EL GORILA BLANCO DE NIKON. (Marzo 2025). Toda esta historia, que bien podía catalogarse como de episodio dramático con final feliz, comienza en junio de 2023 cuando en un ataque consumista no pude reprimirme de comprar, para mi desangelada Nikon 810, un objetivo acorde a sus características, quiero decir, un objetivo “bueno”, que por lo tanto o tenía que ser caro (si era nuevo) o tenía que ser más barato, pero ya con muchos años corriendo por el mundo con sus probablemente taras. Aquí el PDF EL GORILA BLANCO DE NIKON2
Una cosa bien clara tenía, que no iba a invertir 2.200 eurillos en lo que Nikon ahora mismo ofrece para satisfacer esa necesidad mía, así que comencé por mirar por la web a ver qué podía encontrar. No es mi caso pero “No hay nada como tener dinero y además querer gastárselo”.
Tengo que anotar que la Nikon 810 ya tenía montado lo que en su día fue “un buen objetivo” (Nikon 35/70) pero claro, estamos hablando que ese objetivo estuvo operativo en tienda desde 1992 hasta 2005, o sea, ¡20 años atrás! ¿Quién compraría hoy un automóvil con una edad de más de 20 años? Como nota curiosa de este 35/70 hay dos versiones, yo tengo la segunda, la primera es aún más antigua, estuvo en venta desde 1987 a 1992. Cuentan algunos que esta segunda versión, estando ya descatalogada, se continuó buscando durante varios años por valorarse como una buena alternativa para Nikon, fue este el PRIMER OBJETIVO de la firma en el que el foco estaba motorizado, o sea, se pasó de un enfoque manual con control de foco a un enfoque automático.
Ese número impreso dentro del círculo rojo corresponde a la fecha definitiva de la reparación. Aquí vemos los dos modelos mencionados, aunque en la derecha se ve el 35/70 recogido la diferencia de peso y volumen es importante. Anotar también que durante el tiempo que utilicé este 35/70 tuve que fabricarle un accesorio para poder instalarle un parasol para evitar entrada de luz lateral ya que como diré después este era su talón de Aquiles. Tengo que reconocer que junto con ese anillo que tiene el bordo rojo, fue una pequeña obra de ingeniería con la que podía enfocar en modo manual aún con el parasol puesto. Aclarar que este objetivo (35/70) no tiene ANILLO DE FOCO, es en el extremo delantero del objetivo donde se actúa para el foco, eso sí, muy preciso, ya que todo él está construido en aleación de aluminio, funciona muy suave y sin traba alguna.
Si bien es cierto que ese objetivo (Nikon 35/70) rinde bien, no deja de carecer de algunas mejoras más actuales como los sistemas antirreflejos a base de nanocristales, y más historias puestas en las lentes, por no hablar de las lentes ASFÉRICAS que reducen muchísimo las aberraciones cromáticas; por aquellos años 1995 aún no se había llegado a esa tecnología, o al menos para los que andamos a pie.
Estos fueron los motivos por los que de la noche a la mañana decidí que debería rascarme la cartera y comprar algo más “moderno” que este Nikon 35/70 f2.8.
El objetivo que buscaba debía ser de esos de “montar en la cámara y no sacar jamás” aunque eso ya sabemos (que quien me conoce) es imposible, quiero decir que debería reunir unas características obligatorias como tener algo de zoom, mucha luminosidad (para poder utilizarlo en situaciones de poca iluminación) que tuviera un rendimiento óptico a nivel de calidad de muy bueno a extraordinario, quiero decir que aunque tuviera viñeteo, aberraciones cromáticas, algo de efecto “coma”, que no soportara muy allá las luces frontales, etc todo esto le fuera perdonado si lo hacía disimuladamente, quiero decir que para encontrar esos errores o fallos se necesitara de agrandar la imagen al 200 por ciento. Realmente era MUCHO lo que buscaba por POCO dinero.
