y otra vez, es que fulano y mengano lo tienen _ya pero viven con casa y patio_  fulano si pero mengano  no, ¿porqué no podemos tener un perro? ¡si es que no hace falta que sea grande! ¡un perrito pequeñiiiito!… esa era la lucha casi diaria.
Mi mujer por aquellos entonces llevaba varios meses enferma de ciática y sin ver una solución cercana para ello, esa enfermedad reumática y dolorosa que no te deja moverte con soltura y lo que menos quería era tener un perro, ¡era justo lo que le faltaba! quizás en otro momento….

La perseverancia de mis hijos y el agotamiento de mi mujer hicieron que bajásemos la guardia y un día fuimos David, mi sobrino Rubén y yo a la perrera de la ciudad. Allí nos explicaron muuuuu bien lo que conlleva tener un perro, mucha responsabilidad, mucha dedicación, a veces muchos problemas, a veces mucho dinero, etc, etc  David que ya tenía 14 años lo comprendió “entre comillas” y nos volvimos a casa sin perro, aparte de que todos los que vimos allí metidicos en su pequeña jaula no se ajustaba a lo que buscábamos pues estaban todos como locos, saltando, ladrando, en fin un drama….

El tiempo pasaba y mi mujer no mejoraba de su ciática pero el run run del “queremos un perro” seguía resonando cada día con más insistencia por toda la casa así que un viernes por la tarde salimos David y yo zumbando a recorrer perreras porque entre otras cosas “ni se me había pasado por la cabeza gastarme 300 euros en un perro” ¡¡¡¡¡con todos los que tienen las perreras gratis!!!!.

Comenzamos en Azuqueca _un desastre_ unos perros grandes allí encerrados con unos potentes ladridos que resonaban entre aquellas “cochineras” que hasta daba miedo estar allí, también había alguno recién nacido pero tampoco era la idea ¿Quién le enseña cuando tiene que mear y donde y esas cosas…?

Era noviembre y aunque no era demasiado tarde pronto se hizo de noche, la siguiente perrera prevista era la municipal de Alcalá de Henares, pues nada, ya puestos “pa llá” a probar suerte.

Después de mucho esperar (por un mal entendido) nos enseñaron la “mercancía” más de lo mismo, una pena, animales nerviosos dando saltos y ladridos en cada “cochinera”,  olores a mierdas y orinas, etc; de noche y con una débil iluminación nos mostraron dos perros en la misma celda que se ajustaban a lo que andábamos buscando.

Los dos estaban juntos en la misma celda porque no había celdas suficientes para cada uno de ellos, los dos perros eran de igual tamaño pero de razas totalmente diferentes, andaban disputándose algo, quizás el poder, quizás la comida, luchando sin duda por la supervivencia, algo difícil de que viera o se diera cuenta David, un niño de 14 años de la época actual que nunca ha danzado o peleado con animales.

La elección no era difícil, dos perros, de igual tamaño, uno mucho más gordo que el otro aunque de igual altura, el gordo era de color canela con manchas blancas, pelo cortito del estilo de una rata y cola muy corta, el otro totalmente de aspecto diferente, pelo negro con mechones blancos en el pecho, cola larga con pelo en ella muy largo y abundante, la elección (decía) no era difícil porque aunque los dos se ajustaban perfectamente a lo que buscábamos al de color canela le faltaba un ojo, era tuerto, le pregunté a David cual prefería aunque de sobra sabía yo que “el negro” ganaría la partida (por el tema del ojo del otro) así que allí se quedó con su ojo perdido, en el mismo sitio y sacamos de aquella “gorrinera” al negro con mechas blancas.

Una vez elegido lo sacaron de allí con una correa corta y gruesa ya que tenía puesto un arnés rojo con un cascabel y lo llevaron a la sala donde se les coloca el chip, las vacunas y lo preparan para “envolver para regalo”.

En esa habitación había la luz necesaria como para darme cuenta de inmediato de que al animal le faltaba pelo en la mitad de la cara detalle que nadie nos habíamos percatado cuando estaba en las “tinieblas de la gorrinera”.

Joer que problema, ¡que drama!, elegimos ese por su aspecto dejando al otro por el ojo y este está enfermo…. ¡es que no damos una! mecagüennn….

La veterinaria responsable no sabía que decir y aseguraba que el día anterior el perro estaba perfectamente bien. El animal había recibido una dentellada o un golpe y tenía una herida alargada de un par de centímetros de longitud en mitad de la cara, debajo del ojo derecho, la herida se veía perfectamente ya que tenía un lado de la cara hinchado y pelado de tanto rascarse con la pata por el dolor. No quiero con esto decir _ni mucho menos_ que los animales estaban ahí mal atendidos porque con los que tenían que atender no me extraña, el caso es que medio a escondidas y por lo “bajini” le pregunté a David ¿y si se muere? A lo que levantó los hombros como diciendo…. Que sea lo que Dios quiera pero de momento ¡TENGO PERRO!.