Después de días, horas y ratos de mirar por la web, tanto en artículos nuevos como de ocasión, encontré lo que en su día era el “buque insignia de Nikon”, un objetivo nacido para llevar solo uno en la mochila, hablo claro está, que cualquier profesional con ese objetivo montado en su cámara iba a poder resolver casi cualquier situación, sobre todo si no necesitaba acercarse demasiado a la escena.
La idea de Nikon con este nuevo modelo era que el fotógrafo profesional no tuviera que ir cargando con TRES O CUATRO OBJETIVOS luminosos, (quiero decir un 28mm, un 35mm, un 50mm y un 70mm) cosa que en algunas situaciones era primordial el tiempo, además de ser un engorro el tema del peso y la operación de ir cambiando de objetivo dependiendo de la situación del momento. Todo esto quedaría resuelto con este nuevo modelo que, sustituía en parte al anterior Nikon 35/70 f2.8 que ya he comentado, mejorando casi todas sus prestaciones, yalgunas ¡de qué manera!
AQUÍ EL ENLACE a los dos modelos comentados: https://radojuva.com/es/2013/01/nikon-af-s-28-70-f-2-8-d-if-ed/ ===== https://radojuva.com/es/2014/09/nikon-af-nikkor-35-70-mm-2-8/
Enlace al vídeo de la primera impresión. El primer día.
Me aseguré todo lo que pude que a nivel óptico el bicho este al que le había puesto el foco (Nikon 28/70 f2.8) tenía esas prestaciones que yo buscaba, no soporto los viñeteos exagerados (propios en algunas ópticas de este segmento profesional como es el formato FULL FRAME) y mucho menos las aberraciones cromáticas exageradas, que no es que no se puedan corregir en la edición sino que al corregirlas se lleva parte de la calidad óptica.
Este modelo en concreto si lo comparamos con el más parecido de la actualidad (Nikon 24/70 f2.8 de 2200 eurillos) carecía de esos 24 mm que, a veces, son muy interesantes, pero por otro lado llevo tiempo resistiéndome a fotografiar por debajo de 28 mm porque a esa focal las imágenes ya comienzan a perder el encanto de la realidad, quiero decir que se comienzan a distorsionar, sobre todo las distancias, a esas focales los objetos que se encuentran a cinco metros de distancia luego aparecen a 10 y los que se encuentran a veinte metros parece que ya están en el infinito…
Bueno pues una vez tomada la decisión ahora la cuestión era decidirse por un vendedor. Había ofertas desde 300 euros hasta 450. Curiosamente este más caro en vez de ser de color NEGRO (típico y común en Nikon) era BLANCO, yo nunca había visto un objetivo de color blanco que no fuera de la marca CANON, de Nikon ¡ninguno!
Indagué un poco sobre ello y resultó ser que Nikon que, empleó mucho capital en su nuevo modelo estrella de aquellos años 1999, hizo una operación de marketing ofreciendo este mismo modelo tanto en negro como en blanco, eso sí, si ya era caro en negro en BLANCO costaba 100 dólares más, total para llamar la atención, porque el resto era exactamente igual que su hermano de color.
¿Por qué elegí el objetivo de color blanco? Pues sencillamente, me dije: “Supongo que cuando un objetivo lo venden más caro será porque está en mejores condiciones que otro idéntico que está más barato, y puestos a gastar dinero en algo que quiero que me dure mucho tiempo me da lo mismo gastar trescientos que cuatrocientos cincuenta”. Era el más caro de los que vi y por ello lo compré, sin darle importancia alguna al color, aun así me pareció buen precio, 450 euros. Nota: tampoco encontré otro de color blanco por la web.
Tonto de mí y por falta de experiencia, resultó que ¡lo había comprado en Japón! Ese fue el primer error.
Una vez hecha la transferencia del dinero, como una semana después empiezo a recibir correos de la aduana, ¡todo en inglés, por supuesto! Que si tasas, que si el paquete está retenido en la aduana, que si no sé cuántas hostias más y ya caí, que tenía que pagar costes de aduana y demás, total que en menos de dos semanas tenía a FEDEX tocando el timbre de mi casa.
Para recoger el paquete le tuve que entregar al transportista unos 150 euros, pero bueno, al menos no me habían enviado de Japón un ladrillo o un canto del monte Fuji, contento estaba con verle la cara.
Ya había leído algunas críticas que “la tara principal de este objetivo” es que todos morían porque se averiaba el enfoque automático, el mecanismo del enfoque llegaba un día que decía ¡hasta aquí hemos llegado!, el problema es que la reparación ronda los 300/400 euros por lo que ya andas sopesando si merece la pena o no la reparación. ¡Claro, por eso había muchos anuncios que por 250 euros te vendían ese aparato pero advertían que no funcionaba el foco, todo cuadraba, pero con esa condición ya lo compré, que funcionar el foco funcionara, el resto todo sería suerte de si duraría uno o cien años.
Luego con el tiempo encontré artículos sobre este “fallo de diseño” de este objetivo en el que hablaban de la rotura del sistema del autofoco, al parecer quisieron sacar un sistema ULTRASÓNICO para mayor rapidez y precisión, pero no calcularon bien que el “motorcito” tenía que mover una gran cantidad de masa (de peso) en el interior y eso a la larga sería su muerte. Claro está que si este modelo de objetivo se dedica a fotografía de paisaje, de retrato, o de fotografía sin prisas pues durará mucho tiempo, pero si andas constantemente enfocando escenas deportivas pues claro, morirá pronto. No importa los disparos que haga sino el tiempo y maneras que trabaje el foco. Este vídeo muestra el momento de probarlo, el primer día.
Este sistema de enfoque nada tiene que ver con su antecesor, el 35/70 f2.8 que el enfoque era simplemente MECÁNICO, ni siquiera el objetivo tenía motor; del cuerpo de la cámara sale un eje que gira los mecanismos de las lentes y enfoca. Bien pensado de esa manera no había que implantar motores en cada objetivo pues era la propia cámara la que enfocaría cualquier objetivo de ese tipo, pero esto ni acababa de ser ultra preciso ni ultra rápido, a la vez que ruidos en algunos casos.
En este mi nuevo objetivo fotográfico, el foco funcionaba bien; era impresionante la calidad y luz que mostraba tan solo con mirar por el visor. Después de unas pocas pruebas con él y de ver sus impresionantes resultados en la pantalla del ordenador a tamaño real quedé satisfecho con la compra, ¡qué digo satisfecho, MUY SATISFECHO! ¡Ahora sí que tenía un equipo en el que confiar!
Había surgido un pequeño problema que era de peso y de envergadura, el objetivo pesa como un kilogramo, que sumado a otro kilo de la 810 ya eran dos kilos, el conjunto se mostraba como algo GRANDE, algo demasiado grande y pesado como para tomar fotografías con él para colgarlas en la web a tamaño cuatro veces más pequeñas, pero además de pesado era voluminoso pero como dije en su día (diez o doce años antes): “yo quisiera tener una cámara que respondiera como yo quiero, aunque tuviera que llevarla en una carretilla” y poco más y me pasa eso pero “el que quiere peces tiene que mojarse el culo”. El conjunto completo pesa alrededor de 2.5kg
De todos es conocido que “en casa del pobre dura poco la alegría” y en pocos días observé que el anillo del zoom en ese objetivo no iba suave, ni siquiera brusco, iba a trompicones, y pensé: “vaya plan que tengo con esto, si estoy grabando vídeo y toco este anillo el resultado es un golpeteo de imágenes que son inutilizables, tengo que buscar una solución”. Actualmente el equipo que más rendimiento óptico me da en el vídeo es este Nikon.
Como solo había pasado una semana desde la recepción del producto le envié un correo al vendedor sobre la posible tara del artículo ya que en su oferta decía bien claro: “producto en perfectísimo estado”.
Se pasó una semana y el vendedor no me dijo ni “pamplona” así que le puse un comentario NEGATIVO en su muro sobre la venta que había hecho conmigo, todo esto a la vez (como yo suponía que no se iba a acordarse de mí) decidí buscar la solución por otro lado y una noche desmonté parte del objetivo para tratar de averiguar si había tenido un tropiezo, un golpe o algo, un mal montaje en alguna reparación (motivo por el que lo vendían), etc.