Mientras nos decidíamos si por uno o por otro o por NINGUNO nos invitaron a que diésemos con él un paseo por el lugar para ver su comportamiento, en ningún momento nos presionaron para llevárnoslo o no, incluso nos dijeron que si pasada una semana nos arrepentíamos pues con devolverlo sería suficiente.

Ni David ni yo sabíamos “conducir perros”, pero solo bastaron unos minutos caminando por allí en una calle de zona industrial para darnos cuenta del comportamiento tan diferente del animal ahora en la calle, el perro caminaba a nuestro paso sin más, tranquilísimo, pero mientras tanto y sin decir nada en nuestras cabezas rondaba el problema de la tremenda herida en la cara y a mí por dentro “me llevaban los demonios” pensando ¡vamos a ver! ¡coño! ¿tan difícil es conseguir un perro como el que buscamos sin ningún problema a la vista?????  _El uno tuerto y el otro “averiado” _   ¡¡¡me cagüen toooo!!!!

Al poquísimo tiempo volvimos de la calle con el animal y pasamos a la clínica u oficina con la decisión de llevarlo a casa, tampoco había mucho donde elegir así que le pusieron su chip y sus correspondientes vacunas, le recetaron una pomada y creo que unas pastillas y durante una semana lo pasé fatal curándole la herida porque sobre todo de aquella herida salía un líquido blanquecino que olía a cieno podrido que te quitaba el hambre de comer para todo el día lo bueno es que dos días después la herida comenzó a sanar y unos meses después el pelo volvió a crecer y si no fuera por la fotografía de la cabecera  _que fue la primera que le hice a ese animalito al día siguiente_ nadie nos acordaríamos de la historia de la herida y el pelo.

Antes de llegar a casa recogimos a Diana de casa de su amiguito Andrés, le enseñamos a Diana el perro que venía en el asiento de atrás tumbado como un rey, Diana no tardó nada en sacarlo del coche y pasarlo a casa de Andrés para enseñárselo, esa fue la primera casa que pisó el animalito estando ya con nosotros pues Diana se lo enseñó como un gran trofeo y no era para menos porque la lucha duró cerca de dos años hasta conseguirlo. Entre unas cosas y otras llegamos a casa tarde, a la hora de cenar.

Mi casa está en la planta segunda, subimos por las escaleras con el animalito atado, antes de entrar le soltamos la correa, en ese momento mi mujer estaba tumbada en el salón en el sofá grande en posición horizontal, igual que “la maja vestida” de Goya, mirando hacia la puerta de entrada al salón cuando nos plantamos delante de la puerta David y yo, no sabíamos a ciencia cierta cuál podía ser la reacción de mi mujer, podía ser desde “qué bonito es” a ¡¡¡“mañana lo lleváis donde estaba”!!!, al no ver perro alguno dijo: _¡qué!  ¿habéis encontrado alguno?_  unos segundos de silencio y apareció él entre nuestras piernas….

No se me olvida la reacción de mi mujer _ ¡ay, ay, ay ¡qué grande es!, ay, ay!_ mi mujer esperaba encontrar un caniche (por lo visto) pero yo lo quería más grande, ¡un caniche no es para llevarlo al campo!.

Aunque nos había dado su consentimiento de ir a mirar por las perreras realmente no se esperaba que apareciésemos con un animal, el caso es que cuando mi mujer acabó con sus “ayes” _de impresión y no de dolor_ el animal avanzó hacia ella muy despacio miró a todo su alrededor, localizó un rincón y se tumbó y de esta manera en muy poquitas horas pasó de ser un perro huérfano o vagabundo y olvidado para convertirse en el rey de esa casa teniendo asegurada la alimentación, la protección y la salud y viviría como un perro privilegiado hasta el final de sus días.

Once días llevaba en la perrera sin que nadie le reclamara por lo que su final habría llegado en menos de una semana si nadie lo hubiera apadrinado antes pero lo cierto es que cada uno se muere cuando le llega su hora, espero que a su compañero de celda le acompañara la misma suerte.

Este enlace te llevará a las fotos de los primeros días, la energía y vitalidad de aquellos tiempos nada tiene que ver, como es lógico,  con las de diez años más tarde y es que el tiempo no perdona a nada ni a nadie…
https://picasaweb.google.com/103679889331782719531/Capitulo002

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los primeros juegos, haciéndole de rabiar.

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Curiosidades que tiene la vida, acabó con la misma pata derecha encintada para protegerse de rascarse la misma parte de la cara, al principio por la herida y al final por la espiga del ojo…

próximo capítulo:  ¡Tenemos un perro!. Gracias por llegar hasta aquí. alcorlopantano.com

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