Tocar estos cacharros da mucha grima, eso es para el profesional que todos los días está haciendo esa labor y no otra. Toda la electrónica y mecánica son de la altura de un reloj suizo, todo perfectísimamente diseñado y calculado, piezas de buena calidad, poco plástico y mucho aluminio, se ve que ahí NIKON puso mucha carne en el asador, no me extraña que se vendieran pocas unidades, sobre todo por el precio que llevaban en salida.

Bueno pues, una vez sacado varias piezas, o sea, las tapas que envuelven el cuerpo, me di cuenta de que algo tan sencillo como rotar un tubo de plástico sobre otro allí ya era una operación imposible de que fuera suave, el problema que tenía, o que yo veía era que mecánicamente, físicamente, el tubo y la base rozaban entre ellos.
Con mucho cuidado, (porque si te equivocas no hay marcha atrás) traté de aliviar algo de material del barril que gira cuando se mueve el zoom (que era el problema) y aunque no mucho la cosa mejoró. En la foto se ve algunas virutas del barrilete donde discurre el anillo del zoom.
Bueno pues, para no andar con más palabrerías, tres horas después ya lo tenía montado y funcionando mejor que cuando lo desmonté, no quedó perfectísimamente bien, pero sí quedó útil para conseguir un zoom un tanto suave, contento estaba con el resultado. Tiempo después y aprovechando otro desmontaje volví a repasar el anillo del zoom y quedó fetén.
En la primera operación casi me cargo el sistema de medición del zoom. Se me dobló un patín de los que va leyendo las pistas electrónicas, con lupa de relojero y maña pude resolverlo.
Mira por donde, dos o tres días después de ponerme a tocarle las tripas al objetivo y de colgar la queja en la web del vendedor recibo un correo de él preguntándome cual era el problema. Le explico el problema y me pregunta qué podíamos hacer para resolverlo. Lejos de decirle que le enviaba el producto de vuelta (ya que lo había manipulado) y nuevamente hubiera comenzado la tarea de aduanas, transportes y mil hostias y sobre todo porque el objetivo ya “PARECÍA” funcionar perfectamente, le dije que en vista que ya se había pasado un tiempo y no me había respondido a mis correos ya lo había solucionado yo por mi parte, que me había costado 150 euros la reparación y eso que me lo hizo un amigo que entendía del tema.
El vendedor me propuso reembolsarme esos 150 euros a costa de que eliminara la opinión negativa que le había puesto en el muro de su tienda y así lo hicimos, todos contentos, el hombre no ganaría nada con la venta del objetivo, yo en vez de 450 euros me costó 600 (que no es moco de pavo) pero tenía un objetivo “pata negra” aunque usado y averiado, porque al poco tiempo le encontré una nueva tara o avería. Lo que más me gustaba de la compra era que las lentes estaban impolutas, generando unas imágenes con un nivel de detalle im-presionante, a pesar de tener más de VEINTE AÑOS.
A continuación un vídeo del momento de acabar con la reparación. Comencé sobre las 22:00.
Voy a comentar que lo más parecido para la Nikon 810 y de otra marca ajena a Nikon, la opción más recomendable sería el TAMRON 24/70 f2.8 estabilizado, por 1500 eurillos.
Entre armar y desarmar el objetivo observé que el aparato había sufrido un golpe, un golpe en posición vertical, por lo que los mecanismos internos podían haber sufrido un desajuste y de ahí podía venir el problema. Un golpe que debió de caer al suelo sin tener la tapa de los contactos eléctricos puesta, la parte donde se ancla al cuerpo de la cámara, no el parasol, eso al parecer había desalineado el barrilete del zoom haciendo que tropezara y rozara en su banda de rodadura.
Pues eso, que poco tiempo después observe un malfuncionamiento en el aparato, me explico, todos los objetivos que tengo cuando están en posición “infinito” (da igual que muevas la focal, o sea, el zoom) siempre está enfocado al infinito, pero este no ¡ESTE TENÍA QUE SER DIFERENTE!
Yo no dudaba de que lo hubiera montado mal porque eso hubiera sido imposible, no se pueden intercambiar piezas ni me sobró ninguna en la operación, por lo que deduje que podía ser debido a un error en el diseño, algo muy poco probable por no decir IMPOSIBLE, que un objetivo de esa categoría hubiera salido al mercado con esa tara.
Para más “INRI” en el cuerpo del objetivo, en la ventana de la distancia había TRES MARCAS que correspondían a tres distancias focales. Foto de referencia.
A golpe de pronto me hizo pensar que de tener aquellas tres muescas podrían significar que el infinito estaría en cada una de esas tres posiciones, algo que me negaba a creer que la realidad fuera esa en un modelo tope de la marca.
Para asegurarme traté de averiguar el significado de esos símbolos y envié un correo a Nikon preguntando sobre ello. Sí, sí me contestaron, pero no me lo resolvieron, en un mensaje escueto y con datos muy técnicos más o menos me vinieron a decir: ¿por qué estás perdiendo el tiempo con un aparato que tendrá más de veinte años cuando tenemos otro con mejores prestaciones que puedes adquirir por el módico precio estándar de 2100 euros?
Para tratar de resolver la duda busqué por flicker (web donde ponemos nuestras fotos) un grupo donde trabajaran con ese modelo de objetivo pero como dije antes “se conoce que se vendieron pocos” porque encontré poco, y lo peor, que hablaran español NINGUNO. Quería formularles la pregunta de si su objetivo al mover el zoom se movía también el foco, eso era todo, ¡solo necesitaba saber eso! Ya que no tenía otra manera de saberlo, nunca he visto en estos dos años otro objetivo como ese por la calle.
Como se pasaban los meses, incluso se pasó el primer año, sin resolver aquella incógnita, una tarde me propuse desmontar de nuevo el objetivo, pero no la parte de la vez anterior (que era la fácil) sino ir mucho más adelante, hasta la parte frontal donde se mueve la primera lente.
Cierto es que salvo la parte central que “eso ya es para profesionales” lo desmonté todo, con la intención de descubrir si en alguna supuesta reparación anterior había habido algún error o alguna pieza rota, pero NADA, no vi nada anormal, por lo que mi gozo se quedó en el pozo. Lástima que no tenga una foto de ese momento porque hasta yo mismo me asombraría hasta donde llegué a desarmar. En el fragor de la batalla se me olvidó la foto para el recuerdo.
Estando en estas, y ya con algo más de un año de acompañarme en cada salida, llegaron las vacaciones de verano; como cada año aproveché para visitar a mi amigo Alain en Almería y de paso a su vecino Lorenzo que, antes de que padeciera el ictus y en sus ratos libres, reparaba objetivos fotográficos de nivel profesional, pues nada, le expuse mi experiencia con el “Blanquito”.
No me acompañó en ese momento mucho la suerte porque Lorenzo no conocía ni siquiera ese modelo de Nikon, pero me aseguró que (de acuerdo a mis explicaciones) el objetivo mío estaba mal montado, o bien por parte mía o bien por otra intervención anterior, pero eso lejos de aclararme las dudas las incrementó más porque ¿qué podía haber hecho yo mal a la hora de montarlo y desmontarlo? No era la primera vez que me sucedía eso sino la SEGUNDA VEZ, en una ocasión me sucedió lo mismo con un Tamron y el motivo creo que fue que intercambié una lente de posición, pero en este caso no había lentes intercambiadas, cada elemento y cada tornillo fue a parar donde estaban antes.
Se pasaron varios meses después de la entrevista con Lorenzo y decidí romper otra lanza para comprender qué pude hacer mal en la operación de reparar el anillo del zoom. A pesar de que ya había desmontado la vez anterior gran parte de todos los mecanismos traté de volver a repetir el mismo proceso, todo con la fe ciega de Lorenzo, “hay algo mal montado en ese objetivo”.
Esta vez no pude completar la operación tal como tenía previsto porque uno de los tornillos del último grupo que me quedaba por sacar se le fastidió la cabeza, en parte culpa mía porque para evitar que se aflojaran les puse líquido sellador a todos los tornillos para que en un futuro no se aflojaran con el uso. De cualquier manera tampoco esta vez vi problema alguno de montaje y después de esta tercera o cuarta vez que desmontaba ese objetivo di por asumido que así moriría conmigo, funcionando de aquella manera, o sea, que cada vez que mueves el zoom tienes que volver a enfocar.
A continuación unos detalles del interior de este objetivo. Por el torno tuvo que pasar la primera parte del objetivo para quitarle unas décimas de milímetro. 18-12-24 es la fecha de la operación.

No es la primera vez, ni creo que sea la última, que cuando ya tiro la toalla en casos que no soy capaz de resolver, al pronto surge la solución; igual que si un “algo” estuviera echándome un pulso para ver cuánto aguanto, cuanta perseverancia tengo hasta que doy la partida por perdida.
Fue ayer, 11 de marzo de 2025, cuando al “Gorila Blanco de Nikon” le di la solución definitiva y por cierto bastante efectiva quedando con un funcionamiento, sino idéntico a cuando salió de fábrica, si muy parecido.
Resultó que paseando con el perro y de una manera inconsciente, me vino a la mente que tenía adaptado un objetivo todo terreno (28/200) bastante antiguo pero de cierta calidad, que bien podía ponerlo a tiro finamente.
Resulta que recientemente he comprado unos objetivos para la Nikon que no disponen de enfoque automático y con ellos volví a recordar la función mega-extraordinaria que tiene la tecnología Nikon, que es la de mostrar con un indicador el momento en el que la imagen quedaría enfocada. Algo parecido hace Canon pero necesita obligatoriamente tener comunicación electrónica el objetivo con la cámara, cosa que en Nikon no es necesario.
En la adaptación de este objetivo SIGMA (regalo de mi amigo Alain por el 2015) tuve que emplear un pegamento súper duro para adaptar el anillo de sujeción del objetivo al cuerpo de la cámara y no es fácil andar montando y desmontando para ajustar la distancia entre el objetivo y el cuerpo de la cámara. Para evitar eso pensé que quizás, ajustando la primera lente del objetivo podría conseguir el mismo resultado.
En su día, cuando adapté este Sigma, no me quedó lo fino que yo quisiera, la distancia de enfoque no acababa de ser exacta, sobre todo cuando enfocabas con 200mm a cuando volvías a 28, o sea, EXACTAMENTE IGUAL que me pasaba con el blanquito de Nikon.
En las primeras pruebas para tratar de clavar ambas medidas me di cuenta de que ahí podía estar la solución para el “blanquito de Nikon” y rápidamente aparqué el Sigma y me puse con el Nikon.
Aunque bien es cierto que la tarea es tediosa, en poco rato conseguí un ajuste casi perfecto en el Nikon. ¿Cómo lo hice? Puse una plantilla de enfoque a una distancia de 3 metros y la enfoqué lo más preciso que pude con la ayuda del live view y dándole al zoom al máximo, luego comencé a ir repasando las focales de extremo a extremo viendo cómo se iban o enfocando o desenfocando. Luego, una vez desenfocadas buscaba la manera de corregirlas que no era otra cosa que acercar o alejar la lente frontal o la distancia entre el objetivo y el cuerpo de la máquina. Esta segunda operación no era tan complicada, con aflojar un poco los cuatro tornillos que sujetan la brida al cuerpo del objetivo era suficiente.
Bueno pues unas horas después ya lo tenía completamente ajustado. Aprovecho para resaltar la diferencia entre un objetivo de focal fija y un zoom. En un objetivo de focal fija apenas si UNA lente o pequeño grupo de lentes (todos unidos en un barrilete) son los que se mueven para el enfoque, mientras que en un zoom hay varios grupos de lentes que se acercan y alejan entre ellos y claro, siempre hay tolerancias de juego entre los materiales, por muy precisos que estos sean esas tolerancias, cuando “se está cogiendo con papel de fumar” se puede apreciar. Cuando hablamos de este tipo de objetivos tan grandes las tolerancias son siempre mayores.
El aparato ha quedado que, aunque al mover el zoom el foco no esté todo lo perfecto que pudiera estarlo, para corregirlo, se puede pulsar el botón de enfoque, que apenas trabajará nada porque el ajuste es ínfimo. Claro está también que, para el motor de enfoque (“talón de Aquiles” de este modelo) le vendrá muy bien porque apenas si trabajará, ya no es aquello de tener que corregir el foco moviendo la masa de lentes que tiene en su interior.
LO BUENO Y LO MALO DE ESTA AVENTURA. Lo bueno es que por un precio razonable puedo permitirme el lujo de tener un buen objetivo, algo primordial en este campo. Con la operación de armar o mejor dicho desmontar gran parte del objetivo he tenido la posibilidad de (aunque estaban en muy buen estado) limpiar gran variedad de lentes, supongo que por los años tendrían hongos, micropolvo y algo de polvo visible, cosa que no es de extrañar, en definitiva que ha quedado un objetivo próximo a como si fuera nuevo.
Por el contrario tengo que anotar que empleé en la operación multitud de horas de paciencia y quebraderos de cabeza, algo que debería estar ya habituado a ello.
El resultado en este caso ha tenido un final feliz, ahora cada vez que tomo en las manos el equipo Nikon siento una gran confianza porque de antemano ya conozco los resultados, y aunque sea inconscientemente y por una micronésima de segundo, pasa por mi memoria la historia aquí reflejada en parte hasta llegar a este punto, ahora ya solo me queda disfrutarlo, aún más de lo que ya venía haciéndolo con aquella tara que yo mismo provoqué.
¿Dónde ESTUVO EL ERROR del desenfoque? ¿ESTABA ROTO O LO ROMPISTE TU? Pues realmente he tenido que hacer bastante memoria para llegar a saber qué pudo pasar.
Cómo el problema era que el anillo del zoom se atascaba fui mecanizando, o sea, limando parte del material que molestaba para obtener un giro suave, esto debió hacer que la brida de sujeción y consiguientemente el objetivo en sí, quedara unas milésimas más alejada del sensor.
En todos los objetivos entre esa brida y el cuerpo del objetivo se “calzan” con unos anillos de latón, de un espesor mínimo, algunos del espesor de un folio; igual pasa con la lente primera, allí suele haber también unos anillos que hacen la función de separar o acercar esa primera lente al grupo cercano. En la fotografía se ven este tipo de anillos.
Yo, lejos de pensar en ello (porque no le di la importancia que merece) me limité a montar todo exactamente igual que me lo encontré pero me sorprendió el resultado y a la vez me despistó y ya comencé a dudar si este diseño sería así, cosa que, como dije arriba, me extrañaba muchísimo. Por este motivo, me costó tanto dar con la solución, me lie a buscar el problema por cualquier parte menos donde realmente radicaba.
Cierto es que también, en los distintos montajes y desmontajes traté de separar y acercar el objetivo al sensor pero no di nunca con el punto exacto porque ese punto es critiquísimo como he podido comprobar. Podría decir también que la suerte no me acompañó.
Después de esta larga epístola te estarás preguntando si para hacer fotografías se necesita padecer tanto, si realmente es tan necesario un objetivo de semejantes prestaciones y tal y tal… bueno, la respuesta no la sé, pero ¿por qué te vas a conformar con langostinos si puedes tener gambas?
En un concurso, en una competición, solo UNO es el elegido, los demás sobran. Lo elegido lo disfrutarás porque ya no tendrás motivo para echar la culpa de tus errores al equipo y porque sabes de antemano que, técnicamente, será difícil superar el resultado, me refiero ¡claro está! a con otros equipos semejantes.
Como dije en alguna ocasión anterior: “Bienaventurados aquellos que solo tienen una cámara y un solo objetivo, porque ellos conseguirán grandes fotografías”
Una cosa tengo clara, que, a partir de ahora cuando tome el equipo Nikon en mis manos tendré, más que antes, la sensación de aquel amigo que nunca te defraudará, que responderá siempre acorde a tus expectativas porque en él has depositado toda tu confianza, porque lo conoces, lo conoces por fuera y también por dentro, porque te costó lo suyo adiestrarle para que responda como tu quieres, como tu esperas que lo haga.
Ni qué decir tiene que en este tipo de operaciones hay o puede haber, momentos de incertidumbre y hasta de impotencia por no saber o no poder ejecutar una maniobra como en este caso que, recuerdo que estando ya finalizando el último montaje no había manera de poner la brida final y es que, ¡claro!, tiene truco, a diferencia de cualquier otro objetivo que haya pasado por mis manos hay que conocer este modelo para saber que, sin ver el orificio por donde tiene que pasar la bayoneta, tienes que saber que va justamente allí, desplazando previamente una pieza que está entorpeciendo el paso de esa bayoneta. Gracias a que hay UN VIDEO (solamente UNO) en la web que habla de ello, eso sí, en inglés o alemán.
Tengo la satisfacción de haber resuelto el problema y por ello, cada vez que tome ese objetivo, aún sin pensar en ello, sentiré el placer de haber ganado una batalla, una larga batalla que me ha durado casi dos años y por tanto, el sabor de verme vencedor me aportará ese grado de estima y confianza en el aparato que de ahora en adelante me hará deleitarme cada vez que mueva el anillo del enfoque, y por supuesto el del zoom, observando a la vez como el foco en la escena permanece allí donde yo quiero, allí donde debe estar y es que, el hacer fotografías no es solamente mirar por un agujero, encuadrar la escena y pulsar un botón, la fotografía va mucho más allá, es el compendio de todo lo vivido y aprendido a lo largo del tiempo sobre esta técnica que algunos la llaman “arte”, “el arte de fotografiar”, cosa que no dudo, ya que la misma escena se puede representar de multitud formas y maneras, cada cual la puede ver con diferentes perspectivas, por supuesto que también afecta el equipo del que en ese momento dispongas.
A los aparatos se les coge cariño, al menos yo, a lo largo del tiempo les curas de sus enfermedades para que te duren mucho tiempo, a veces mueren y los vuelves a la vida, les ayudas a que hagan bien su trabajo una y otra vez y por todo ello les vas cogiendo cariño, como si fueran una mascota o un familiar lejano. Yo no estoy entre esos de “comprar – usar – tirar”.
No sabes hasta qué punto se puede llegar a amar, si es que se puede decir así, a los aparatos, todos esos chismes que los mantienes, que, independientemente de su edad los conservas con un modo de funcionamiento cuasiperfecto, aparatos, dispositivos o herramientas con los que compartes una barbaridad de aventuras y episodios impresionantes, a veces hasta te llegan a quitar el sueño por la impotencia de no saber o no poder resolver su problema, semejante a como si de un familiar lejano se tratara; no sabes cómo se disfruta con eso, como por ejemplo con una máquina fotográfica, de estas que me echo a las costillas o esos objetivos fotográficos que por necesidad algún día tuvieron que pasar por mi taller antes de salir a la calle.
En el momento de tomar una fotografía todo ello se transforma, ya no es el fotografiar solamente, ya no es el mirar por una abertura, al hacer la fotografía de alguna manera pasa por tu ser todo este tipo de aventuras hasta que llegaste a ese punto, al pulsar el botón de enfoque sabes qué mecanismos se mueven dentro, los sientes como si los estuvieras viendo y realmente disfrutas de esa satisfacción inexplicable de haberlo conseguido, de haber ganado esa batalla a la adversidad, eso sí es disfrutar de la fotografía o al menos es otra manera de disfrutar de la fotografía.
En la disciplina de tomar fotografías debe haber, además de afición, pasión, debes sentir desde el “flap” del obturador hasta el movimiento, forma y tamaño de los objetos mientras te mueves componiendo la escena, es muy importante el experimentar, descubrir y aprender, de no ser así la fotografía pronto te aburrirá y pronto también acabará el equipo acumulando polvo en el armario.
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Agustín y sus cosas. alcorlopantano.com

